Para los argentinos, el partido ante Inglaterra es mucho más que fútbol
Buenos Aires, Argentina, 14 Jul 2026 (AFP) -
En un cine repleto, los argentinos aplauden, lloran y reviven los goles de Maradona contra Inglaterra en 1986 como si estuvieran en una tribuna. Cuarenta años después, con el reclamo por Malvinas aún presente y una rivalidad que desborda el fútbol, la semifinal del miércoles por el Mundial 2026 traspasa el campo de juego.
La disputa por la soberanía de las islas en el Atlántico Sur que llevó a una guerra entre Argentina y Gran Bretaña en 1982, sumada a aquel mítico partido que dio luz a La mano de Dios y al Gol del siglo, alimenta la feroz rivalidad futbolística entre argentinos e ingleses.
"Estoy demente, sin dormir, no tengo otro tema en la cabeza", cuenta a la AFP Ezequiel Murmis, un docente de 33 años, al salir de la proyección de "El Partido", documental reciente sobre aquel encuentro de cuartos de final de México 1986 que se reestrenó el lunes abarrotando las salas.
La causa Malvinas es omnipresente: está en los libros de texto escolares, murales, tatuajes, en los laterales de los autobuses. Un sinfín de pueblos, barrios y estadios llevan el nombre "Malvinas Argentinas".
"El que no salta es un inglés", suelen cantar los hinchas en las tribunas, brincando sin parar. Y así como "Muchachos" en 2022, el himno no oficial de los argentinos para este Mundial también menciona a las islas cuya soberanía el país reclama: "Por Malvinas, por el Diego, por la última de Leo. Argentina quiero verte bicampeón".
- ¿Solo fútbol? -
Pero 2026 no es 1986.
Entonces la guerra desatada por la dictadura militar argentina (1976-1983) era muy reciente. Veteranos de Malvinas enviaban telegramas a los jugadores albicelestes y parlamentarios pedían que la selección se negara a jugar el partido.
"Desde el sentimiento, Maradona nos vengó de alguna forma allá en 1986", dice a la AFP Ernesto Alonso, excombatiente de la guerra que se desarrolló entre abril y junio de 1982 en la que murieron 649 militares argentinos y 255 británicos.
Pero Alonso, igual que el entrenador argentino Lionel Scaloni, recuerda que el del miércoles es solo un partido de fútbol: "Queremos ganar, pero no le podemos transferir a la selección argentina la responsabilidad que cabe sobre Malvinas", señala.
Andrés Burgo, periodista y autor del libro "El Partido", en el que se basó el documental estrenado en mayo, considera que "aquel partido estuvo contaminado".
El de este miércoles es "simbólicamente menos y deportivamente más" que aquel de 1986 por tratarse de una semifinal, dice a la AFP, aunque advierte que "siempre contra Inglaterra es mucho más que fútbol".
A la salida del cine en Buenos Aires, Tomás Barbeito, un productor de seguros de 33 años que viste una chaqueta de la selección, dice que está "muy ansioso, muy nervioso".
"Es como si quisiéramos vengar algo que no tenemos que vengar", cuenta.
- "Respeto" -
También hay respeto mutuo, asentado en una cultura futbolística común.
El fútbol llegó a Argentina a mediados del siglo XIX de la mano de inmigrantes británicos que fundaron clubes cerca de la estaciones de ferrocarril.
El fervor de los argentinos en el Mundial, con sus cantos, su capacidad para provocar y burlarse del rival, es similar al de los aficionados ingleses, incluso en sus excesos.
Burgo señala que, más allá de la rivalidad, en Argentina "hay un respeto a la cultura inglesa del fútbol porque son hinchadas similares".
"Hay países que no tienen pasión por el fútbol, como Estados Unidos; países que tienen pasión pero no cultura. Inglaterra tiene ambas cosas, la pasión y la cultura, y creo que los aficionados argentinos lo reconocen y lo respetan", explica.
Barbeito se hace eco de este sentimiento.
"Es medio contradictorio", dice. "Pero la realidad es que a mí los ingleses me caen bien, te emociona cómo viven el fútbol".
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