Oreja sin argumentos para Valadez y toros descastados en Aguascalientes, Mexico
Aguascalientes (Mexico), 24 abr (EFE).- La segunda corrida de la Feria de San Marcos, en Aguascalientes, finalizó con una oreja para el mexicano Leo Valadez, mientras su compatriota Diego San Román y el español Marco Pérez no obtuvieron trofeos.
Los toros del hierro de Begoña resultaron descatados y faltos de trapío, en un espectáculo taurino que registró tres cuartos de entrada en la Plaza Monumental de Aguascalientes.
Oreja injustificada para Leo Valadez, obtenida en su segundo de la tarde. Valadez pretendió resolver tres cuartos de faena con el capote.
Largo tercio del cual solo el inicio de medias verónicas mereció el consumo de tiempo.
Tampoco escatimó minutos en el de banderillas.
En frente tuvo un ejemplar justo de trapío y con cierta fijeza al que toreó de rodillas, dejando un bello remate de pie.
Siguió con toreo en paralelo, escondiendo la contraria, lo cual acababa por dar ventaja a la escasa casta del de Begoña.
Con la mano izquierda, el diestro, recetó pico, distancias y ninguna quietud.
Volvió a la diestra ya sin afán de mandar, ofreciendo artificios rumbo al triunfo. Desplantes, circulares inversos, demostraciones yertas de valor y manoletinas de rodillas. Mató al segundo intentó.
Con el abre plaza Valadez lanceó en unos desabridos pasajes con el capote, debido a la falta de trapío y casta del astado.
A pesar de ello Valadez logró ofrecer una buena larga cambiada.
En banderillas, el trote cochinero del animal, restó importancia a los correctos pares del originario de Aguascalientes.
El toro, que apenas había sido picado, embestía con nervio y escasos bríos.
El diestro ofreció una faena sin estructura, en la que alternaban pases en paralelo con recursos como arrucinas para adornar una insulsa faena.
Una estocada trasera y un descabello finalizaron la vida del manso abre plaza.
Diego San Román se quedó cerca del triunfo, pero perdido, de nuevo, por su desacierto entrando a matar.
Ocurrió en el quinto. Un toro sin trapío, pero con fijeza al que con la tela corta el de luces llevó siempre muy ceñido.
Con los pies plantados y en el centro del ruedo, San Román mandó en muy poco terreno al negro buriel.
Si bien lo hizo sin cruzarse, al menos entendió a la perfección la distancia, la altura y el tempo que requería el astado.
No faltaron elementos tribuneros y alardes de valor con una res de escaso peligro por su ausencia de casta y fuerza.
Erró con la espada y se diluyó su seguro triunfo.
Antes, Diego San Román, vestido de obispo y oro, formó conjunto visual con una res al borde de la invalidez, la cual cayó fulminada en un par de banderillas, al dar media carrera y recibir el castigo.
Con esta estampa, San Román, apostó por citar en los mismos pitones y llevar ajustado, a media altura, al animal.
Misma estrategia con la dos manos.
Logró San Román meter en la muleta al manso y aprovechar su escasísimo recorrido.
Pronto su labor tornó al encimismo tremendista habitual en el de luces.
Cada día más difícil de justificar cuando enfrente hay un ganado indigno de un albero.
Murió el animal de una estocada trasera y saludó al tercio el matador. EFE
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