Las Panas, el proyecto de panaderas mexicanas que enfrenta el duelo del desplazamiento
Ana Báez
Ciudad de México, 2 jul (EFE).- En menos de cuatro años, Las Panas, un colectivo de mujeres panaderas, convirtieron un local en obra negra en un proyecto para combatir la violencia de género. Este refugio, arropado por personas en vulnerabilidad social, será demolido para construir un edificio habitacional en el centro de Ciudad de México, actualmente amenazado por la gentrificación.
El olor a pan recién horneado y las consignas feministas escritas en los murales de esta panadería social son un oasis en medio de la superpoblada alcaldía Cuauhtémoc, donde las inmobiliarias y las grandes cadenas comerciales provocan sin descanso el desplazamiento y el cierre de los negocios del barrio.
Rosalía Trujano, directora del proyecto, relata a EFE cómo, en los últimos cuatro años, la gentrificación ha ido devorando la zona hasta dejarla sin agua, sin economía local y convertida en un enclave de megaproyectos millonarios impulsados con motivo del Mundial de fútbol, como la Calzada Flotante de Tlalpan, ubicada a unos metros de la panadería.
"Nosotras somos un ejemplo de montones. Si estamos atentas a las noticias, pues cuántas personas desalojadas hay en el centro de la ciudad (...) Eso se intensificó con el Mundial, pero no es que vaya a parar cuando termine", lamenta Trujano sobre un fenómeno que se ha agravado durante décadas.
El duelo del desplazamiento
Para la fundadora, cada desplazamiento en la ciudad provocado por la gentrificación implica un duelo. El suyo comenzó hace tres meses, cuando les notificaron que tendrían que desalojar el inmueble en noviembre porque van a "tirar todo" para construir nuevas "zonas habitacionales"
"Es empezar desde abajo", reconoce con la certeza de que tendrán que buscar alternativas "mucho más lejanas", pues, además de que "la renta es muy cara" en el centro, son un proyecto social que, sin el apoyo del Estado, depende de sus propios fondos.
Las Panas Cohesión Cocción no es "una panadería nada más", expone, sino también una asociación civil que, desde 2017, acompaña a mujeres y disidencias que viven algún tipo de violencia mediante talleres de panadería concebidos como un espacio terapéutico y una herramienta para el emprendimiento económico.
"Se trata de que las mujeres se vayan de aquí mucho más fortalecidas y con una herramienta económica, para que trabajen en otras panaderías o hagan prácticas con nosotras", subraya.
La incertidumbre y la resistencia
Es el caso de Alma Palomec, quien durante la pandemia de covid-19 encontró en Las Panas un lugar para reencontrarse consigo misma y una alternativa de trabajo libre de precarización, algo poco común en el sector panadero, donde las jornadas son "larguísimas".
"Me reencontré conmigo y con esa parte del pan como punto de partida", cuenta Palomec, quien actualmente participa en la elaboración del pan que se distribuye en los distintos puntos de venta del proyecto.
Pese a la noticia del desalojo y a la incertidumbre que este le genera, Palomec no suelta la masa.
La trabaja con cuidado y sin pausa porque sabe que forma parte de un proyecto colectivo donde ha aprendido que ni la violencia ni el trabajo se viven de manera aislada.
Trujano reconoce que las personas que hoy reciben acompañamiento en Las Panas atraviesan el duelo por el desplazamiento de este espacio y admite que su partida dejará un vacío en la comunidad.
Sin embargo, aclara que el proyecto nunca ha pretendido ser "indispensable" y que tras su partida seguramente el barrio se reorganizará y emergerá otro punto de resistencia colectiva.
Mientras tanto, asegura que entre todas preparan una despedida con la gente del barrio para el Día de Muertos, una fecha especial que simbolizará su renacimiento en los márgenes de la ciudad, allí donde la gentrificación no amenaza su existencia.
"Despedirnos con el tema de noviembre es la resignificación de algo que se acaba, pero que empieza en otro lado", concluye. EFE
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