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Las monjas de los Spurs, el antídoto texano al glamur de los Knicks

Las monjas de los Spurs, el antídoto texano al glamur de los Knicks

San Antonio (EE.UU.), 5 jun (EFE).- Mientras el Madison Square Garden de Nueva York, donde las entradas a pie de pista se venden por más de 70.000 dólares, se prepara para un desfile de estrellas, las ya famosas monjas de los San Antonio Spurs se convirtieron en el antídoto texano al glamur neoyorquino.

Si los Knicks cuentan habitualmente con aficionados especiales como el director de cine Spike Lee o los actores Ben Stiller y Timothée Chalamet, los Spurs cuentan con un grupo de hermanas salesianas que acuden al Frost Bank Center para apoyar a Victor Wembanyama y compañía.

Llevan años apoyando a los Spurs desde el convento de Don Bosco en San Antonio y se volvieron famosas en estos 'playoffs' al acudir al pabellón llevando camisetas de San Antonio encima de sus túnicas.

En la segunda ronda de estos 'playoffs', publicaron en redes una foto en la que se les veía apoyando a los Spurs en la eliminatoria ganada a los Minnesota Timberwolves.

"Las Hermanas Salesianas están animando y rezando por los Spurs", escribieron.

El pasado miércoles, en el primer partido de las Finales, el propio Victor Wembanyama se paró para saludar al grupo de monjas presentes en el Frost Bank Center en los prolegómenos del encuentro.

Lo que inicialmente era un detalle pintoresco ha terminado convirtiéndose en una rutina para los Spurs.

En cada partido, las cámaras de televisión las muestran como una nota de color, aunque para los Spurs también es un recordatorio de que el equipo sigue anclado a sus raíces y su comunidad.

El contraste con la delegación de famosos que viajó a San Antonio para apoyar a los Knicks contribuye a aumentar el espectáculo de estas Finales.

Los Spurs reciben este viernes a los Knicks en el segundo partido de la serie por el anillo, tras perder el primero 95-105.

Entre sus aficionados especiales están las leyendas de los anillos de la era de Gregg Popovich, como el argentino Manu Ginóbili y Tim Duncan. EFE

am/gbf