Trump recibirá a Rodrigo Paz y otros presidentes latinoamericanos afines este sábado

Según la Casa Blanca, el objetivo de esta cita es abordar la seguridad, la inmigración irregular y el crimen organizado en Latinoamérica, además de contrarrestar la influencia de China en el continente

Publicación: Hace 9 horas
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[Foto: AFP] / El presidente de Estados Unidos, Donald Trump

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, recibirá este sábado en Miami (Florida) a una quincena de presidentes latinoamericanos ideológicamente afines, entre ellos el boliviano Rodrigo Paz, el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele y el chileno José Antonio Kast, en una cumbre destinada a consolidar el liderazgo de Washington en la región.

La cita, concebida para presentar una iniciativa bautizada como el ‘Escudo de las Américas’, tendrá lugar en el Trump National Doral Miami, un resort con campo de golf propiedad del mandatario que, además, acogerá a finales de este año la Cumbre del G20, presidida por Estados Unidos.

El encuentro, que fue convocado antes del inicio de la guerra de Irán, se produce tras la captura en enero de Nicolás Maduro por parte de fuerzas estadounidenses en Venezuela y mientras aumentan las tensiones entre Washington y La Habana por el bloqueo energético impuesto a la isla.

Según la Casa Blanca, el objetivo de esta cita es abordar la seguridad, la inmigración irregular y el crimen organizado en Latinoamérica, además de contrarrestar la influencia de China en el continente.

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Han confirmado su asistencia los líderes de Argentina, Javier Milei; de Bolivia, Rodrigo Paz; de Costa Rica, Rodrigo Chavez; de República Dominicana, Luis Abinader; de Ecuador, Daniel Noboa; de El Salvador, Nayib Bukele; de Guyana, Irfaan Ali; de Honduras, Nasry Asfura; de Panamá, José Raúl Mulino; de Paraguay, Santiago Peña; y de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.

También estará José Antonio Kast, quien el próximo miércoles asumirá como presidente de Chile tras haber ganado la segunda vuelta de las elecciones el pasado diciembre.

Todos ellos son cercanos ideológicamente a Trump o han expresado su respaldo al republicano. En cambio, no fueron invitados los líderes de las dos mayores economías de Latinoamérica, Brasil y México, gobernados por los progresistas Luiz Inácio Lula da Silva y Claudia Sheinbaum, ni tampoco el presidente colombiano, Gustavo Petro.

Es, por tanto, una especie de boicot o foro paralelo a la Cumbre de las Américas, el encuentro de jefes de Estado de la región organizado desde 1994 por la Organización de los Estados Americanos (OEA), cuya primera reunión se celebró precisamente en Miami.

El Gobierno de Trump no ha escondido su deseo de impulsar un viraje a la derecha en los gobiernos de la región y ha intervenido activamente en elecciones recientes como las de Honduras, donde respaldó a Asfura, o las legislativas argentinas, cuando condicionó el apoyo financiero estadounidense a que ganara el partido de Milei.

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La política de intervención decidida en Latinoamérica quedó plasmada sobre el papel en la estrategia de seguridad nacional del segundo mandato de Trump, que apuesta claramente por convertir la región en una esfera de influencia de Washington, en una actualización de la llamada Doctrina Monroe, el principio de política exterior proclamado en 1823 bajo el lema “América para los americanos”.

Una estrategia impulsada por su secretario de Estado, Marco Rubio, un hijo de inmigrantes cubanos que durante su carrera en el Senado siempre apostó por la línea dura con los gobiernos de Venezuela, Cuba y Nicaragua.

Bajo ese pretexto, el republicano impulsó durante semanas una campaña de bombardeos contra supuestas narcolanchas en el Caribe que vinculaba con el Gobierno de Maduro y, finalmente, ordenó el 3 de enero un ataque contra Venezuela que resultó en la captura del líder chavista y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron trasladados a Nueva York, donde afrontan cargos por narcoterrorismo y conspiración.

Tras la caída de Maduro, Washington puso en la mira a Cuba y amenazó con imponer aranceles a cualquier país que le suministre petróleo, lo que ha agravado todavía más la crisis económica, energética y social que vive la isla.

Trump anunció negociaciones con La Habana y sugirió la semana pasada una posible “toma amistosa de Cuba”, pero la atención se desvió hacia Oriente Medio cuando Estados Unidos e Israel iniciaron el pasado sábado una guerra con Irán.La cumbre latinoamericana en el resort de Trump volverá a redireccionar el foco mediático hacia el futuro de Venezuela y de Cuba.

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