Juan José Lahuerta
Madrid, 21 oct (EFE).- En un fútbol que devora entrenadores, José Bordalás y Mattia Croci-Torti representan dos excepciones a la impaciencia. El primero ha convertido el Getafe en su casa después de casi una década de relación, repartida en dos etapas; el segundo lleva cinco años consecutivos al frente del Lugano, el club al que está unido desde su infancia. Este jueves se encontrarán en el Coliseum, donde dos técnicos que han echado raíces desafiarán la fugacidad de los banquillos.
Bordalás llegó al Getafe en septiembre de 2016, cuando el conjunto azulón navegaba por las posiciones de descenso de Segunda División. Nueve meses después lo devolvió a Primera y, en apenas dos temporadas, lo condujo hasta Europa. Su primera etapa terminó en 2021, cuando aceptó el desafío de entrenar al Valencia, pero regresó en abril de 2023 para rescatar a un equipo amenazado por el descenso.
Desde entonces, su figura ha vuelto a convertirse en uno de los pilares de la entidad presidida por Ángel Torres. Entre ascensos, clasificaciones europeas y permanencias, Bordalás ha conseguido algo poco habitual en el fútbol actual: que el nombre de un entrenador resulte prácticamente inseparable del club al que dirige.
"Estar tantos años en un club en los tiempos que corren no es sencillo, pero afrontamos esa exigencia con compromiso y con ganas de trabajar", reconoció el pasado julio, durante la rueda de prensa en la que se anunció su renovación hasta 2028.
"Estoy en el club en el que me siento identificado", añadió el técnico alicantino, que ha encontrado en Getafe una estabilidad que no disfrutó durante su breve experiencia en Valencia y que le ha permitido construir un equipo reconocible, competitivo y acostumbrado a sobrevivir con recursos limitados.
Del banquillo provisional a cinco años de continuidad
La historia de Croci-Torti tiene un origen diferente, aunque conduce a un destino parecido. El entrenador suizo, nacido en Chiasso en 1982 (44 años), asumió el mando del Lugano en septiembre de 2021 después de la destitución del brasileño Abel Braga, de quien era ayudante. Su nombramiento tenía inicialmente carácter provisional, pero aquella solución de emergencia acabó convirtiéndose en uno de los proyectos más estables del fútbol helvético.
Croci-Torti no era un desconocido para el Lugano. Vistió su camiseta como futbolista durante cinco temporadas, trabajó en su cuerpo técnico y creció en una familia estrechamente vinculada al club suizo. Su madre era seguidora del equipo y el fútbol de la ciudad formaba parte de su vida mucho antes de que llegara la oportunidad de dirigirlo.
Su primera temporada completa terminó con la conquista de la Copa de Suiza de 2022, un título que el Lugano no conseguía desde 1993. Después llegaron nuevas finales coperas, participaciones europeas y una consolidación entre los equipos importantes del campeonato suizo. Y en estos momentos, el Lugano marcha líder de la Superliga con seis puntos de ventaja sobre el Young Boys.
Sin embargo, Croci-Torti no ha considerado esos éxitos una invitación para marcharse. En una entrevista concedida a la televisión pública suiza RSI en 2025 reconoció que dejó pasar la posibilidad de entrenar al Young Boys, uno de los grandes clubes del país, y expresó una ambición que explica buena parte de su fidelidad: conquistar la liga con el Lugano.
Esa aspiración refleja su manera de entender la profesión. Mientras otros técnicos utilizan sus éxitos como trampolín hacia destinos de mayor prestigio, Croci-Torti ha preferido continuar desarrollando un proyecto que considera propio.
Dos caminos, una misma identidad
Las diferencias entre los dos entrenadores también se trasladan al terreno de juego. Bordalás ha construido su reputación alrededor de la intensidad, la disciplina defensiva, la presión y la capacidad competitiva de sus equipos. Croci-Torti apuesta por un fútbol más asociativo, con protagonismo del balón y una propuesta ofensiva que ha ido evolucionando durante sus cinco temporadas en el Lugano.
Dos estilos distintos que, sin embargo, comparten una característica: la identificación de sus jugadores con una idea reconocible y la confianza de sus clubes en los entrenadores que la representan.
También comparten un vínculo emocional que trasciende los resultados. Bordalás fue nombrado Hijo Adoptivo de Getafe en mayo de 2026, un reconocimiento a su trayectoria y a su relación con la ciudad. Croci-Torti, por su parte, continúa persiguiendo el sueño de conquistar un campeonato con el equipo que forma parte de su historia familiar.
Este jueves, ambos se enfrentarán en la segunda jornada de la fase de liga de la Conference, con el Getafe necesitado de su primera victoria después de empatar ante el Universitatea Craiova (1-1) y el Lugano que pretende prolongar su buen momento europeo después de ganar 3-2 al Estrella Roja.
Será un duelo entre dos entrenadores que han encontrado en la continuidad una forma de crecer. En una profesión acostumbrada a las despedidas precipitadas, Bordalás y Croci-Torti han demostrado que también se puede construir una carrera permaneciendo en el mismo lugar. EFE
jjl/og