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Cantaor, un extraordinario toro de Victoriano del Río, salva otra tarde de vacío en Madrid

Cantaor, un extraordinario toro de Victoriano del Río, salva otra tarde de vacío en Madrid

Paco Aguado

Madrid, 22 may (EFE).- La profunda y entregada bravura de Cantaor, un extraordinario toro de Victoriano del Río premiado con los honores de la vuelta al ruedo en el arrastre y al que no terminó de cuajar Sebastián Castella, salvó por sí mismo una tarde más de planos resultados en Las Ventas.

Así, plana y lenta, iba transcurriendo la lidia de los tres primeros, ninguno de ellos con las mejores hechuras: uno muy desrazado que abrió plaza y con el que abrevió Castella; un segundo con cierta aspereza defensiva que apenas duró en la ligera muleta de Emilio de Justo; y aún ese tercero sin clase ni entrega a pesar de las pocas exigencias que le planteó Tomás Rufo.

En definitiva, un tedioso espectáculo aun para el entusiasta y festivo público de los viernes isidriles. Pero en cuarto lugar salió el hondo Cantaor para darle un giro casi copernicano a la tarde, descolgando ya con son su apretada cuerna al inconcreto capote del veterano diestro francés y en sus alegres arrancadas al caballo, en la segunda de las cuales perdió las manos justo debajo del peto.

Pareció por un momento que esa brava calidad no iba a ir acompañada de fuerzas, pero el mecido capote de Rafael Viotti le ayudó a recobrar todas esas energías que le iban a servir a Castella para abrirle la faena con tres pases cambiados en los medios y unos cuantos pases recortados que no menguaron el recorrido de esas hondas embestidas.

Con ese inicio efectista logró el torero galo levantar los ánimos al nivel que la gente deseaba y, entre largas pausas y con poco entendibles cambios de terrenos, aun fue sumando hasta cuatro tandas de pases, dos con la izquierda y dos con la derecha, en las que cada vez se fue definiendo de forma más apabullante la importante bravura del ejemplar de Victoriano del Río.

Aun dejando un charco de sangre en cada lugar donde se paraba, a causa de un duro puyazo, Cantaor lo puso casi todo en el encuentro, acudiendo con alegre prontitud, volcando la cara con clase en cada embroque y pidiendo mucho más recorrido y mando sobre sus soberbias embestidas que el que aplicó Castella, limitándose a empalmarle, que no a ligarle, apenas medios muletazos, cuando no aún más cortos, dejando la entrega sólo para el animal.

Pero el hecho es que la emoción y la intensidad que puso el toro en un altísimo porcentaje crearon esa sensación de movimiento continuo que, dejando de lado cualquier matiz de sinceridad muletera, tanto divierte y remueve al desorientado pero agradecido público de los fines de semana, que aplaudía como si estuviera asistiendo a la faena del siglo.

Y tal vez así la hubiera premiado, de no sumar Castella un nuevo error al elegir para entrar a matar la equivocada suerte contraria (dando la salida al toro hacia las tablas), impropia para un animal tan bravo y que aún seguía pidiendo pelea, para lograr así un simple pinchazo hondo que aún necesito el repetido remate de un desacertado descabello.

Se desinfló así el exagerado entusiasmo para con el torero, pero no así con el toro de Victoriano del Río, que dio un juego tan evidentemente extraordinario que esa misma masa festiva no dudó también en pedir mayoritariamente que se le diera una vuelta al ruedo en el arrastre entre una sonora ovación de cabal reconocimiento.

Y desde ahí la corrida volvió a caer en la sima, pues Emilio de Justo no supo sostener la calidad endeble del bajo quinto y Rufo no le puso ninguna sinceridad a la nobleza pastueña y amortiguada del voluminoso sexto, en dos labores grises y pésimamente rematadas con los aceros.

Ficha del festejo

Seis toros de Victoriano del Río, muy desiguales de hechuras, volúmenes y cabezas. Los tres primeros, muy desrazados y medidos de fuerzas, quinto y sexto, aun con escaso fondo, tuvieron más opciones por nobleza y cierta calidad, mientras que el cuarto, Cantaor de nombre, nº 79, negro listón, de 572 kilos, fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre por su bravura, prontitud, entrega y gran clase.

Sebastián Castella, de azul rey y oro: media estocada trasera caída (silencio); pinchazo hondo caído y siete descabellos (vuelta al ruedo tras dos avisos).

Emilio de Justo, de grana y oro: pinchazo y estocada atravesada (ovación tras aviso); tres pinchazos y siete descabellos (silencio tras dos avisos).

Tomás Rufo, de marino y oro: estocada perpendicular caída y atravesada (silencio); dos pinchazos, estocada delantera desprendida y descabello (silencio tras aviso).

Entre las cuadrillas, destacaron José María González y Rubén Sánchez picando a tercero y sexto, y con el destacado cuarto, la brega templada de Rafael Viotti y un par de banderillas de Antonio Chacón, que saludó.

Decimotercer festejo de abono de la feria de San Isidro, con cartel de 'no hay billetes' (23.800 espectadores), en tarde calurosa y con rachas de viento.

EFE

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(foto)