Dolor y rabia entre los familiares de las víctimas de la tragedia ferroviaria en España
Toledo, España, 30 Oct 2026 (AFP) -
Francisco José Barbero Liébana tenía 32 años, trabajaba en Madrid y viajaba hacia Andalucía para pasar unos días con sus padres. Pero la tragedia lo truncó todo y se convirtió en una de las 69 víctimas de la catástrofe ferroviaria de Urda.
"Estamos destrozados", describe con la mirada perdida su tío Cecilio, a la salida del centro para familiares habilitado en Toledo, la capital de la región de Castilla-La Mancha, en el corazón de España.
Ha venido hasta aquí con su hermana Marisa, la tía de Francisco José, que apenas puede contener las lágrimas tras sus gafas oscuras.
Desde que en la mañana del miércoles dos trenes de alta velocidad colisionaran a la altura del municipio manchego de Urda, esta familia había pasado largas horas sin noticias de Francisco José, como tantas otras.
El balance de la tragedia asciende por ahora a 69 muertos.
Las autoridades han recibido alrededor de 70 denuncias de desaparición, sin que se sepa cuántas de estas personas se corresponden con los cuerpos encontrados, que los forenses intentan identificar.
Dentro de este edificio del obispado de Toledo, los agentes de la Guardia Civil confirmaron a la familia de Francisco José la noticia que tanto temían desde hace dos días.
"El desenlace ha sido muy duro y muy triste", suspira Marisa, que afirma sentir "mucha impotencia".
"Estaba en la flor de su vida", asegura sobre su sobrino.
Su hermana, la madre del joven, está devastada: "Está con psicólogos, está con tratamiento y está fatal", explica Marisa, que se une a su hermano para realizar una petición: "Que esto no vuelva a pasar más".
- "Durísimo" -
La tragedia ferroviaria de Urda es ya la peor en las vías españolas desde 2013 y la segunda en menos de un año tras la de Adamuz, donde fallecieron 46 personas en enero.
Dos días después de este último accidente, a las familias de las víctimas -de las que solo 12 han sido formalmente identificadas hasta ahora- les embarga el dolor y el desamparo.
Javier Barrio ha perdido a su esposa, Carmen de Santana, quien realizaba su último viaje de trabajo a Sevilla antes de su cercana jubilación.
Aún no ha recibido confirmación oficial ni certificado de defunción, pero "las posibilidades" de hallarla con vida son "remotísimas", admite.
Cuenta que no ha parado "de llorar" desde hace dos días y siente rabia contra el "capitalismo con prisas".
"Tenemos que cambiar este mundo, tenemos que cambiarlo entre todos", pide.
Otras familias, con el rostro marcado por el dolor, la mirada perdida y llena de lágrimas, prefieren guardar silencio, abatidas por esta tragedia que ha vuelto a conmocionar a España. Algunos se abrazan, aún en estado de shock.
Ricardo, amigo de la familia de una de las víctimas cuya identidad no desea revelar, resume el calvario que están atravesando.
"Los padres, tres días esperando saber dónde está su hijo, y ahora está en una bolsa. Es durísimo", asegura.
- "Miedo" -
Desde el miércoles, los allegados encadenan noches en vela y horas interminables a la espera de cualquier llamada de las autoridades, que trabajan contrarreloj en un contexto político especialmente delicado a un mes de las elecciones generales anticipadas del 29 de noviembre.
Para Esther San Emeterio, que sigue sin noticias de su hermano Pepe, la espera es insoportable.
"Esa angustia en la que estamos viviendo, yo creo que ya está pasando a otro límite", denuncia. "Anoche me acosté súper frustrada, indignada, avergonzada de que nadie nos cuente nada", agrega.
Pero, además del dolor, este segundo drama ferroviario en apenas nueve meses abre también numerosos interrogantes, como subraya Cecilio.
"¿Quién se sube ahora en un tren? Ya vas con miedo", lanza recordando también la tragedia de Adamuz, ocurrida el 18 de enero.
A su juicio, esta nueva catástrofe en las vías españolas debe servir de revulsivo.
"En nueve meses han perdido muchas vidas, y esto yo pienso que debería hacer reflexionar a todos. A cada uno de la sociedad, a los políticos, de por qué esto ocurre en un siglo XXI", considera.
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RICARDO PLC