Eclipses totales de Sol: cinco curiosidades y aspectos fascinantes
Madrid, 10 ago (EFE).- Todo gran acontecimiento, como el eclipse solar total del 12 de agosto que afecta a gran parte de España, está rodeado de aspectos fascinantes y curiosidades. ¿Con qué artefactos se predecían en la antigüedad estos fenómenos astronómicos? ¿Qué te pierdes si no estás en una zona de totalidad? ¿Algún día dejará de haber eclipses?
El 'ordenador' que predecía eclipses hace 2.000 años
El mecanismo de Anticitera, construido en Grecia a mediados del siglo II antes de nuestra era, es la calculadora astronómica portátil más antigua que se conserva. Hecho de bronce, se usaba para predecir los eclipses, mantener un calendario preciso o calcular las fechas de seis certámenes de juegos griegos, como los de Olimpia.
Esta suerte de ordenador analógico fue recuperado del Egeo en 1900, entre los restos de un naufragio, y se conserva en 82 fragmentos. Hubo que esperar hasta este siglo para descifrar el funcionamiento del Mecanismo, del que se han hecho reproducciones.
El original estaría formado por una caja de madera de 33 centímetros de alto y 18 de ancho con dos círculos, uno para el zodiaco y otro para el calendario. Una manivela lateral ponía en funcionamiento una treintena de engranajes sobre diez ejes que accionan dos agujas (Sol y Luna) para fijar la posición de esos astros respecto a la Tierra cada día del año.
Conservado en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, el artilugio es, sin desdoro de Indiana Jones, el protagonista de la última entrega de la saga: "El dial del destino" (2023), en la que el arqueólogo más intrépido debe reunir las piezas del 'dial de Arquímedes', inspirado en el mecanismo de Anticitera.
¿Por qué 99,9 no es 100 %?
Las aproximaciones no son suficientes cuando se trata de un eclipse de Sol. Aunque siempre es un espectáculo fascinante, un simple 0,1 % marca una gran diferencia: la que hay entre parcial y total.
Solo si la Luna tapa todo el Sol aparece alrededor un halo blanquecino, que es su atmósfera exterior y se llama corona. Si el eclipse es parcial, incluso al 99,9 %, la parte aún visible de luz solar es miles de veces más brillante que la corona y no se ve.
Cuando el Sol hace fundido total a negro se produce una disminución muy brusca de la luz, como un atardecer muy tardío ya casi noche, acompañado de un descenso brusco de la temperatura y cambios en el viento.
Además, hay efectos que se producen justo antes de la totalidad y que están reservados para los eclipses al 100 %, como el anillo de diamante, causado por el último rayo de Sol, o las perlas de Baily, unos puntos que surgen en el borde de nuestro satélite por la luz que pasa entre las montañas lunares.
Larga noche astronómica
Aunque el 12 de agosto el protagonista es el eclipse, será una larga noche para los aficionados al cielo que vivan en el hemisferio norte, porque cuando caiga la oscuridad empezará uno de los fenómenos más esperados de cada verano, la lluvia de estrellas de las perseidas, que alcanzará su máximo de actividad.
En una noche de luna nueva, lo suficientemente oscura como para facilitar la observación, las estrella fugaces empezarán a cruzar el firmamento y este año será, según la web de la NASA, "una de las mejores lluvias de estrellas del hemisferio norte".
Eclipses totales, ¿fecha de caducidad?
"Vivimos en un período privilegiado de la historia del Sistema Solar". En el pasado muy remoto los eclipses totales eran aún más largos que los de hoy; pero nuestros descendientes, dentro de unos 600 millones de años, ya no podrán ver ninguno, explica a EFE el presidente de la Comisión española Científica del Trío de Eclipses y director Observatorio Astronómico Nacional, Rafael Bachiller.
La Luna se aleja actualmente de la Tierra a un ritmo medio de unos 3,8 centímetros por año, es "un movimiento lentísimo -la anchura de dos dedos cada año-, pero constante a escala astronómica" y, conforme aumenta la distancia, el disco lunar va apareciendo ligeramente más pequeño en nuestro cielo.
Así, llegará un momento en que, incluso cuando la Luna esté en el punto más cercano de su órbita (perigeo) y la Tierra en el más alejado del Sol (afelio), el diámetro aparente del disco lunar no bastará para ocultar completamente el solar. Entonces desaparecerán para siempre los eclipses totales de Sol y solo habrá anulares.
"Creo que es una idea que invita a reflexionar. Solemos pensar que los eclipses son fenómenos eternos", pero la coincidencia de que el Sol y la Luna presenten tamaños aparentes casi idénticos en nuestro cielo no responde a ninguna ley física; "es una casualidad geométrica muy extraordinaria". EFE
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