Agencias

Los ataques iraníes a las desalinizadoras exponen el estrés hídrico en el golfo Pérsico

Los ataques iraníes a las desalinizadoras exponen el estrés hídrico en el golfo Pérsico

Rosa Soto

El Cairo, 24 abr (EFE).- Los países del golfo Pérsico reclaman a Irán que asuma el coste de la reconstrucción de los daños causados por sus ataques previos al actual alto el fuego y que en varias ocasiones afectaron a plantas desalinizadoras, unas infraestructuras estratégicas para una región afectada especialmente por el estrés hídrico.

Los ataques de Irán con drones y misiles contra plantas desalinizadoras en Baréin y Kuwait durante marzo y abril transformaron estas instalaciones civiles en objetivos militares críticos, amenazando el suministro de agua de millones de personas y redibujando la importancia de estas instalaciones.

Por ello, la Liga Árabe reclamó este martes a Irán que se responsabilice de la reparación de los destrozos provocados por sus ataques, cuyo coste asciende a millones de dólares, teniendo en cuenta que "las estimaciones del coste de construcción oscilan entre 1.000 y 2.500 dólares por metro cúbico", indica a EFE el investigador senior de Climate and Water Initiative (CWI), Orestes Morfín.

Reinos de agua salada: una dependencia total

Las naciones del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) se han convertido en lo que analistas denominan "reinos de agua salada", sociedades cuya existencia depende casi exclusivamente de la conversión de agua de mar en agua potable y que para 2028 se espera que su producción pase de 29 millones de metros cúbicos diarios a 41 millones, según estimaciones de Morfín.

La región alberga el mercado de desalinización más grande del mundo, con más de 400 plantas que producen el 40 % del agua desalinizada a nivel global, detalla el Center for Strategic and International Studies (CSIS) en un informe.

La dependencia es casi absoluta en varios países: Kuwait obtiene el 90 % de su agua potable de la desalinización; Omán, el 86 %; Arabia Saudí, el 70 %; y Catar llega a depender de esta tecnología para el 99 % de su suministro de agua potable, se especifica en el estudio, que evidencia la importancia de estas instalaciones.

Sin estas plantas, ciudades como Dubái y Doha simplemente dejarían de funcionar en cuestión de días, agrega el medio de investigación independiente The Conversation.

El nexo agua-energía: el "talón de Aquiles" del Golfo

La principal debilidad estratégica radica en que la mayoría de estas instalaciones son plantas de cogeneración, lo que significa que están integradas físicamente con centrales eléctricas.

Un ataque a la infraestructura eléctrica no solo corta el suministro de luz, sino que detiene automáticamente la producción de agua, situación que Kuwait evitó con la aplicación inmediata de un plan de emergencia tras un ataque iraní contra una central eléctrica y desalinizadora a finales de marzo, en el que murió un trabajador indio.

Estas plantas son instalaciones lineales y concentradas principalmente en la costa, lo que las hace blancos fáciles para drones y misiles, remarca la plataforma Think Global Health, que se hace eco de una investigación del International Water Management Institute.

La destrucción de apenas unas pocas plantas críticas podría generar una crisis nacional, lo que podría provocar disturbios civiles y huidas masivas de la población, alertan informes de inteligencia citados por think tanks internacionales.

Impacto humanitario y económico

Asimismo, un corte prolongado en el suministro de agua tendría consecuencias devastadoras para la salud pública, dado que afectaría el funcionamiento de hospitales, escuelas y sistemas de saneamiento, ya que las reservas de agua en la mayoría de los países del Golfo son limitadas.

En el ámbito económico, la amenaza a las desalinizadoras golpea el núcleo del modelo de inversión del Golfo, basado en la estabilidad y la previsibilidad, y genera presión en los gobiernos afectados sin involucrarlos directamente en la guerra, apunta el investigador senior del Gulf International Forum Aziz Alghashian.

Ante este panorama, los estados del Golfo están acelerando medidas de resiliencia, como Arabia Saudí y Emiratos Árabes Unidos, que están invirtiendo en el almacenamiento estratégico en acuíferos o inyectando excedentes de agua desalinizada en el subsuelo para crear reservas que puedan durar hasta 90 días en emergencias.

Igualmente, existe un impulso creciente por adoptar energías renovables, como la solar, para desvincular la producción de agua de los combustibles fósiles y las redes eléctricas centralizadas, buscando así una mayor seguridad nacional frente a futuros sabotajes. EFE

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