China lleva la apertura comercial a la diplomacia climática de la COP31
Pekín, 4 nov (EFE).- China, uno de los líderes mundiales en vehículos eléctricos y renovables, llega a la COP31 de Antalya (Turquía) con el comercio como una de sus prioridades: defenderá el multilateralismo y un sistema comercial "abierto y eficiente" que facilite la circulación de sus tecnologías limpias, frenadas por aranceles y otras medidas.
El viceministro chino de Ecología y Medio Ambiente y jefe de la delegación del país asiático ante la COP31, Li Gao, defendió recientemente que las negociaciones aborden los obstáculos comerciales que, a juicio de Pekín, dificultan la transición energética.
Además de los "viejos problemas" de la insuficiente reducción de emisiones y del apoyo financiero de los países desarrollados, Li puso sobre la mesa los "nuevos desafíos del unilateralismo y proteccionismo", expandiendo así a la diplomacia climática el discurso de Pekín en otros frentes como el comercial y económico.
La transición verde y su negocio
En China, la electrificación forma parte clave de su 'camino verde' y el Gobierno planea darle aún más impulso: prevé que la electricidad suponga el 35 % del consumo final de energía en 2030, frente al 30 % de 2025.
Por ello, Li también expresó que la propuesta de la presidencia turca de la conferencia de elevar al 35 % la electrificación mundial para 2035 "coincide con las políticas chinas", aunque pidió tener en cuenta las diferencias entre países para alcanzar el "mayor consenso posible".
El gigante asiático no solo está consolidando en casa su posición como líder mundial en el desarrollo de tecnologías limpias, sino que también busca expandirlas al resto del mundo bajo un enfoque de bajos precios y respuesta al rápido aumento de la demanda.
Este sector fue responsable del 16 % del crecimiento neto de las exportaciones chinas en el primer semestre de 2026, y la energía limpia aportó un tercio del aumento del PIB en 2025, según un análisis de Carbon Brief, "lo que da al país un claro interés económico en el éxito de la transición energética global".
Sin embargo, su llegada también genera disrupciones: Washington y Bruselas sostienen que estos productos reciben subvenciones estatales injustas que amenazan a sus industrias incipientes, mientras Pekín denuncia los aranceles y las restricciones comerciales.
El camino del mayor emisor mundial
El país asiático encabeza el despliegue y fabricación de tecnologías bajas en carbono, pero también ostenta el título de mayor emisor mundial de dióxido de carbono (CO₂) desde mediados de la década de 2000, cuando superó a Estados Unidos.
El compromiso medioambiental que ha desarrollado desde entonces ya da resultados: en el primer semestre de 2026, el carbón supuso por primera vez menos del 50 % de la producción eléctrica, según datos de la Administración Nacional de Energía (NEA).
Un reciente análisis del Centro de Investigación sobre Energía y Aire Limpio (CREA) calcula que las exportaciones chinas de tecnologías de energía limpia de 2026 evitarán unos 450 millones de toneladas de CO₂ al año, casi el 2 % de las emisiones totales fuera del país.
Pese a estos avances, persisten desafíos como que el carbón siga siendo clave en su sistema eléctrico o su apuesta por diversificar y garantizar la seguridad de su estructura energética sin prescindir de los combustibles fósiles.
¿Líder verde?
Ante la salida anunciada por Estados Unidos de la Convención Marco de la ONU sobre el Cambio Climático, las miradas se han posado progresivamente en Pekín, aunque el país asiático no ha tomado inmediatamente el relevo.
Kate Logan, directora del centro sobre el clima en China y de diplomacia climática del Asia Society Policy Institute, sostuvo en Carbon Brief que China llegará defendiendo el multilateralismo, aunque es posible que se dé por satisfecho con una conferencia que "no depare grandes sobresaltos".
Logan apunta que a Pekín podría convenirle dejar que otros países en desarrollo empujen la agenda de financiación climática, mientras actúa como mediadora en la recta final de la negociación para proteger sus propios intereses.
Durante la COP30 de Belém (Brasil), China ya se unió a naciones emergentes para pedir que los países ricos tripliquen los fondos destinados a las medidas de adaptación climática, al tiempo que expresó su oposición a las medidas comerciales unilaterales. EFE
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