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Trump y Xi, un paseo "entre el cielo y la tierra" por el templo preferido de Kissinger

Trump y Xi, un paseo

Irene Morante de la Hera

Pekín, 14 may (EFE).- Los presidentes de China, Xi Jinping, y Estados Unidos, Donald Trump, pasearon este jueves por el Templo del Cielo de Pekín, un enclave histórico que data del siglo XV y simboliza los vínculos entre el cielo y la tierra en la cosmovisión tradicional china.

Trump llegó al lugar, cerrado al público durante dos días, poco después de finalizar su reunión con Xi en el Gran Palacio del Pueblo, y posteriormente lo hizo su anfitrión, que guió al líder estadounidense en un recorrido que no llegó a una hora por los lugares más emblemáticos de un complejo que con 273 hectáreas de extensión es cuatro veces más grande que la Ciudad Prohibida.

La estructura central del Templo, de planta redonda y con un vistoso triple tejado de baldosas azules, es una de las estampas más tradicionales y conocidas de Pekín: fue erigido en 1420, durante la dinastía Ming y en su construcción, toda de madera, no se empleó ni un solo clavo.

"Armonía y abundancia" entre China y EEUU

Pero más allá de su apariencia, el Templo del Cielo encarna fuertes valores simbólicos, ya que los emperadores de las dinastías Ming y Qing acudían allí para ofrecer sacrificios y rezar por las cosechas, algo que medios locales interpretan hoy como un mensaje sobre la unión del "orden cósmico y la autoridad política", pero también sobre la "armonía y la abundancia" que deben regir la relación entre las dos potencias.

"Un gran lugar. Increíble. China es bella", manifestó Trump brevemente a la prensa que le acompaña cuando los reporteros le preguntaron qué tal había ido la reunión previa con Xi.

Fue una de las pocas interacciones del presidente estadounidense con la prensa desde que llegó anoche a Pekín. El republicano se centró en esta ocasión en el paseo con su anfitrión, que le recibió al pie del "Salón de oración por las buenas cosechas" y, tras una foto grupal, le guió en un recorrido por el enclave que no llegó a una hora de duración.

Concluido el paseo, al que se unieron su hijo Eric y su nuera Lara Trump, el mandatario subió a su coche oficial y la caravana partió rumbo al hotel en el que se aloja el mandatario, quien asistirá esta tarde a un banquete de Estado ofrecido en su honor por Xi Jinping en el Gran Palacio del Pueblo.

Entre la expectación y el cripticismo

La fuerte presencia policial y los límites de acceso a la zona hicieron que en los alrededores del monumento no se congregara demasiado público, según constató EFE, aunque algunos viandantes y hasta algún turista lograron llegar a las inmediaciones con la esperanza de vislumbrar a los presidentes o al menos la descomunal caravana en la que se desplaza el estadounidense.

"Sólo quiero ver el despliegue de la caravana de Donald Trump. Porque su visita en esta ocasión tiene un gran significado. Él puede dar un gran impulso a la economía de China", declaró a EFE uno de los presentes, que prefirió no dar su nombre.

Otro, con marcado cripticismo oriental, respondió que "el futuro es impredecible" al ser preguntado sobre la posible mejora de la relación entre los dos líderes, y que "debería haber ciertos resultados" al interrogante sobre los acuerdos que puedan salir de la visita.

Las doce visitas de Kissinger

El líder republicano no es el primer inquilino de la Casa Blanca que visita el Templo del Cielo, por donde pasó el entonces presidente Gerald Ford en 1975, y en 1988 la entonces primera dama, Nancy Reagan, en representación de Ronald Reagan, quien tenía previsto acudir pero se vio "atrapado" en reuniones más largas de lo previsto.

También estuvo en este enclave el expresidente George H.W. Bush, aunque no durante su mandato, sino años antes, cuando ocupaba el cargo de jefe de la oficina de enlace de Estados Unidos en Pekín, de acuerdo al medio estatal The Paper.

Sin embargo, si hay un político estadounidense cuyo nombre está ligado al Templo del Cielo es el del ex secretario de Estado Henry Kissinger, quien según los registros del lugar visitó el lugar al menos en una docena de ocasiones entre 1971 y 2003, y es conocido como un "viejo amigo de China" por su papel para gestar en secreto el deshielo entre Pekín y Washington. EFE

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