Luis Miguel Pascual
París, 27 may (EFE).- La cara de niño bueno, de educado alumno que trae hechos siempre los deberes, que presenta el georgiano Khvicha Kvaratskhelia contrasta con el carácter volcánico que tiene en el césped, que le han aupado a la posición de elemento determinante del París Saint-Germain en vísperas de su segunda final consecutiva de la Liga de Campeones.
Es en Europa donde el carácter explosivo del jugador, que llegó sin grandes alardes a las riveras del Sena en el invierno de 2025, está cobrando sus más altas cuotas con un signo distintivo: se ha convertido en el primer jugador que ha sido decisivo, bien con goles, bien con asistencias, en todos los duelos a eliminación directa de su equipo esta campaña.
Tras el niño bueno, París ha descubierto un talento que ya había apuntado sus virtudes en Nápoles, donde la apasionada afición de orillas del Vesubio le colocó el apelativo de 'Kvaradona', signo incontestable de la adoración que le tenían.
La comparación con el astro argentino de huella imborrable en Nápoles le hizo vivir como un desgarro su salida al PSG, que pagó 70 millones de euros para colocarle en otra dimensión, una apuesta muy personal de Luis Enrique, que comprendió enseguida que junto a su calidad técnica se hacía con un jugador comprometido y luchador, las señas de identidad que busca para su equipo.
El georgiano ha rendido por encima de las expectativas, hasta el punto de convertirse en una pieza clave del esquema del técnico español, y ha respondido con solvencia a la confianza del técnico.
Georgia no irá al Mundial, lo que lastra sus opciones de aspirar a recompensas individuales, como el Balón de Oro, pero los números le sitúan como el futbolista más decisivo del equipo en el tramo crucial de la campaña.
Decisivo en Europa
Marcó contra el Mónaco en la repesca de la Liga de Campeones y, cuando las cosas se pusieron más serias, su aportación fue creciendo.
Su rendimiento en Europa contrasta en ocasiones con el que ha mostrado en el campeonato doméstico, algo que no ha pasado desapercibido a Luis Enrique, que en el partido de ida de octavos de final contra el Chelsea le relegó al banquillo.
Entró a la hora de juego y fue suficiente para mostrar que su apetito no cabe entre los suplentes: dos tantos y una asistencia que dejaron vista para sentencia una eliminatoria que dejó definitivamente cerrada con otro gol en Londres.
Desde entonces, su presencia en el once de salida no ha generado más debate en Europa y el jugador ha estado sobradamente a la altura.
Fue letal en la ida de cuartos contra el Liverpool con el segundo gol que apuntilló la victoria de su equipo, y también en Anfield, donde asistió a Ousmane Dembélé en el primer tanto.
Su veneno también fue letal contra el Bayern de Múnich en semifinales. Logró el primer tanto de su equipo (1-1) en el diabólico 5-4 del Parque de los Príncipes y también marcó el cuarto de su equipo. En el Allianz volvió a dar a su amigo Dembélé la asistencia del gol que adelantó a su equipo en el minuto siete y que aguó las opciones de remontada de los germanos.
Totaliza diez goles en Europa en otros tantos partidos esta campaña y trece desde que llegó al equipo, lo que le convierte en el tercer máximo anotador del PSG en los partidos a eliminación directa de la Liga de Campeones, solo superado por los 14 goles de Kylian Mbappé y los once de Ousmane Dembélé.
Además, se ha convertido en el primer jugador a marcar diez tantos en una misma edición de la máxima competición europea con el PSG desde el sueco Zlatan Ibrahimovic.
El de Tiflis, convertido también en el capitán y líder de su selección, sabe que brillar con el PSG tiene un enorme valor. Su rostro calmado está listo para explotar una vez más en la final de Budapest contra el Arsenal. EFE
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