Cinco años del experimento económico talibán: más Estado, menos bienestar
Eduardo Echeverri López
Kabul/Nueva Delhi, 13 ago (EFE).- Cinco años después del retorno de los talibanes al poder, Afganistán ha evitado la quiebra que muchos anticipaban tras la retirada de la ayuda internacional y el aislamiento financiero, con un Estado más pequeño que ha logrado sostener la recaudación y el gasto pese al desplome de los recursos externos.
La economía creció un 4,8 % en 2025, según el Banco Mundial, impulsada también por el retorno masivo de afganos desde los países vecinos, pero no lo suficiente para absorber el aumento de población. El organismo calcula que el regreso de unos 3,7 millones de personas contribuyó a una caída del 5,6 % del PIB per cápita.
Afganistán produce así más que hace unos años mientras sus habitantes disponen, en promedio, de menos recursos, una paradoja que se refleja en los hogares, donde más del 80 % de las familias están endeudadas y una amplia mayoría no consigue cubrir necesidades básicas.
"Algunas familias llevan años sobreviviendo gracias a los préstamos, a la venta de sus muebles y enseres domésticos, y a las donaciones que reciben de otras personas, ya sean remesas o simplemente amigos de su entorno que tienen un poco más", explica a EFE Martine van Bijlert, investigadora del Afghanistan Analysts Network.
"La gente se ayuda mutuamente para superar esta situación. Es un sistema importante. Pero también está increíblemente agotado", añade.
Un Estado que recauda
El Gobierno talibán atribuye la precariedad económica a las restricciones bancarias, las sanciones y el aislamiento internacional, pero la distribución del gasto público muestra también las prioridades internas del régimen.
Casi la mitad del gasto público en lo que va de año se ha destinado a seguridad, mientras salud y protección social reciben conjuntamente menos del 10 %, según cifras del Banco Mundial. Solo en 2025 cerraron más de 400 centros sanitarios por falta de fondos.
"No cabe duda de que se ha alcanzado cierto grado de estabilidad económica en Afganistán, pero aún no se ha logrado la prosperidad económica, ya que el desempleo sigue siendo elevado y la ayuda internacional ha disminuido considerablemente", explicó a EFE Mohammad Hassan Haqyar, jefe de la oficina del viceprimer ministro para Asuntos Económicos.
La apuesta por las grandes obras
Ante la falta de inversión extranjera y la caída de la ayuda, los talibanes han apostado por grandes proyectos de infraestructura como el canal Qosh-Tepa, destinado a irrigar cientos de miles de hectáreas, y el gasoducto TAPI, concebido para transportar gas desde Turkmenistán hasta India a través de Afganistán y Pakistán.
Estas obras forman parte de una estrategia que busca aprovechar la ubicación del país como corredor entre Asia Central y del Sur, aumentar la producción agrícola y generar nuevas fuentes de ingresos sin depender del modelo de financiación exterior que sostuvo a la anterior república.
El coste de excluir a las mujeres
Las restricciones que mantienen a las mujeres fuera de buena parte del mercado laboral y de la educación superior reducen la fuerza de trabajo y la formación de profesionales en un país que ya sufre una grave escasez de capital humano.
El PNUD estima que la exclusión económica de las mujeres habrá restado unos 920 millones de dólares al PIB entre 2024 y 2026.
Aman Farahi, economista que trabajó para el Banco Mundial y el Ministerio de Finanzas afgano antes del retorno de los talibanes, advierte de que las grandes inversiones en infraestructura difícilmente compensarán ese deterioro si no se recupera también la inversión en educación.
"La preferencia por la educación islámica frente a la educación moderna tiene un impacto que se va acumulando año tras año. El número de mujeres médicas, el número de ingenieros y el número de personas con cualificación técnica real es cada vez menor", asegura.
Cinco años después, el experimento económico talibán ha demostrado que Afganistán puede mantener en funcionamiento al Estado con muchos menos recursos externos, pero no que ese Estado pueda generar por sí solo prosperidad para una población más numerosa, endeudada y con una parte creciente de su fuerza laboral excluida de la economía. EFE
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