Portugal, 50 años después de la Constitución: "una democracia en fase de deconstrucción"
Laia Mataix Gómez
Lisboa, 24 abr (EFE).- Helena Roseta, arquitecta y política, fue una de las pocas mujeres que participó como diputada en la elaboración de la Constitución de Portugal, que entró en vigor hace 50 años, el 25 de abril de 1976, y, aunque considera que el espíritu democrático sigue vivo en el país ibérico, alerta de que la democracia está en fase de "deconstrucción".
"Hoy siento, por un lado, que no estamos en un momento de construir, sino de deconstruir -construir es muy estimulante, deconstruir no tanto- y, por otro lado, que hay muchas cosas que se esperaba que se hubieran resuelto y vuelven a surgir como grandes problemas, lo que genera desconfianza", opina en una entrevista con EFE en su casa en Lisboa, cerca del Parlamento para el que fue elegida con 28 años en las primeras elecciones democráticas.
La Carta Magna de Portugal fue aprobada el 2 de abril de 1976 y entró en vigor el 25 de ese mes, el mismo día que dos años antes la Revolución de los Claves puso fin a la dictadura salazarista.
Se trata de un texto "que no solo define las reglas del juego político, sino que tiene una influencia directa en la sociedad", defiende Roseta, quien rememora el primer año tras la revolución y lo califica de "fundamental": "Fue el año en el que se produjeron todos los cambios".
Acabó "la dictadura más longeva de Europa", en palabras de Roseta, y cambió el régimen el mismo día que cayó el dictador, finalizó la guerra en las colonias y, como consecuencia, Portugal recibió una gran ola migratoria, y también cambió la posición de Portugal en el mundo, pasó a ser un país "simpático".
Todo esto se tradujo en un cambio en la visión del país que tenían los propios portugueses.
La voluntad democrática que aquellos días se respiraba en Portugal fue la que facilitó los pactos entre los recién surgidos partidos y permitieron alcanzar un consenso para echar a andar la Constitución, hasta el punto de que el 65 % del texto se aprobó por unanimidad, algo que hoy sería impensable, reflexiona la política.
"Hoy las cosas están mucho más polarizadas: los partidos no se hablan entre sí, se insultan, hay un antagonismo latente, a veces incluso violento. En aquel momento también hubo algo de violencia, pero nosotros teníamos mucha conciencia", explica.
Y esa es precisamente la clave para Roseta, la conciencia de que si fallaban, la democracia fallaba: "Aunque tuviéramos muchas discrepancias, no podíamos fallar".
"Hubo un esfuerzo efectivo de trabajo, con gente cualificada, muchos profesionales del derecho y gente muy competente para, a pesar de todo ese lío, elaborar un texto coherente y tan bueno —o tan malo— que resiste el paso del tiempo 50 años después", agrega.
Roseta fue una de las mayores defensoras del derecho a la vivienda y participó activamente en la redacción del artículo 65 del texto constitucional que lo consagró por primera vez en el país, aunque sigue siendo un desafío en la actualidad.
Su primera toma de contacto con el problema de la vivienda fue cuando tenía 19 años y estudiaba segundo de Arquitectura, era 1967 y una inundación "catastrófica" en la región de Lisboa dejó centenares de muertos y casas destruidas.
Entonces, dice, le quedó claro que "tener una vivienda adecuada puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte" y desde aquel momento trabajó por el derecho a la vivienda.
En esta materia, reflexiona, Portugal nunca llegó a contar con un sistema público y, en relación al total de viviendas que hay, solo entre el 2 y el 3 % pertenecen a servicio público, lo que tilda de "insuficiente".
A esto se suma la globalización, que ha creado "una ecuación imposible": la oferta nacional es limitada, pero la demanda global es ilimitada, lo que en Portugal se siente todavía más porque es un país pequeño y los salarios son bajos.
"Aunque contamos con muchos recursos y podríamos haber resuelto esto hace tiempo, era necesario que hubiera esa cooperación y comprensión de las necesidades; menos dinero en otras cosas y más dinero en vivienda", pero para esto, afirma, es necesario "voluntad política".
Sobre las peticiones de una revisión constitucional que busca impulsar el partido de extrema derecha Chega, Roseta dice que sería un "retroceso civilizacional" por las motivaciones políticas que tienen detrás.
Pero sí cree que en el futuro serán necesarios ajustes a la Carta Magna para adaptarse a los nuevos tiempos, por ejemplo en el caso de la "sustentabilidad tecnológica". EFE
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