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Rafael Bonachela, al frente de la Compañía de Danza de Sídney: "El hogar es el camino"

Rafael Bonachela, al frente de la Compañía de Danza de Sídney:

Edurne Morillo

Sídney (Australia), 22 may (EFE).- El coreógrafo catalán Rafael Bonachela llegó a Australia en 2009 sin imaginar que aquel viaje al otro extremo del mundo acabaría redefiniendo su vida y su arte: diecisiete años después, como el primer español al frente de la Compañía de Danza de Sídney, asegura que "el hogar no es un lugar, sino el camino", idea que resume la nueva obra en la que trabaja.

Bonachela prepara 'The Journey Itself is Home' (El viaje en sí mismo es hogar), que se estrenará el 24 de junio, mientras se prepara para cerrar en 2028 una etapa histórica de casi dos décadas al frente de la principal compañía de danza contemporánea de Australia.

Nacido en La Garriga, cerca de Barcelona, en 1972, Bonachela llegó a Sídney después de consolidarse en Londres como bailarín y coreógrafo de la prestigiosa Rambert Dance Company. Lo que encontró en Australia fue una compañía con potencial y una ciudad lejana de los grandes circuitos culturales europeos, pero con hambre de diálogo artístico.

"Yo quería seguir conectado con el mundo", recuerda en una entrevista con EFE desde la sede de la compañía. "Vivimos en Sídney, creamos trabajo aquí, pero somos parte de una conversación global".

Bajo su dirección, la compañía -Sydney Dance Company- amplió su proyección internacional con giras por Europa y Estados Unidos y consolidó una identidad contemporánea basada en la colaboración entre coreógrafos, músicos, diseñadores y artistas visuales.

Una compañía abierta al mundo

Bonachela insiste en que el legado va más allá de las obras estrenadas. Habla con especial orgullo de la transformación de la compañía en un centro de formación y creación, con programas dedicados a bailarines y coreógrafos emergentes australianos.

"Una de las partes más satisfactorias no ha sido solo crear mi propio trabajo, sino apoyar a otros artistas", explica. "Yo no estaría donde estoy sin el apoyo que recibí en Londres o en Europa", añade.

Esa idea de comunidad atraviesa toda su visión artística. En los estudios de Walsh Bay, junto al puerto de Sídney, Bonachela ha impulsado un ecosistema creativo donde conviven generaciones y disciplinas distintas. Para él, colaborar es una forma de mantenerse vivo como artista.

"Cada persona trae una nueva perspectiva, una nueva visión del mundo", dice. "A veces no es fácil, pero te empuja hacia lugares nuevos".

Quizá por eso habla de la danza menos como una disciplina cerrada que como un lenguaje universal. "Todos tenemos un cuerpo. Todos entendemos la danza", afirma.

Con los años, además, reconoce que su mirada artística se ha transformado. Si antes estaba más centrado en la fisicalidad y la exigencia técnica, ahora busca una expresión más emocional y vulnerable en sus coreografías.

"La fuerza no solo viene de la técnica o la virtuosidad, sino también de la vulnerabilidad y la honestidad emocional", reflexiona. "Mi mirada sobre el cuerpo se ha vuelto más emocional y más abierta a la fragilidad".

El viaje en sí mismo es hogar

Su nueva creación nace precisamente de ese momento vital. Inspirada en los haikus y diarios de viaje del poeta japonés Matsuo Bashō y acompañada por una partitura original del compositor Bryce Dessner, 'The Journey Itself is Home' dialoga con la impermanencia y el cambio.

Cuando empezó a concebirla, Bonachela ya sabía en privado que su etapa en la compañía tenía fecha de cierre. "Nadie lo sabía, pero yo sí. Estaba entrando yo mismo en un proceso de transición", cuenta.

La compañía que dirige desde 2009 es hoy una referencia internacional reconocida por su ambición artística y por el nivel físico de sus bailarines.

Bajo su dirección, la Sydney Dance Company se ha consolidado como un potente centro de formación con iniciativas como el programa Pre-Professional Year, dirigido a jóvenes de entre 18 y 24 años.

Sin embargo, Bonachela habla poco de éxitos personales. Prefiere insistir en la "ecología de la danza", en el impacto colectivo y en los artistas que han pasado por sus estudios para después desarrollar carreras propias dentro y fuera de Australia.

Cuando se le pregunta cómo le gustaría ser recordado, no menciona una coreografía concreta.

"Me gustaría que recordaran una etapa donde asumimos riesgos, donde nos abrimos a la colaboración y apoyamos a artistas y creadores", responde.

Por ahora no sabe cuál será su siguiente destino cuando abandone oficialmente el cargo en 2028. Pero parece cómodo ante la incertidumbre. "No sé lo que va a pasar", admite entre risas. "Pero eso es también lo bonito del viaje", concluye. EFE

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