Luis Miguel Pascual
París, 5 jun (EFE).- Roland Garros conocerá este sábado a la campeona más joven en un lustro o a la primera que levanta el trofeo procedente de la fase previa, al término de una final para la historia en una edición en la que las principales favoritas han ido cayendo y que enfrentará a la número 8 del mundo, la rusa Mirra Andreeva, y la polaca Maja Chwalinska, 114.
Un duelo inédito entre dos tenistas de trayectorias diferentes, precoz la rusa que hace dos años ya había disputado una semifinal y que viene llamando desde entonces a las puertas de las mejores, sosegado el de la polaca, que vive una nueva juventud tras un año alejada de las pistas por una depresión.
Andreeva, entrenada por la española Conchita Martínez, que ya fue finalista en París en 2000, ha sido la más impresionante del torneo y alcanza la final habiendo perdido set, en una trayectoria ascendente que se saldó con dos paseos ante la rumana Sorana Cirstea y ante la ucraniana Marta Kostyuk, que no había perdido ningún partido sobre arcilla.
La rusa ha mostrado una solidez tenística y mental que hace pensar que, como dice su entrenadora, ha ganado en madurez, por lo que parece presentar todas las cartas para lograr su primer grande en una temporada en la que colecciona las victorias.
Lidera la clasificación de triunfos del año, con 35, 21 de ellos sobre tierra batida, donde solo ha caído tres veces, unas estadísticas impresionantes que le conceden la condición de favorita para la final.
Algo de lo que ni ella ni su entrenadora quieren saber para evacuar la presión que pueda tener sobre la jugadora de 19 años, que hasta el momento no parece haber dado los síntomas de ansiedad que pude tener en el pasado.
Un buen momento de forma que deberá pasar la prueba de una tenista diferente, un soplo de aire fresco en el circuito que ha aterrizado en las rondas finales tras haber accedido al cuadro final a través de la fase previa.
Chwalinska está teniendo un recorrido de ensueño en un Grand Slam, siguiendo los pasos de su compatriota y amiga Iga Swiatek, que cuando levantó el primero de sus cuatro Roland Garros era ya la finalista con peor ránking de la historia.
Una marca que ella ha superado y está en disposición de convertirse en la primera ganadora que supera la fase previa en París y la segunda que lo hace en un Grand Slam, tras Emma Raducano en el Abierto de Estados Unidos de 2021.
La polaca presenta un perfil poco habitual en los tiempos actuales de tenis femenino. Zurda, dotada de un brazo menos poderoso que sus rivales, colecciona un abanico de recursos que ha ido desquiciando a jugadoras de gran nivel.
Su capacidad de pelea aporta, además, el factor esencial para desquiciar a tenistas de más ránking, en un torneo al que llegó con la intención de superar la fase previa y entrar en el top-100.
Con la final ya tiene asegurado salir de París entre las 30 mejores y será 21 del mundo si levanta la Copa Suzanne Lenglen.
Un cuento de hadas para una jugadora que llegó a París con solo tres victorias sobre tierra batida y que aspira a convertirse en la segunda zurda que se alza con el torneo, después de que en 1992 lo hiciera Monica Seles. EFE
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