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Centroamérica sigue sin lograr su integración 40 años después de los Acuerdos Esquipulas I

Centroamérica sigue sin lograr su integración 40 años después de los Acuerdos Esquipulas I

Germán Reyes

Tegucigalpa, 30 may (EFE).- Centroamérica, muy convulsa en la década de los 80 del siglo pasado con guerras internas en El Salvador, Guatemala y Nicaragua, sigue sin lograr su integración 40 años después de que en mayo de 1986 sus presidentes suscribieron los Acuerdos Esquipulas I, en un nuevo intento de integración regional.

Los firmantes de Esquipulas I -en la primera cumbre centroamericana del 25 y 26 de mayo de 1986 y en plena guerra fría- fueron los entonces presidentes Óscar Arias (Costa Rica), José Napoleón Duarte (El Salvador), Vinicio Cerezo (Guatemala), José Azcona (Honduras) y Daniel Ortega (Nicaragua).

Iniciativa para una paz firme y duradera

En aquella cita, celebrada en la ciudad guatemalteca de Esquipulas, los cinco gobernantes convinieron en "formalizar las reuniones de presidentes" y crear el Parlamento Centroamericano (Parlacen), iniciativa propuesta por Cerezo.

Además, reconocieron que quedaban aspectos por resolver, como el control de armamento; la cooperación con mecanismos institucionales que permitieran fortalecer el diálogo y el desarrollo conjunto, la democracia y el pluralismo, y que la paz en la región solo podía alcanzarse mediante un proceso auténticamente democrático.

Un año después de Esquipulas I, los cinco mandatarios dieron vida el 7 de agosto de 1987, en Guatemala, a los Acuerdos Esquipulas II, para una paz firme y duradera en Centroamérica, fijando las bases para la reconciliación nacional en los países con conflictos armados mediante amnistías, cese de hostilidades, democratización, elecciones libres y el fin de la ayuda militar exterior.

También, convinieron que ningún territorio sería utilizado para agredir a otro y que continuarían las negociaciones sobre limitación de armas y atención a refugiados y desplazados.

Cuatro décadas después, el excanciller hondureño Carlos López Contreras lamenta que la integración siga siendo una asignatura pendiente y que el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA), creado en diciembre de 1991 en la XI Cumbre regional celebrada en Tegucigalpa, lleve varios años sin secretario general.

La falta de un secretario general

En entrevista telefónica con EFE, López Contreras recordó que luego de la firma de los Acuerdos Esquipulas II, la región fue avanzando con la incorporación de Belice, excolonia británica que se independizó en septiembre de 1981, y Panamá, durante la administración de Guillermo Endara.

"Individualmente ninguno de los países de la región tiene la capacidad de ubicarse en el mundo con un nivel de importancia que lo convierta en un interlocutor válido internacionalmente. En cambio, la suma de los siete países centroamericanos, sí constituyen un grupo de población, una zona de economía interesante y un bloque a considerar también desde el punto de vista político", subrayó el excanciller hondureño.

El crecimiento del Sica, del que también ahora es parte República Dominicana, contrastó con un Parlacen al que no se adhirió Costa Rica.

López Contreras expresó que en la medida en que las instituciones de los países centroamericanos no han funcionado adecuadamente, "tampoco han logrado la integración y el crecimiento de sus economías como era de esperar una vez que se lograra un mayor nivel de integración económica".

Del SICA, dijo que está al frente "una persona encargada, lo que le reduce la imagen y la institucionalidad ante los ojos de Europa, Japón, Estados Unidos y otras potencias".

"Esperamos que los países puedan llegar a un entendimiento y designar un secretario general del SICA, porque el proceso de integración que despertó tantas expectativas en sus comienzos en los años 60, hasta ahora, cuando se reconduce la integración a partir de 1991 en Tegucigalpa, ha caído en una situación de congelamiento", acotó.

Un legado fértil pero inconcluso

El nuevo proceso de la integración centroamericana llegó cuando en El Salvador la guerrilla llevaba seis años combatiendo contra la Fuerza Armada; en Guatemala los rebeldes sumaban dos décadas disparando sus fusiles, y en Nicaragua, donde los sandinistas llegaron al poder en 1979 por la vía de las armas, derrocando la dictadura de los Somoza, se libraba otro conflicto contra opositores conocidos como los 'contras'.

Honduras, que no tenía conflictos internos, prestaba de manera no oficial parte de sus territorios en los departamentos de El Paraíso y Olancho (este) a los 'contras', que fueron organizados, armados y financiados por Estados Unidos.

Además, Honduras albergaba entonces en el este del país a unos 30.000 refugiados nicaragüenses, y otros 45.000 salvadoreños en el oeste.

A lo largo de cuatro décadas, diversas voces han señalado que el legado de Esquipulas es "fértil pero inconcluso". Aunque la región dejó atrás los conflictos armados, persisten desafíos vinculados a la pobreza, la desigualdad, la exclusión social, la corrupción, el crimen organizado y el debilitamiento institucional.

Dirigentes y organismos regionales han llamado reiteradamente a recuperar el espíritu de Esquipulas para enfrentar estos retos mediante el diálogo político, la cohesión social y un desarrollo equitativo e incluyente. EFE

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