Cerca de las tropas en Gaza y ajenos al circuito humanitario: "La zona está abandonada"
Ahmad Awad
Yabalia (Franja de Gaza), 10 jun (EFE).- En medio de la expansión del control militar de Israel en Gaza, quienes viven en las inmediaciones del perímetro controlado por sus tropas no sólo están en riesgo de ser víctimas de sus disparos, también del abandono por parte de las autoridades y los organismos humanitarios que no les proveen de recursos dado el peligro que entraña acudir allí.
"Cada día y noche sufrimos escasez de agua. Aquí el agua cuesta dinero; hay que pagar para conseguirla. Escasez de comida, también. Además, sufrimos de insectos, ratas y roedores. Y los escombros y la destrucción a nuestro alrededor", explica Aya Zaid, de 22 años, desde una azotea en Yabalia (norte de Gaza) que se encuentra a apenas 500 metros de la línea amarilla, la marca hasta que la que se replegaron las tropas israelíes cuando comenzó la tregua hace ocho meses.
Desde allí se aprecia una inmensa extensión de escombros, seguida de un área rural en la que se atisban algunas banderas israelíes: el perímetro en el que Israel mantiene aún su presencia militar.
Abandono en el reparto de recursos
"Aquí viven aproximadamente 500 familias o más que no reciben ayuda. Toda la zona está completamente abandonada y marginada. No llega ningún tipo de apoyo, ninguna organización benéfica trabaja aquí", lamenta.
La Oficina de la ONU para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA) advirtió en un comunicado sobre Gaza que la persistente inseguridad en el enclave y las limitaciones de acceso están "frustrando algunas actividades humanitarias y comunitarias".
Los trabajadores de la organización denuncian además que siguen encontrando impedimentos para acceder a las áreas en las que tienen que coordinarse con las autoridades israelíes para movilizar a equipos humanitarios.
En total, los organismos humanitarios han de coordinarse con Israel para transitar en el torno al 64 % del enclave que el Ejército controla. Hacia el 53 % es el área militarizada, donde se concentran las tropas, entre la línea amarilla y la frontera entre Israel y Gaza.
El otro 11 % se corresponde con la línea naranja, otra marca que establecieron las fuerzas armadas a cientos de metros de la demarcación amarilla, penetrando en el área de Gaza controlada por Hamás. En ese 11 % Israel no está presente, pero también exige a los trabajadores humanitarios coordinarse con el Ejército.
Zaid y sus vecinos, como residentes en un área a la sombra de las tropas, viven allí donde el tránsito humanitario es demasiado peligroso.
"El agua es lo más importante, y la comida también, porque sabes lo difícil que es tener agua, comida y precios tan altos. La gente está pasando apuros económicos, no tienen ingresos. No pueden permitirse comprar comida todos los días", explica.
Por eso, decidió montar un servicio de comidas con el que prepara unos 250 platos diarios para sus vecinos. Consigue la financiación a través de donaciones por internet y ella misma recoge los ingredientes de un mercado local para después regresar en taxi a su barrio.
Cuando habla de la hambruna (el periodo a inicios de verano de 2025 en el que, después de que Israel no permitiera la entrada de alimentos a Gaza durante dos meses y medio, se dispararon los índices de desnutrición en Gaza), recuerda cómo preparaba raciones con lentejas o arroz.
Ahora, con un mayor flujo de ayuda humanitaria entrando a Gaza, busca recetas que diviertan a los niños: pasteles, hamburguesas con panes de colores, tortitas...
"Me gusta ofrecerles estas cosas que se están perdiendo, y realmente veo sus reacciones, la alegría evidente en sus rostros", relata sonriente.
Una de sus últimas ideas fue abrir una improvisada tienda de chucherías. Bajo un edificio completamente derrumbado por los bombardeos, aprovechó un muro quebrado (que formaba con el suelo una especie de tienda de campaña de hormigón) para colgar el cartel de su 'Candy Shop' ("Tienda de Dulces") y montar un quiosco.
"¿Por qué no crear algo en mitad de los escombros y la destrucción? Quería hacer cosas coloridas, como chocolates y, al mismo tiempo, darles regalos del Aíd (la Fiesta del Cordero) para animarlos y cambiarles el ánimo", continúa.
Durante el día, los niños se arremolinan ante la improvisada tienda, juegan en torno a ella en camas elásticas o pasean en burros entre el paisaje de destrucción en el que se enmarca.
Al atardecer cae el toque de queda que se impone en estas comunidades próximas a las tropas, que aumentan sus ataques por la noche: "A esa hora, el día se acabó para los humanos aquí, y empiezan los bombardeos, los tiroteos indiscriminados... La noche es aterradora. Sí, la guerra ha terminado, pero la noche es aterradora".EFE
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