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Las elecciones del 7 de mayo van a ser una dura prueba para el laborismo

Las elecciones del 7 de mayo van a ser una dura prueba para el laborismo

Javier Otazu

Londres, 5 may (EFE).- El Gobierno laborista de Keir Starmer aún no ha cumplido dos años en el poder y se enfrenta en los comicios municipales y regionales del jueves próximo a una debacle que los sondeos dan por segura, criticado como está a derecha e izquierda por su tibieza y sus cambios de rumbo.

En esta cita los electores votan por un nuevo parlamento en Escocia y Gales, así como una buena parte (5.000) de los asientos de gobiernos municipales en Inglaterra, algunos de ellos renovados por completo y otros parcialmente. Algunas de las mayores alcaldías, como la de Londres, Manchester o Birmingham, no entran en esta cita electoral.

Los sondeos se presentan catastróficos para el laborismo: ya sea en las votaciones regionales o las municipales, los laboristas aparecen en el mejor de los casos como el tercer partido en la preferencia de los votantes: los nacionalistas escoceses o galeses, los populistas de derechas Reform UK y los izquierdistas del Partido Verde son preferidos por los votantes por encima de los laboristas.

Tres posibles gobiernos encabezados por nacionalistas

Se da por seguro que en Escocia el Partido Nacionalista Escocés (SNP) ganará y quedará muy cerca de la mayoría absoluta, y también podría hacerlo en Gales Plaid Cymru, que aspira de forma realista a formar gobierno en un territorio donde el laborismo ha reinado sin rival durante los 27 años que ha durado la autonomía.

Si así sucede, tres territorios históricos -Escocia, Gales e Irlanda del Norte- tendrían un gobernante nacionalista, en algunos casos independentista, lo que promete tensiones centrífugas con Londres en el futuro inmediato (los escoceses del SNP han prometido que buscarán un nuevo referéndum de autodeterminación desde el primer día).

En un país acostumbrado históricamente al bipartidismo, estas elecciones van a consagrar un escenario de "fragmentación y polarización", en opinión de la politóloga Sarah B. Hobolt, profesora de la London School of Economics (LSE), quien intervenía recientemente en una mesa redonda.

Y esto se repetirá a nivel municipal en Inglaterra, donde el laborismo se arriesga a perder gran parte de los asientos que ocupan. En 2022, fecha de las anteriores elecciones municipales, el Partido Laborista se benefició del tremendo desgaste de los conservadores, entonces encabezados por Boris Johnson y muy desprestigiados por el llamado 'Partygate'.

En opinión de Hobolt, esos escaños laboristas estaban meramente 'prestados' por aquella coyuntura y una gran parte de ellos los perderá, no tanto por razones de mera gestión municipal, sino por la profunda impopularidad del gobierno central encabezado por Keir Starmer.

Además, subraya que 'el criterio de clase' que garantizó al laborismo un amplio apoyo histórico de la clase trabajadora ya casi ha desaparecido, primando en su lugar otros criterios como la edad o la educación que están favoreciendo un trasvase de votos laboristas al Partido Verde.

El incierto futuro de Keir Starmer

Los medios británicos llevan meses vaticinando que Starmer no sobrevivirá a las elecciones por su escaso carisma, sus bandazos en varios temas controvertidos y porque será posiblemente culpado por el alza de precios que ya acarrea la 'crisis de Ormuz'.

Sin embargo, el profesor Tony Travers, también de la LSE, no ve tan probable ese cambio de líder: recuerda que históricamente los líderes laboristas tienen mucho más aguante que los conservadores y que el partido no suele "quemar líderes" con la facilidad que lo hacen sus contrincantes.

Además, no ve ahora mismo a ningún líder laborista bien situado para dar un paso al frente y dirigir un partido que quedaría en horas muy bajas tras una derrota electoral.

En todo caso, el laborismo va a tener que formar alianzas con otros partidos si quiere conservar parte del enorme poder municipal que ahora tiene, y lo más lógico es que recurra al apoyo de los verdes por su izquierda y los liberal-demócratas por su derecha.

La relación con los verdes se antoja la más difícil, pues este partido en constante ascenso tras la llegada del carismático Zack Polanski -judío y antisionista- está construyendo su imagen precisamente por su oposición a Starmer, a quien acusan de aplicar políticas de derechas y de ser muy complaciente con Israel. EFE

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