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Andreeva, el temperamento siberiano madurado al sol del Mediterráneo

Andreeva, el temperamento siberiano madurado al sol del Mediterráneo

Luis Miguel Pascual

París, 6 jun (EFE).- Los 45 grados bajo cero que llegan a marcar los termómetros en Krasnoiarsk, en la profunda Siberia donde nació el 29 de abril de 2007 Mirra Andreeva, forjaron el carácter explosivo y temperamental de la ganadora más joven de Roland Garros en 34 años.

Un temperamento que le llevó a convertirse desde muy joven en una de las promesas más serias del tenis femenino y que ha sabido madurar al sol del Mediterráneo, en cuyas costas reside desde 2022.

Entonces decidió mudarse con su hermana mayor Erika hasta un club de Cannes, el mismo por el que pasaron, entre otros, su compatriota Daniil Medvedev, una estructura que abandonó en 2024 para instalarse en otro club de Niza donde sigue adscrita actualmente.

Ese mismo año tomó otra decisión que ha marcado su carrera: la de ponerse bajo la batuta de Conchita Martínez, una ex número 2 del mundo, ganadora de Wimbledon y finalista de Roland Garros que ha sabido dar a Andreeva las claves para ir superando etapas.

El resultado es que la jugadora que en 2024 alcanzaba la semifinal de Roland Garros, en la que caía sin brillo frente a la italiana Jasmine Paolini, ha sabido dominar sus nervios y mostrar una sangre fría que le ha llevado a levantar su primer Grand Slam.

Su pasión con la raqueta comenzó pronto, siempre a la sombra de su hermana Erika, dos años mayor. Su madre quedó prendada del tenis siguiendo desde su casa la semifinal que Marat Safin ganó a Roger Federer en el Abierto de Australia de 2005. Enseguida quiso que sus hijas fueran tenistas.

Para ello abandonaron las estepas siberianas para instalarse en la más clemente Sochi, una estación previa antes de su mudanza a las costas del Mediterráneo.

Sobre la mesa, Andreeva tenía dos ofertas: La Academia de Rafael Nadal en Manacor o la de Jean-René Lisnard en Cannes, que fue la primera que visitaron y por la que optaron.

Lisnard no tardó en ver en ella una estrella y le auguró "diez o quince Grand Slam" en su carrera.

El nombre de Andreeva saltó a la palestra en 2023, cuando son solo 16 años se convirtió en la jugadora más joven en superar la fase previa desde Amelie Mauresmo en 1995.

De aquel primer contacto con Roland Garros quedan algunas imágenes que mostraban a una joven impulsiva, como la bola que lanzó en el partido contra Coco Gauff, que estuvo a punto de costarle la descalificación, antes de que fuera eliminada por la estadounidense, otro talento precoz.

Al año siguiente mostró que su eclosión entre las mejores no era flor de un día y alcanzó en Australia los octavos de final y en Roland Garros se convirtió en la más joven tenista que llegaba al penúltimo escalón desde Martina Hingis en 1997.

En el camino derrotó en cuartos a la número 1 del mundo, la bielorrusa Aryna Sabalenka, que aquel año no había perdido ningún partido en Grand Slam. Unos meses más tarde regresó a la tierra batida parisiense para colgarse la plata en los Juegos Olímpicos en el doble femenino junto a su compatriota Diana Schaider.

Fue el único podio de las atletas neutras originarias de Rusia que pudieron participar en los Juegos de París por las sanciones impuestas tras la invasión de Ucrania en 2022.

Andreeva nunca habla de política. Señalada junto a otras compatriotas por las tenistas ucranianas, que les reprochan no denunciar de forma más contundente la política del presidente ruso, Vladimir Putin, la siberiana se escuda siempre en el tenis para evitar los asuntos espinosos.

En 2023 la tenista de Kiev Marta Kostyuk rechazó afrontarla en la final del torneo de Bour-de-Péage, después de que otra jugadora, Dayana Yastremska, le acusara de haber apoyado en redes sociales mensajes de apoyo al líder del Kremlin.

Las aguas parecen haberse calmado y Kostyuk, que le derrotó en la final de Madrid, cayó contra ella en semifinales de Roland Garros, donde acaba de convertirse en la primera rusa en alzare con la victoria desde Maria Sharapova en 2014. Pero lo hizo sin que la bandera, proscrita en el tenis, hondeara en el cielo de París ni el himno de Rusia sonara en la Philippe Chatrier. EFE

lmpg/sab