Agencias

Dolor e indignación en Ucrania tras el ataque ruso al centro humanitario de Komishuvaja

Dolor e indignación en Ucrania tras el ataque ruso al centro humanitario de Komishuvaja

Rostyslav Averchuk

Leópolis (Ucrania), 6 nov (EFE).- Los ucranianos expresan su dolor e indignación al llorar la muerte de al menos 53 personas en el ataque aéreo contra una escuela subterránea que servía de centro de ayuda humanitaria en la localidad de Komishuvaja, mientras continúan los ataques rusos contra zonas civiles a lo largo de la línea del frente.

"Tengo el corazón destrozado. Llevo varios días llorando. Es difícil asimilar que nadie pueda hacer nada para castigar a esos cabrones", dice a EFE Inna Popovich, de 37 años, natural de esta localidad situada en el sur de la región de Zaporiyia.

Una serie de bombas rusas que cayeron sobre la localidad, que tenía más de cinco mil habitantes antes de la invasión de 2022, mataron a decenas de personas que Popovich conocía personalmente, incluida su vecina Tetiana, que estaba distribuyendo ayuda en la escuela subterránea.

Un ataque devastador

Rusia ha intensificado desde principios de este años los ataques aéreos contra la localidad, situada a poco más de 10 kilómetros de la línea del frente.

Después de que algunas casas de su calle quedaran destruidas, la madre de Popovich huyó finalmente a una zona más segura en marzo. Unas 200 personas, entre ellas Tetiana, que había ayudado a la familia de Popovich en múltiples ocasiones, optaron por quedarse.

"Es difícil dejarlo todo y adentrarse en lo desconocido después de haber vivido allí toda la vida, haber construido sus hogares y haber cultivado la tierra. Tetiana se quedó y siguió ayudando a los demás", señala Popovich.

La mayoría de las víctimas aún no han sido identificadas y la búsqueda de cuerpos sin vida seguía en marcha el viernes, cuatro días después de que la mortífera serie de ataques matara también a Denis Konovalenko, un bombero de 44 años, así como a otro miembro del equipo de rescate y a cuatro policías que acudieron a prestar ayuda a los supervivientes.

"Esta no era la primera vez que los rusos lanzaban cínicos ataques repetidos, sabiendo que un equipo de rescate había llegado al lugar del primer impacto", declara a EFE Nasaria Stoliar, antigua compañera de clase y amiga de Konovalenko.

La esposa, el hijo y la hija de Konovalenko se vieron desplazados por la guerra desde la parte de la región ocupada por Rusia y buscaron refugio en el extranjero. Konovalenko se quedó en Ucrania y arriesgó su vida en múltiples ocasiones trabajando en los lugares de los impactos.

Stoliar afirma que echaba de menos a su familia, pero que seguía confiando en la victoria final, aun sabiendo que llevaría mucho tiempo.

"¡Te recuerdo sonriendo, con un hoyuelo en la mejilla, fuerte y bello! Me niego a aceptar que te has ido", escribió Stoliar en una publicación en sus redes sociales, mientras cientos de personas compartían también sus recuerdos y condolencias, decididas a que la memoria de los muertos no se pierda entre el creciente número de víctimas.

"Deseo profundamente que la gente conozca la historia de Denis, porque dejó una profunda huella en los corazones de sus amigos, compañeros y familiares. Incluso hombres maduros que han pasado por muchas penas están llorando por él", dice Stoliar a la EFE.

Esperanza de una reacción

El ataque contra Komishuvaja, llevado a cabo con bombas que en algunos casos pesaban hasta tres toneladas, figura entre los más mortíferos de la guerra, con unas 50 personas que siguen desaparecidas, además de las 53 víctimas confirmadas.

Ataques similares azotan a diario zonas civiles a lo largo de los 1.200 kilómetros de frente, mientras Rusia sigue utilizando bombas aéreas de gran calibre no solo contra trincheras, sino también contra ciudades y pueblos.

Ucrania sigue careciendo de suficientes defensas aéreas para interceptar los aviones que las lanzan desde decenas de kilómetros de distancia.

"Zaporiyia, en particular, parece un campo de tiro para ellos. Están matando deliberadamente al pueblo ucraniano, intentando quebrarnos con el dolor y la angustia de unas pérdidas terribles", afirma Stoliar, que se ha visto desplazada por la guerra hacia el oeste del país.

"Parece que ninguno de ellos cree que vaya a ser castigado por todo el horror que están causando en nuestra tierra", añade Popovich, al expresar su dolor por el hecho de que el mundo se limite a "mirar".

"Quiero que los países que pueden ayudar a Ucrania comprendan que estamos defendiendo el lugar donde nacimos nosotros y nuestros hijos. Defendemos lo que es nuestro y soñamos con volver a casa", afirma Stoliar. EFE

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