Sídney redescubre bajo sus aguas el valle aborigen que precedió a su icónica bahía
Edurne Morillo
Sídney (Australia), 17 abr (EFE).- La silueta de la Ópera de Sídney y el puente de la bahía, una de las postales más reconocibles de Australia y del mundo, fue hace miles de años un valle fluvial habitado por pueblos aborígenes, cuya memoria, hoy oculta bajo el agua y el asfalto, empieza a ser recuperada por iniciativas indígenas.
A bordo de una embarcación que surca hoy esas mismas aguas, visitantes locales y extranjeros redescubren un paisaje que existió mucho antes del acero y el hormigón.
Las rutas culturales impulsadas por la organización indígena Tribal Warrior invitan a "ver a través" de la ciudad moderna y reconstruir, con relatos y evidencias, el territorio ancestral de los pueblos Eora, nombre que designa a los clanes aborígenes originarios de la región costera de Sídney y que significa, de forma aproximada, "gente" o "de este lugar".
Donde ahora se levanta la icónica bahía de Sídney, hace miles de años se extendía un valle fluvial rodeado de paredes de arenisca, rico en recursos naturales y atravesado por rutas de intercambio y conocimiento.
La subida del nivel del mar, al final de la última glaciación, inundó ese valle, transformándolo en el puerto actual, sin borrar la memoria cultural de sus habitantes originarios.
"Es importante conocer la tierra que visitas y la historia que hay detrás, tanto lo bueno como lo malo", explica a EFE Brock, guía cultural de Tribal Warrior, quien conduce recorridos por el puerto mostrando enclaves precoloniales y paradas en islas como Clark o Goat.
"No se trata de ignorar lo ocurrido, sino de reconocerlo, aprender y respetarlo", añade.
Durante las travesías, Brock relata cómo los pueblos aborígenes utilizaban el territorio de manera sostenible, desde la pesca y la recolección de mariscos hasta la gestión del paisaje mediante prácticas como la quema controlada, en equilibrio con el entorno y sus ciclos naturales.
Los vestigios de ese pasado aún son visibles en los "middens", acumulaciones de conchas que funcionan como archivos biológicos, y en grabados rupestres que, más que arte, eran mapas y sistemas de conocimiento transmitidos durante miles de años.
Un proyecto para la comunidad
La iniciativa no solo busca divulgar la historia, sino también generar impacto en las comunidades indígenas actuales.
"El dinero de los billetes vuelve directamente a la comunidad", señala Brock, quien subraya que su trabajo trasciende lo laboral. "Aunque recibo un sueldo, lo que hago ayuda a mi gente. Es algo que me apasiona".
Los recorridos atraen a un público diverso, desde australianos aborígenes que buscan reconectar con su cultura hasta turistas internacionales y grupos escolares. "Tenemos personas de todos los orígenes", explica el guía.
Más allá del relato histórico, la organización también desarrolla programas sociales orientados a fortalecer a la comunidad, como iniciativas para evitar la reincidencia delictiva y cursos de formación y apoyo familiar.
Para participantes como Baba Moses, originario de Nigeria y residente en Estados Unidos, la experiencia trasciende lo local y conecta con procesos globales.
"Vine para entender lo que han vivido los pueblos indígenas, porque parece que la historia se repite", comenta. "En Estados Unidos, en África y en otros lugares, las comunidades nativas han pasado por la colonización, pero siguen siendo capaces de mantenerse y ser vibrantes".
Su testimonio refleja una de las claves de estos recorridos: la posibilidad de establecer paralelismos entre distintas realidades históricas. La narrativa que emerge en el puerto de Sídney no es solo la de Australia, sino la de múltiples pueblos que han enfrentado la pérdida de sus territorios.
Recuerdos destruidos
La recuperación de esta memoria se produce en un contexto donde gran parte de los vestigios físicos del pasado aborigen fueron destruidos o enterrados tras la colonización británica en 1788, aunque los conocimientos y restos que sobreviven permiten reconstruir parte de esa historia.
Hoy, iniciativas como las de Tribal Warrior convierten el puerto, símbolo del desarrollo urbano, en un espacio de reivindicación cultural y memoria viva.
En Australia, la población aborigen y de isleños del Estrecho de Torres representa alrededor del 3,8 % del total nacional, según los últimos datos oficiales, y constituye una de las culturas vivas más antiguas del mundo.
Aunque su participación en la sociedad ha aumentado en ámbitos como la educación, el empleo o la representación política, las comunidades indígenas siguen enfrentando desigualdades significativas en salud, ingresos y acceso a oportunidades.
En las últimas décadas se ha impulsado su protagonismo en sectores como la cultura, el turismo o la gestión del territorio, así como en el reconocimiento de derechos y la preservación de su identidad. EFE
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