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Roland Garros, 'Forza Italia'

Roland Garros, 'Forza Italia'

Luis Miguel Pascual

París, 2 jun (EFE).- Al inicio de Roland Garros, en ausencia por lesión del español Carlos Alcaraz, defensor del título, los pronósticos apuntaban en una única dirección: Jannik Sinner se convertiría en el primer italiano en levantar el trofeo medio siglo después de que lo hiciera Adriano Panatta.

Eliminado el número 1 del mundo, Italia no ha dejado de presumir de la exultante salud de la que goza su tenis. Un año después de haber colocado a dos tenistas en semifinales masculinas (Sinner y Lorenzo Musetti) y una en las femeninas (Jasmine Paolini), tres de sus representantes accedieron a cuartos de final: Matteo Berrettini, Flavio Cobolli y Matteo Arnaldi.

Y lo más sorprendente es que no repitan nombres, lo que pone de manifiesto la abundancia de talento que produce el tenis italiano en este momento, el fruto de una política de formación que en los últimos años ha servido como ejemplo.

Una apuesta por la raqueta que nace de la falta de éxito de la selección de fútbol, que ha perdido tirón entre el público, lo que ha dejado una vía libre al tenis.

La clave reside, según varios analistas, en organizar muchos torneos para jóvenes promesas, lo que permite a los tenistas italianos ir acumulando una experiencia de competición que los de otras nacionalidades tardan más en alcanzar.

Además, eso les permite identificar mejor el talento, que Italia no duda en educar en academias privadas descentralizadas por todo el país, lo que se ha revelado como un factor importante de su desarrollo.

El fruto de esa estrategia es que Italia cuenta con una decena de jugadores en el top cien, tres de ellos entre los ocho mejores de Roland Garros.

La presencia entre ellos de Cobolli es la menos sorprendente, sobre todo en un año en el que los capos del circuito han ido cayendo. Décimo favorito, el florentino de 24 años es el jugador que más solidez ha mostrado en lo que va de torneo.

Hasta su duelo de octavos de final contra el estadounidense Zachary Svajda no había dejado escapar un set y su golpe de derecha había comenzado a atraer la atención del público.

Finalista en Múnich y cuartofinalista en Madrid, Cobolli tiene como asignatura pendiente elevar el nivel contra tenistas mejor clasificados que él.

Una labor que tendrá que afrontar contra el canadiense Felix Auger-Aliassime, quinta raqueta del mundo, si quiere garantizar una semifinal cien por cien italiana.

De potente derecha sabe mucho Berrettini, pero el romano llevaba años sin sacarla a relucir por un encadenamiento de lesiones que le hicieron desaparecer de los puestos altos. Un periodo en el que ha pasado de ser la gran esperanza del tenis italiano a ver como sus compatriotas proliferan en los partidos importantes de los torneos.

A sus 30 años, su retorno a unos cuartos de final, cuatro años después de haberlos ya disputado en París, viene acompañado de una renovada consistencia que le ha llevado a aferrarse a partidos complicados, como el que sacó adelante frente al argentino Francisco Comesaña que tuvo dos pelotas de partido en tercera ronda.

Su experiencia, la de un finalista de Wimbledon, semifinalista de Australia y Estados Unidos, puede ser esencial ante Arnaldi, de 25 años, que nunca antes en su carrera había pisado los cuartos de final de un 'grande', pero que desde abril ha visto como su trayectoria cobraba una velocidad endiablada.

La forma en la que superó en octavos al estadounidense Frances Tiafoe, en un duelo a cinco sets plagado de resistencia, muestra bien a un tenista que si hasta abril no había encadenado dos victorias, desde entonces se ha aferrado a los triunfos.

Ninguno de sus partidos en París ha sido fácil, pero en todos ha mostrado su capacidad de mantenerse a toda costa en el partido. El griego Stefanos Tsitsipas y el belga Raphael Collignon lo comprobaron antes que Tiafoe y ya a nadie le sorprende que se haya sumado a la fiesta italiana. EFE

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