Luis Miguel Pascual
París, 9 abr (EFE).- En pie ante un pupitre, tomando notas en una pequeña hoja de papel, con el espíritu despierto y combativo, el expresidente francés Nicolas Sarkozy compareció durante tres días ante el tribunal de Apelación de París que le juzga por la financiación con fodos libios de Muamar Gadafi de la campaña que le condujo al Elíseo en 2007, delito por el que en primera instancia fue condenado a cinco años de cárcel.
A lo largo de las horas, ocho en cada una de las jornadas, mostró una sorprendente fortaleza física pese a sus 71 años y fue desgranando los argumentos en los que pretende asentar su estrategia de defensa, aunque ello implique dejar en el camino a algunos de sus principales colaboradores.
Todavía tendrá que regresar el próximo martes al vetusto palacio de Justicia de París para responder, esta vez a sus propios abogados, en un proceso que comenzó el pasado 16 de marzo, programado hasta principios de junio y cuya sentencia está prevista en noviembre.
Entonces conocerá su suerte judicial en un proceso que le condujo a pasar entre octubre y noviembre del año pasado tres semanas entre rejas, una experiencia que no había conocido ninguno de sus antecesores en el Elíseo y que puede convertirse en la tercera condena contra él, tras las dictadas por tráfico de influencias y corrupción y por la financiación ilícita de su campaña de 2012, saldadas ambas con penas más bajas susceptibles de cumplirse en arresto domiciliario.
Sarkozy ha prometido luchar "hasta su último aliento" para no añadir una tercera condena, un espíritu de combate que ha desgranado en los tres días de interrogatorio en los que ha batallado para demostrar la ausencia de pruebas contra él, argumentos que en primera instancia no impidieron que el tribunal le condenara en septiembre pasado.
Los jueces consideraron que había pruebas contundentes de que él y sus colaboradores establecieron un "pacto de corrupción" con Gadafi para inyectar fondos en su campaña a cambio de que, una vez en el Elíseo, contribuyera a mejorar la suerte internacional de Libia e intercediera por la situación judicial de algunos de sus dignatarios.
Ataque a sus antiguos colaboradores
En su nueva cita con los jueces, Sarkozy parece decidido a soltar algo de lastre y en su interrogatorio ha concedido que dos de sus más cercanos colaboradores, Claude Guéant y Brice Hortefeux, pudieron cometer la imprudencia de reunirse con altos dignatarios del régimen libio.
Sobre todo el primero de ellos, que a sus 81 años ha sido dispensado de acudir al juicio y cuya condena a seis años de cárcel parece inevitable que sea confirmada, porque los instructores lograron probar que recibió 500.000 euros procedentes de Trípoli.
Sarkozy aseguró que Guéant, que durante años fue su brazo derecho, su jefe de gabinete en diferentes ministerios y su hombre en la sombra en el Elíseo antes de convertirse en su ministro del Interior, cometió "un error grave" al reunirse con el yerno de Gadafi, Abdallah Senoussi, pero también por haber mantenido contactos estrechos con el intermediario Ziad Takieddine.
El expresidente se mostró incluso duro con su antiguo colaborador, del que dijo desconocer el tren de vida que llevaba a sus espaldas: "El Guéant que yo conocí no es el que vi después en la causa".
También fue muy severo con Takieddine, fallecido en Beirut en septiembre pasado, dos días antes de la condena a Sarkozy en primera instancia, y cuyo nombre fue el más pronunciado por el expresidente.
Negociante franco-libanés, con buenos contactos en ambas orillas del Mediterráneo y también en la península arábiga, fue su testimonio el que posibilitó que se abriera la investigación, que posteriormente fue nutriéndose de otros elementos, como documentos incautados a antiguos dignatarios del régimen de Gadafi.
Sarkozy describió a Takieddine como "un mentiroso" que cambió su versión en numerosas ocasiones, un, manipulador que actuaba por cuenta de Senoussi, que perseguía librarse de la condena a cadena perpetua pronunciada en Francia por el atentado contra un avión de la aerolínea UTA que en 1989 costó la vida a 170 personas, 54 de ellos franceses.
El yerno de Gadafi, hombre fuerte del régimen y responsable de los servicios secretos libios, consiguió reunirse en octubre de 2006 con Guéant y Hortefeux, amigo personal de Sarkozy, que era su adjunto en el Ministerio del Interior en aquellos años.
Aquellos encuentros fundamentaron la condena en primera instancia y fueron los puntos esenciales de los tres días de interrogatorio, en los que Sarkozy aseguró desconocer que habían tenido lugar y desaprobarlos. EFE
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