Juan José Lahuerta
Madrid, 2 may (EFE).- Hay carreras que se cuentan en línea recta y otras que, de pronto, se llenan de curvas. La de Dani Carvajal ha sido, durante años, una autopista de éxitos en el carril derecho del Real Madrid. Pero ahora, cuando el calendario aprieta y el destino exige el último esfuerzo, el cuerpo le niega el paso.
Carvajal vive uno de esos momentos ingratos que el fútbol reserva incluso a los más fiables. Nada fluye. La fortuna, tantas veces compañera de viaje, se ha bajado en marcha. El último parte médico habla de una fisura en la falange distal del quinto dedo del pie derecho. Dos semanas, mínimo, fuera de combate. En mayo, eso es casi una eternidad.
El tiempo que se escapa
Porque mayo no es un mes cualquiera. Es el mes de las decisiones. Y Carvajal tenía varias abiertas. La primera, la más inmediata, era convencer a Luis de la Fuente de que aún podía ser útil para el Mundial de Estados Unidos, Canadá y México. Llegaba a la recta final como suplente de Trent Alexander-Arnold, pero con la esperanza de un último arreón: minutos, sensaciones y ese crédito invisible que solo se gana en el campo.
La lesión le corta ese hilo. En el mejor de los casos, regresaría para dos partidos. Quizá en el Sánchez-Pizjuán, quizá en el cierre del Bernabéu ante el Athletic. Antes, seguro, verá desde fuera duelos grandes: Espanyol, Barcelona, Oviedo. Demasiado escaparate perdido para quien necesitaba mostrarse.
Y luego está la otra batalla, la más silenciosa: su continuidad. Termina contrato en junio y no hay señales claras de renovación. El Real Madrid, cuando no hay títulos que celebrar, suele convertir el último partido en ceremonia de adiós. Ya ocurrió con Luka Modric. Todo apunta a que el Bernabéu podría repetir guion.
Sería el cierre de una era notable: trece temporadas, 27 títulos, una colección de noches grandes y una fiabilidad que durante años fue incuestionable. Carvajal fue, en su mejor versión, ese tipo de jugador que no hace ruido pero sostiene estructuras.
La caída desde la cima
Su cima reciente llegó en 2024, campeón de Europa con el Real Madrid y de la Eurocopa con España. Parecía instalado en una segunda juventud. Pero el 5 de octubre de ese mismo año todo se quebró durante un partido ante el Villarreal y en una pugna por un balón con Yeremy Pino: ligamento cruzado anterior, ligamento lateral externo y músculo poplíteo. Una lesión de las que cambian trayectorias.
Desde entonces, la lucha ha sido otra. Volver, insistir, reaparecer. Con Xabi Alonso alternó presencias antes de volver a lesionarse una rodilla y perderse casi dos meses de competición; con Álvaro Arbeloa no encontró continuidad, apenas cuatro titularidades de 23 posibles. Entre decisiones técnicas, el tiempo fue pasando sin que Carvajal lograra recuperar su sitio.
Y así llega a este final de curso, agarrado a lo poco que queda. Porque si algo define a Carvajal no es el brillo, sino la resistencia. No es de los que se rinden por decreto médico ni por decisiones de despacho.
El panorama es crudo: el Mundial se aleja, la renovación se enfría y el Bernabéu asoma como posible escenario de despedida. Pero en el fútbol, como en la vida, hay jugadores que se niegan a aceptar el punto final antes de tiempo.
Mientras haya una mínima opción, Carvajal seguirá tirando de ella. Porque hay quienes entienden el oficio como una negociación constante con el destino. Y porque, en el fondo, nadie que haya competido como él acepta fácilmente decir adiós a todo. EFE
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