Juan José Lahuerta
Madrid, 28 ago (EFE).- Una lesión deja una silla vacía y nunca se sabe quién seguirá sentado cuando vuelva su dueño. Aurélien Tchouaméni parecía destinado a sostener el centro del campo del Real Madrid, pero Bernardo Silva y Fede Valverde ocuparon su espacio y, después de dos victorias, aquella solución de urgencia empieza a parecer una sociedad con futuro.
El problema venía de lejos. Sin Toni Kroos ni Luka Modric, muchas voces reclamaron un centrocampista capaz de ordenar al equipo desde la base. Rodri Hernández era una de las opciones: podía proteger, gobernar y devolver parte de la creatividad perdida. Pero el Barcelona se lo llevó cuando en el Real Madrid ya estaba Bernardo, una respuesta diferente para añadir pausa e imaginación.
En su 4-2-3-1, Mourinho acercó a Jude Bellingham al área. Sin Tchouaméni, eligió a Bernardo y Valverde contra el Espanyol y la Real Sociedad. Dos partidos, seis puntos y una pareja que ganó algo tan valioso como el tiempo.
Bernardo llegó tras una carrera construida lejos del pivote. En Cornellà ayudó en la salida, pero apareció poco y sufrió en los duelos. Valverde trabajó, aunque perdió a Álex Calatrava en el gol del Espanyol.
El Real Madrid ganó 1-2 sobre la bocina y José Mourinho explicó la idea: "Bernardo tiene capacidad de organización". También admitió el peaje. Con el portugués a su lado, Valverde perdió parte de su proyección ofensiva. Junto a Tchouaméni o Camavinga, añadió, podría alcanzar con más frecuencia la frontal.
"Hoy hemos iniciado con Bernardo y Valverde detrás. Perdemos un poquito de Valverde en la proyección ofensiva. Ha tirado una al palo. Valverde, si juega con Tchouameni o Camavinga, puede llegar más veces a esta posición. Nos vamos conociendo todos y es mejor que nos vayamos conociendo sin perder puntos".
Frente a la Real Sociedad, la respuesta fue mejor. El Real Madrid padeció durante la primera parte, pero después arrolló a su rival. Bernardo firmó cuatro entradas y tres intercepciones y dio continuidad al juego. Valverde corrigió hacia atrás y regaló a Kylian Mbappé la asistencia del primer gol. Mourinho destacó a ambos después del 4-1.
Tres nombres para dos puestos
Tchouaméni, mientras tanto, continúa lesionado. El jueves volvió a trabajar al margen junto a Raúl Asencio, Ferland Mendy, Éder Militão, Rodrygo Goes, Endrick y Thiago Pitarch. No hubo novedades en su recuperación ni señales de un regreso inmediato frente al Málaga. Este viernes, se verá si hay novedades, pero Mourinho ya avisó de que no forzará al francés hasta que no esté al cien por cien.
Cada entrenamiento que pierde y cada partido que Bernardo y Valverde disputan juntos modifica la jerarquía. Antes del estreno, Bernardo parecía el eslabón más vulnerable. Bellingham tenía reservado el puesto por delante y ha cumplido, Arda Güler ocupa la derecha y compite con Yan Diomande, mientras Vinícius gobierna la izquierda. Al portugués sólo le quedaba el doble pivote. Dos encuentros después, su capacidad para organizar le ha convertido en una pieza difícil de retirar.
Valverde tampoco tiene una salida sencilla hacia otra posición. El espacio de la llegada pertenece a Bellingham y las bandas ya tienen dueño. Cuando Tchouaméni esté disponible, Mourinho no podrá desplazar el problema: tendrá tres centrocampistas para dos puestos descartado Camavinga para el once.
La combinación Tchouaméni-Bernardo parece la más equilibrada sobre el papel. El francés protegería y el portugués organizaría. Tchouaméni-Valverde devolvería vuelo al uruguayo y añadiría músculo, aunque restaría pausa. La pareja actual ofrece movilidad, presión y manejo del balón, pero carece de un pivote defensivo natural.
Ni siquiera Tchouaméni regresará con la titularidad garantizada. Puede encontrarse con una pareja asentada y verse obligado a esperar. Valverde, capitán y durante años indiscutible, también quedó expuesto. Bernardo, la duda inicial, aprovechó la ausencia para alterar el orden de las dudas.
Los tres arrastran, además, la cicatriz de la pelea que Valverde y Tchouaméni protagonizaron al final de la pasada temporada. Cerraron el conflicto, pero el fútbol los colocará de nuevo frente a frente, esta vez por un puesto.
Hasta entonces, Bernardo y Valverde aún no habrán ganado la batalla, pero sí algo que puede decidirla: tiempo para conocerse, tiempo para convencer y tiempo para que aquella silla vacía deje de parecerlo. EFE
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