Mário Américo, el 'pombo correio' de siete Mundiales que conquistó a Pelé
Carlos Meneses
São Paulo, 12 jun (EFE).- Mário Américo, masajista de la selección brasileña entre 1949 y 1974, es una de las figuras más fascinantes y desconocidas de la historia de la 'Canarinha'. Le llamaban 'pombo correio' (paloma mensajera) porque transmitía discretamente las órdenes del entrenador mientras atendía sobre el césped a Pelé y compañía.
Antes de transformarse en uno de los pilares de la época más dorada de la 'verdeamarela', Américo (Monte Santo de Minas, 1912) fue ayudante de mecánico, batería y boxeador.
De boxeador a masajista
Vivió 77 años y sus manos siempre jugaron un papel fundamental en su vida. Y eso que lo de dar mamporros no se le daba mal. Comenzó a entrenar con Kid Jofre, padre del campeón mundial Éder Jofre, y venció 49 de los 72 combates que disputó, según el Museo del Fútbol, en Sao Paulo (Brasil).
Su vida cambió para siempre a partir de una paliza que recibió en un cuadrilátero de Río de Janeiro. Allí, le atendió el médico del club Madureira, quien le invitó a dejar el boxeo y a acompañar como oyente el curso que impartía en la Escuela Nacional de Educación Física.
Pronto se dio cuenta de que ganaba más como masajista que como atleta. Colgó los guantes y terminó asumiendo el puesto de aquel médico del Madureira.
Siete años después se mudó al Vasco da Gama y en 1949 le llamó la selección brasileña. Primero como auxiliar de Johnson y luego como masajista titular, puesto que no abandonó hasta 1974.
Su familia le describe como un "visionario", un "adelantado a su tiempo". Creaba pomadas analgésicas propias y hacía crujir la espalda de los jugadores con movimientos correspondientes a la quiropraxia sin ni siquiera saber lo que era esa disciplina.
"Coincidí con él y fue una figura maravillosa. Realmente ayudó mucho a Brasil", relata a EFE el exdelantero Manoel Maria, quien jugó al lado de Pelé en el Santos.
Además de tener unas manos milagrosas, Américo también pasó a la historia del fútbol por ser la correa de transmisión de los seleccionadores. Cuando entraba al campo para atender a los jugadores con molestias, aprovechaba para comunicar las últimas decisiones del entrenador.
Incluso en partidos más complicados, los futbolistas recibían instrucciones de fingir lesiones para que Américo entrara durante el encuentro.
El ángel de la guarda de Pelé
En total estuvo presente en siete Copas del Mundo. Desde el Maracanazo de 1950 hasta Alemania 1974, es decir, fue testigo de los mejores años de la Canarinha, de los primeros tres títulos mundiales y de la irrupción de Pelé, en la que también jugó un papel importante.
Un jovencísimo Edson Arantes do Nascimento se lesionó poco antes del Mundial de Suecia 1958. Muchos temían que no llegase a embarcar, pero Américo se comprometió a recuperar a la joya de Três Corações y el seleccionador de esa primera selección brasileña campeona, Vicente Feola, confió y lo incluyó en la lista.
Pelé, entonces con 17 años, acabaría anotando seis goles, dos de ellos en la final contra Suecia.
En Chile 1962, compartió aún más horas con 'O Rei', lesionado desde el segundo partido del torneo. Américo pasó noches enteras poniendo toallas calientes en la pierna del delantero del Santos con el objetivo de que al menos llegara a la final, pero fue imposible.
El vínculo con Pelé se fortalecería más en la aciaga Copa de 1966, recordada por la saña de los rivales para parar al 10. Brasil no pasó de la primera fase y Pelé se marchó ofuscado y dispuesto a retirarse de la selección.
Américo, sin embargo, aseguró en sus memorias que convenció a Pelé para volver a vestir la camiseta de la selección. Otra vez fue primordial y en 1970 Brasil logró su tercera estrella con un equipo de fantasía.
Finalmente, se despediría de la selección tras el Mundial de 1974, después de un cuarto de siglo escuchando el grito de guerra de las estrellas de Brasil para solicitar su presencia: "¡Llama al Tío Mário!". EFE
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