Cid y Escribano por la puerta grande de Alicante con completa corrida de Victoriano Martín
Andrés Verdeguer Taléns
Alicante, 24 jun (EFE).- El Cid y Manuel Escribano lograron dos triunfos distintos con una siempre interesante y completa corrida de Victorino Martín y abrieron la puerta grande. El alicantino José María Manzanares sacó nota en su particular examen con el encaste albaserrada ante sus paisanos.
Por los momentos vividos, Manuel Jesús 'El Cid' brindó a Luis Francisco Esplá el primero de la tarde. Dos carreras que se encontraron de forma recurrente con la de Victorino Martín. Historias vivas. El homenaje a Esplá, 50 años de alternativa, hilo conductor de esta Feria de Hogueras, también en el día de San Juan.
El Cid sigue en la brecha con 52 tacos en el carnet. Tuvo mérito, ciencia, gusto, sobria torería y buen toreo su faena a Medianejo. Simplón en los primeros tercios, apretó a Raúl Caricol a la salida del primer para de banderillas.
El Cid abrió caminos por la mano de siempre, la zurda. En una serie larga de naturales convenció la embestida. Alturas y sobre todo distancias para traerse al toro por los vuelos. Cuando lo tuvo metido, lo gozó en redondo, más pastueño. Por la diestra se abría de forma preclara y repetía. El Cid construyó todo en los medios y al natural volvió a sentirse. El cierre fue por abajo. La boca cerrada y el pinchazo de casi siempre y otra media estocada honda que bastó. Sabrosa y torera la ovación.
El triunfo no se le escapó a El Cid con el cuarto, Orador. Otra lección de torería. Convencido en las primeras embestidas que había sentido con el capote, el torero de Salteras, tras brindar al público, se fue a los medios, citó con la diestra y se puso a torear en redondo. La segunda serie ya se destacó por el mando y la firmeza. Los vuelos eran los que toreaban, engachaban y soltaban y El Cid ligó así, sin enmendarse, un magnífico de pecho.
Los naturales fueron de colocación perfecta y muleta muerta en la cara, valor y temple para tirar de los vuelos hasta exprimir por ahí toda su cadencia. Quedaba otra a derechas con su punto mágico por cómo empujó el muletazo y sacó un tranco más. El buen toreo y luego el arrebato del desplante desarmado y agarrado a los pitones. Cosas de otra época. Qué a gusto El Cid toda la tarde. Y al fin la estocada y dos merecidas orejas.
José María Manzanares cumplió de forma notable con el hondo Bolsico. No fue el Manzanares pegapasista de demasiados últimamentes, al revés: atendió al toro y sus cosas con criterio; buscó y encontró soluciones.
Si en la primera tanda pecó de redondearlo en exceso y amontonarse, a la segunda ya gobernó y respetó la línea recta de la embestida. Hubo sentido en el toreo que desarroĺló y plasmó. Bolsico hacía honor al hierro de Victorino: exigía suavidad, mando y lo hacía todo por abajo.
Las dos series al natural de Manzanares tuvieron poso. Muy despacio el toreo, con ajuste lo enganchó, y lo vació mejor. Cerró sobre la diestra con un gran pase de pecho, y se dejó toro para citar a recibir en la suerte suprema, muy despació, con categoría: toda la lidia había encajado. La espada la hundió hasta mano, incluso se le fue contraria. La oreja tenía peso.
Manzanares con el quinto estuvo más tensionado. Pese a que Hebreo fue el más terciado de la corrida, impuso respeto. Embistió con más intensidad y con la exigencia de que se le bajase la mano. Manzanares aceptó el reto, pero no acabó apoderarse de una embestida con nervio.
Las series por ambas manos fueron intensas. Una veces por abajo, otras lo remataba a media altura. Los de pecho por alto fueron a más en las apreturas, cada revolviéndose más presto el victorino. Y a la muerte llegó Hebreo con la cara alta, señal de que en el fragor de la lidia todas las piezas no terminaron de encajar. Ovación al esfuerzo de José María Manzanares.
Manuel Escribano pinchó el triunfo frente al tercero de la tarde, Matalunas 69, que fue premiado con la vuelta al ruedo. Bien el palco por premiar al toro pese a que el torero se fuese de vacio.
Escribano reunió en este toro a los dos Alicantes. A Esplá le brindó el tercio de banderillas y, tras poner la plaza en pie, brindó la faena a Josemari Manzanares.
Matalunas fue un toro agradecido al toreo. Pastueño y embistiendo a raletí cuando lo enganchaban por el mismo hocico y lo llevaban largo, larguísimo. De tan despacio que embestía por la mano diestra era hasta complicado pulsearlo. La zurda, con los vuelos más manejables, se embebía mejor en la muleta, siempre despacioso.
Cuando al final Escribano quiso rellenar la faena con un toreo más liviano, menos obligado, Matalunas se descompuso, la faena se pasó de rosca y vinieron las complicaciones, los avisos y los pinchazos.
El torero sevillano de Gerena en el sexto hizo el esfuerzo y encontró generosa recompensa con las dos orejas y la puerta grande. El Victorino Plazuelo tenía edad y sacó sentido ante los desajuste de Escribano. Cuando la embestida parecía dormida, facilona y sin intención, le trataron de aliviar por arriba y empezó a revolverse tobillero.
Quedaban los alardes, robar muletazos, pisar terrenos de cercanías y el ay de unos tendidos, que aguantaron metidos en la corrida hasta la estocada final. Buena señal.
FICHA DEL FESTEJO:
Seis toros de Victorino Martín, el tercero, Matalunas 69, premiado con la vuelta al ruedo. Bien presentados, nobles y encastados. El sexto, el único cinqueño, sacó sentido y complicaciones.
El Cid, de verde hoja y oro: pinchazo, aviso, y media estocada honda (ovación); estocada (dos orejas).
José María Manzanares, de burdeos y azabache: estocada contraria en la suerte de recibir (oreja); pinchazo y media estocada honda, aviso, y dos descabellos (palmas).
Manuel Escribano, de lila y oro: aviso, cuatro pinchazos, aviso y el toro se echa. (ovación); estocada trasera y caída (dos orejas).
Sexta de abono de la Feria de Hogueras de Alicante. Aforo: tres cuartos de entrada (7.947 espectadores).EFE
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