París, 2 jun (EFE).- El checo Jakub Mensik disputará a sus 20 años en Roland Garros su primera semifinal de un Grand Slam, donde le espera el alemán Alexander Zverev, tras derrotar en el duelo de la nueva generación al brasileño Joao Fonseca, 6-4, 6-3 y 7-6(3) en 2 horas y 44 minutos.
Mensik, que hasta esta edición solo había ganado un partido en Roland Garros, se convierte en el checo más joven en alcanzar el penúltimo escalón de un 'grande' y desafía al germano, gran favorito para la victoria final, que ya le derrotó en el pasado torneo de Madrid.
Se señalaba el pecho con el dedo al final del encuentro diciendo 'soy yo' el hombre elegido para encarnar a la nueva generación en un torneo loco y abierto de final más incierto que nunca.
Sólido y eficaz, el número 27 del mundo consiguió domesticar la furia de Fonseca, que se había convertido en una de las sensaciones del torneo, pero que se mostró por momentos demasiado impulsivo, ansioso de sacar a relucir su vistoso golpe de derecha.
Su juego agresivo fue contrarrestado por un sobrio Mensik, que por momentos también dio muestras de un elevado nivel y que no se amedrentó ante una grada que apoyaba al brasileño.
No le valieron esta vez los gritos de 'Joao' que se han convertido en un clásico de este Roland Garros, ni la presencia en la grada de Gustavo Kuerten, el último brasileño que alcanzó las semifinales de París.
Tendrá que esperar Fonseca para sucederle. Tras remontar dos sets en contra al legendario Novak Djokovic, tras imponerse al 'terrícola' noruego Casper Ruud, el de Ipanema chocó contra un rival al que había derrotado en las NextGen, pero que está completando un torneo de kilates.
El brasileño, que aspiraba a convertirse en el quinto de su nacionalidad a acceder a semifinales de un Grand Slam, cedió en un intenso duelo, más igualado que lo que refleja el marcador. Su tenis ofensivo, los gritos con los que anuncian la pólvora, chocaron con la constancia del checo, discreto pero eficiente.
Llegó el brasileño a disponer de una pelota para apuntarse el tercer set, pero Mensik fue tan sólido que no dejó a su rival ni las migas.
Fonseca tampoco quería despedirse del torneo que más repercusión internacional le ha dado. Levantó seis bolas de partido, algunas de ellas inverosímiles, pelotas que tocaban la línea cuando el partido estaba ya al borde del precipicio.
Consiguió el brasileño forzar el juego de desempate, donde la consistencia de Mensik no bajó ni un milímetro. Siempre a remolque, Fonseca acabó por ceder, abandonar a una grada que no paró de aclamarle y que ahora tendrá que resignarse a añorarle. EFE
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