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Barcos encallados y comunidades aisladas ante la drástica bajante del río Negro en Brasil

Barcos encallados y comunidades aisladas ante la drástica bajante del río Negro en Brasil

Novo Airão (Brasil), 31 oct (EFE).- La persistente sequía que azota la Amazonía brasileña continúa reduciendo de forma alarmante el caudal del río Negro, transformando el paisaje fluvial en extensos bancos de arena, dejando grandes embarcaciones encalladas y paralizando las principales vías de transporte y abastecimiento de la región.

En Anavilhanas, uno de los archipiélagos fluviales más grandes del mundo, situado en el río Negro, en el estado de Amazonas, el paisaje ha quedado irreconocible: donde debía correr el agua sosteniendo las quillas de las embarcaciones, hoy se extienden kilómetros de arena salpicados apenas por pequeños espejos de agua.

La drástica bajante en esta región ubicada entre los municipios de Novo Airão y Manaos, la capital del estado, no solo golpea al turismo y frena el traslado de pasajeros, sino que aísla a poblaciones enteras e imposibilita el transporte de mercancías, en un territorio donde los cauces fluviales operan como autopistas naturales.

Como testimonio de esta parálisis, el barco de pasajeros 'Comandante Bob' yace varado sobre la arena seca en plena playa del Camaleón, a la espera de que la crecida del río lo vuelva a buscar.

La escena, insólita por el porte del navío, refleja la gravedad de una crisis hídrica que desafía la experiencia de los propios navegantes locales.

"Había visto embarcaciones menores, pero un barco de madera de este tamaño en esta situación en el río Negro, para mí es una cosa nueva, que no es común que ocurra. Nos sorprendimos todos", relató a EFE Roberto Moreira, barquero de 44 años con más de tres décadas recorriendo estas aguas.

El profesor José Francisco Martins, de la comunidad ribereña de Aracari, en Novo Airão, detalló también que la reducción del río dificulta el suministro de agua potable y deteriora el saneamiento básico de la comunidad.

"El problema es que el abastecimiento de agua en la comunidad proviene de un pozo y, cuando el río baja mucho, el nivel de agua del pozo también baja y eso dificulta", contó el maestro de 48 años.

En Manaos, unos 200 kilómetros río abajo, donde las aguas del río Negro confluyen con las del Solimões para conformar el río Amazonas, la disminución es igualmente crítica.

Registros del Puerto de la capital sitúan el nivel del río en torno a los 16,50 metros, lo que representa un descenso de más de dos metros frente a principios de octubre. En esta misma época del año pasado, el afluente superaba los 19 metros.

Pese a la cercanía del llamado "invierno amazónico", como se le llama en esta región a la temporada de lluvias que generalmente abarca de diciembre a mayo, las perspectivas meteorológicas no invitan al optimismo.

La influencia del fenómeno de El Niño amenaza con mantener temperaturas elevadas y lluvias por debajo de la media histórica en el norte de Brasil, lo que agrava el estiaje.

Hasta octubre las lluvias han resultado insuficientes para frenar el descenso del río Negro, cuya recuperación exige precipitaciones continuas y muy superiores al promedio, especialmente en las cabeceras de las cuencas, según alertan especialistas e instituciones locales.EFE

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