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Roca Rey y Manzanares triunfan en Alicante, pero Morante lleva el toreo a otra dimensión

Roca Rey y Manzanares triunfan en Alicante, pero Morante lleva el toreo a otra dimensión

Andrés Verdeguer Taléns

Alicante, 20 jun (EFE).- Roca Rey y José María Manzanares han salido por la puerta grande de la plaza de toros de Alicante en tarde de gran expectación y lleno en los tendidos. Morante de la Puebla, sin triunfo numérico, consiguió llevar el toreo a otra dimensión frente a una desigual y terciada corrida de Álvaro Núñez.

La corrida estrella de la Feria de Hogueras no empezó hasta que salió el segundo de la tarde. La expectación, por las nubes, ya retrasó el paseíllo a cuando pasaban cinco minutos de las siete. Los alrededores estaban colapsados desde una hora antes y aparcar era una quimera. Además, Morante de la Puebla, uno de los culpables del llenazo de no hay billetes, prefirió no atender las complejidades de Campanito.

Este fue el toro de Álvaro Núñez que tuvo el deshonor de romper plaza cuando Morante decidió correr un tupido velo al ver que sus aires despitados y de cara alta implicaban un esfuerzo extra. No le gustó el toro y así ordenó darle dos puyazos fuertes, luego macheteó y lo mató como pudo. La pitos, merecidos para Morante, dieron paso ya a la corrida de toros en sí, donde empezaron a suceder cosas.

Lo primero fue el recibo capotero de José María Manzanares al segundo de la tarde, a pie firme, sólo con el mero juego de brazos para hacer la verónica, aguantando incluso alguna colada por el pitón izquierdo. Los olés de la plaza sonaron fuertes y tras las revolera tan manzanarista, estalló la primera gran ovación.

Anovillado estaba el tal Berlanguino, acapachado, las puntas por delante y un cuello escaso, pero su casta fue exigente. Hubo dos capotazos de Trujillo que enseñaron la clase del ejemplar de Álvaro Núñez y Diego Vicente se ajustó en banderillas.

El alicantino Manzanares soportó la faena por la mano diestra tras un inicio torero y mandón por abajo. Fue a más el trasteo y la confianza. La primera serie fue esforzada, la segunda ya más empapada y la tercera ya toreada con más verdad, con muletazos en redondo ligados, con principio y final, sintiendo el viaje y reduciendo la casta.

El intento al natural tuvo pausa y aguante y otra vez volvió a avisar el toro por dentro. Al final coronó la faena una serie ligadísima en redondo antes de una gran estocada. Murió bravo Berlangiano y Manzanares recibió el premio de la oreja.

Siguieron pasando cosas luego con Roca Rey, el otro gran culpable del llenazo. Fue el peruano Roca frente al guapo Asturiano (colorado, ojo de perdiz) y un vendaval que dio más mérito al quite por saltilleras y brionesa de remate y luego al clásico inicio con pases cambiados, impávido el torero, con tremendo aguante pese al flamear de la muleta.

Si bien a la faena de muleta de Roca Rey le faltó limpieza por el viento molesto y por la casta de este Núñez, sí tuvo tensión y conexión constantes. El tendido hervía. Sobre todo al sol. Una indisposición en las andanadas provocó un tiempo muerto mediada la faena, del que se regresó con un molinete de rodillas que fue como un estallido. Entregado Roca a la solanera, cautivó al público. Mandón y exigente. La emoción del toreo a trallazos entre la casta, el viento y una estocada letal dieron paso a dos excesivas orejas.

Morante de la Puebla del Río dejó todo para el cuarto frente a otro Asturiano, éste negro, zancudo y bien puesto de pitones. Y el torero cigarrero se encargó de llevar la tarde a otra dimensión. Singularísimo el saludo de capa por faroles luminosos y mediterráneos, tan de Luis Francisco Esplá, hilo conductor de esta feria de Hogueras por su 50 aniversario de alternativa. Caricias por chicuelinas, muy pegado a tablas, y un manojo de sutiles y airosas verónicas hasta llegar casi a los medios.

El toreo alcanzó con Morante una dimensión elevada, la del patetismo. Hizo pasar miedo por su ajuste, por lo despacio que dibujó los derechazos, por su colocación y encaje natural. La figura hundida sobre los riñones y las zapatillas llenas de plomo frente a los pitones.

Una distancia en la que sólo cabe el mejor toreo posible. Dormida la embestida en sus vuelos, el metón hundido, la mirada recreada viendo pasar aquello, con desprecio o exceso de confiaza.

La sensación de entrega absoluta al natural, vertical, suave el toque y el pulso pese a la incertidumbre de un toro que se antojaba que no embestía con tanta verdad como lo toreaba José Antonio Morante.

La estocada, magistral. El premio de la oreja era lo de menos. La sensación era de que el toreo quedaba en otra dimensión con Morante. La tarde en apenas tres toros ya tenía su historia.

Manzanares con el quinto estuvo paciente intentando gestionar su clase y falta de poder en una faena larga, sin acabar de concretar hasta el aviso y cambió estocada por la orejita que abría la puerta grande.

Roca Rey mejoró su versión con el manso y corretón sexto. Traía estupendo son el toro, por hechuras en el aire acapachado de los dos primeros. El peruano lo sometió por abajo, pese al viento que no dejó de molestar en el ruedo e hizo la tarde más agradable en los tendidos.

Muy enroscado y vertical Roca. Poderoso. Un cambio de mano hizó crujir la embestida por la mano zurda y tras apoderarse por naturales, Tortolito cantó la gallina buscando tablas. Al tiempo que otro espectador sufría un desvanecimiento en el tendido, Roca Rey acabó paseando otra nueva y meritoria oreja.

FICHA DEL FESTEJO:

Seis toros de Álvaro Núñez terciados y desiguales de comportamiento. Destacaron segundo y tercero, ovacionados al arrastre.

Morante de la Puebla, de catafalco y cristal: estocada que hizo guardia, dos pinchazos y estocada caída (pitos); estocada (oreja).

José María Manzanares, tabaco y oro viejo: gran estocada (oreja); estocada tras aviso (oreja).

Roca Rey, burdeos y oro: estocada (dos orejas); estocada desprendida (oreja).

Segunda de abono de la Feria de Hogueras de Alicante. Aforo: lleno de no de hay billetes (más de 11.000 espectadores).

avt/amd

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