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Dos meses y medio después de la crisis migratoria de Ceuta las barriadas siguen al límite

Dos meses y medio después de la crisis migratoria de Ceuta las barriadas siguen al límite

Laura Rincón

Ceuta(España), 16 oct (EFE).- Han pasado dos meses y medio desde la entrada masiva de miles de personas a través del litoral ceutí desde Marruecos, pero la crisis migratoria dista mucho de haber terminado en la ciudad autónoma española situada en la costa africana.

Tras el desmantelamiento de los campamentos improvisados en las playas, el peso de la emergencia se ha trasladado de lleno a las barriadas periféricas de la ciudad como El Príncipe, donde vecinos y migrantes conviven en un escenario de desgaste continuo y recursos desbordados.

En las calles del barrio, el paisaje cotidiano sigue marcado por la presencia de cientos de personas que pernoctan al raso.

Los residentes han ido acotando de forma natural y tácita los espacios para mantener el orden en sus calles: los migrantes no ocupan cualquier lugar, sino zonas concretas en los márgenes de las calles, recostados sobre el asfalto, al lado de los coches aparcados o resguardados en callejones.

Allí despliegan las mantas y prendas que les facilita el vecindario para intentar pasar la noche.

Un impacto diario que no cesa

El día a día en la barriada refleja la parálisis de una situación que se prolonga en el tiempo. Durante la tarde y la noche, cuando decae la actividad en el centro de la ciudad, decenas de personas regresan a El Príncipe a buscar refugio.

Sin ingresos ni acceso a un techo estable, dependen de la caridad directa: piden algo de dinero o comida a las puertas de los comercios locales para poder subsistir.

"Esto es muy duro para todos", lamenta un vecino del barrio, quien admite que la situación ha terminado por generar ansiedad entre las familias de la zona.

"Una parte te da pena, porque ves a la gente pasando hambre y durmiendo en la calle, pero por otra parte necesitamos soluciones. El Príncipe y Ceuta no pueden seguir soportando esto en soledad".

Pese a que la convivencia se mantiene sin altercados graves, el malestar y la sensación de abandono institucional van en aumento.

El presidente de la asociación vecinal de la barriada, Ahmed Efen-Dal, calcula que aún podría haber unos dos mil migrantes en el barrio tras el cierre de otros asentamientos provisionales.

"No estamos cansados de ellos en sí, estamos cansados de la pena que nos da ver a la gente en estas condiciones y a niños deambulando por todos lados", señala Efen-dal.

Migrar por derechos y dignidad

Entre quienes duermen junto a las ruedas de los vehículos hay perfiles muy diversos que desmienten el cliché de la migración exclusivamente económica.

Es el caso de un comerciante marroquí llegado en los momentos de mayor presión fronteriza: en su país disponía de una vivienda de 120 metros cuadrados y un negocio propio de venta de ropa. Sin embargo, optó por cruzar a nado buscando un futuro distinto.

"En Marruecos ganaba más dinero del que voy a ganar aquí, pero no vine por dinero. Vine por la salud de mi familia y los derechos de mi hijo", explica sobre la acera donde guarda sus pocas pertenencias.

"Los vecinos del barrio son muy buenas personas, me han dado la manta para dormir, pero esto no es vida".

A más de 60 días del inicio de la crisis, las barriadas de la periferia de Ceuta continúan absorbiendo el impacto humano de una emergencia que no se ha resuelto, atrapadas entre la solidaridad de sus vecinos y la exigencia urgente de un plan de realojo y asistencia estatal. EFE

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