Comer entre álbumes de sellos: la filatelia resiste en el pasaje más antiguo de París
Pol Lloberas Cardona
París, 24 jul (EFE).- Platos argentinos, chinos, indios, italianos, japoneses... viajar por todo el mundo es posible sin salir del pasaje cubierto de los Panoramas, el más antiguo de París, donde las 'trattorías' y los 'bistrós' alternan con antiguos locales de filatelia, dedicados al coleccionismo y la compraventa de sellos.
La sucesión de carteles resulta en una cacofonía visual, donde las anacrónicas ofertas de '70 sellos a granel' comparten espacio con los 'cafés de especialidad' y los 'matcha latte de fresa y chocolate'.
Si bien los franceses se envían casi la mitad de cartas menos que hace 10 años, los locales de filatelia de este pasaje que se cuentan con los dedos de una mano sobreviven atrayendo a quienes, frente a la modernidad, prefieren seguir viajando con cartas y postales.
Gilles Drapanski, comercial de edad avanzada, es uno de esos nostálgicos que, con un catálogo de sellos bajo el brazo, aún compara los precios de tienda en tienda, aunque ahora lo haga sorteando a turistas de todo el mundo y mesas de restaurantes.
"Puedo comprarme los sellos que no podía comprarme cuando era joven, porque me gustan los grabados. Todo lo relacionado con el diseño, la historia, la geografía... te permiten viajar sin coger el avión", opinó en declaraciones a EFE.
Catherine, que regenta el local 'Filatelia Marigny' en el pasaje de los Panoramas desde 1990, explicó que, para ella, los sellos son "una forma de abordar la historia que resulta mucho más lúdica que los libros".
"Se puede aprender mucho con un trocito de papel dentado. Hay mucho que decir; se puede dar todo un discurso sobre un sello, sea cual sea", agregó, a propósito de los muchos retratos, paisajes y obras de arte que decoran los sellos franceses.
Pese a la pasión que mueve a comerciantes como Catherine, los restaurantes se han multiplicado en la última década y "el ambiente ya no es el mismo" en el pasaje porque, antes, "la mayoría de gente que tenía una tienda vivía en el piso de arriba, por lo que era como un pueblo" en el centro de París.
"Soy una resistente nata y los marchantes de sellos también. Tratamos de resistir, pero pronto nos jubilaremos y, después de nosotros, seguramente esto también se convierta en un restaurante", lamentó.
El pasaje de los Panoramas se ha reinventado constantemente desde su construcción en 1799 -año en el que Napoleón Bonaparte alcanzó el poder-, cuando su principal atractivo eran las desaparecidas galerías panorámicas que le dieron su nombre.
Para preservar el coleccionismo, la marchante apuntó a la importancia del relevo generacional, prácticamente inexistente tanto entre vendedores como coleccionistas: "tengo un cliente de 54 años al que llaman 'el chico' en su club de filatelia", afirmó.
Catherine reivindicó los sellos como "una cultura fácil, lúdica y para todo el mundo", aunque señaló que muchos de sus clientes "coleccionan para alguien".
Una afición que ha movido millones
La filatelia aún reúne a aficionados de todo el mundo a lo largo de un centenar de federaciones: tan solo en Francia se cuentan cerca de 20.000 asociados en unas 450 organizaciones, así como algunas de las ventas de sellos más cotizados del mundo.
Es el caso del primer sello postal que se puso en circulación en Francia, en 1849; el 'franco bermellón', que muestra a la diosa romana de la agricultura, Ceres, representada en un rojo claro que poco después se cambió al carmesí.
Esta versión inicial, cuyos ejemplares originales se han ido perdiendo con el tiempo, se ha convertido en uno de los ejemplares más buscados por los coleccionistas, con un precio que a menudo supera los 20.000 euros en subastas y que ha llegado a venderse, en una tira de cuatro y condiciones óptimas de conservación, por casi un millón de euros.
Sin embargo, estas cifras siguen estando lejos de las alcanzadas por los sellos más caros del mundo, que son los primeros mil jamás impresos en las islas Mauricio, en 1847: tan solo se conservan 27 originales y uno de ellos se vendió por la cifra récord de 8 millones de euros en 2022.EFE
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