Agencias

El ascenso al Fuji, entre masas de turistas y planes de prohibir su escalada en invierno

El ascenso al Fuji, entre masas de turistas y planes de prohibir su escalada en invierno

Paula Gracia y Pilar Bernal Zamora

Tokio, 1 jul (EFE).- Desde las faldas hasta el pico, el monte Fuji atrae a miles de turistas y registra aglomeraciones incluso a 3.000 metros de altura en la temporada de ascenso, que comenzó este miércoles y concluirá en septiembre, en medio del debate en Japón sobre si prohibir su escalada el resto del año.

"No queremos que se produzcan desgracias como accidentes secundarios que afecten a los bomberos y a otras personas", afirmó el alcalde de la ciudad de Fujinomiya, Hidetada Sudo, en una rueda de prensa previa al inicio de la temporada de escalada, según recogió el diario Mainichi.

El alcalde de esta localidad, junto con otros de pueblos situados en las faldas del pico más alto de Japón, urgió a la prefectura de Shizuoka a prohibir definitivamente la escalada fuera de temporada, al alegar que es "extremadamente peligroso".

El último fallecimiento en la cumbre tuvo lugar precisamente el pasado diciembre, cuando un montañista japonés de 44 años de edad murió tras sufrir una caída mientras trataba de descender el monte Fuji.

Una cumbre masificada

Las autoridades fomentan el ascenso del pico más alto de Japón entre julio y principios de septiembre, cuando las condiciones climatológicas favorables hacen su escalada más segura que en invierno, y se ponen en marcha servicios como inodoros o puestos de primeros auxilios.

Pero la popularidad del monte Fuji en verano irrita a los montañeros más experimentados.

"Los refugios están abarrotados, la gente camina en filas de tres en tres. Eso ya no es montañismo, es simplemente caminar dentro de un circuito turístico organizado", lamentó a EFE el fotógrafo de montaña y escalador Takemi Suzuki, pese al establecimiento de aforos y tarifas.

Fuera de la temporada de escalada y debido a la ausencia de garantías de seguridad, las rutas quedan cerradas bajo el amparo de la ley de carreteras. La legislación contempla penas de prisión de hasta seis meses o multas de hasta 30.000 yenes (unos 160 euros), aunque se permite el ascenso a montañeros experimentados a condición de que presenten un plan detallado de la escalada a las autoridades locales.

Oposición al cierre fuera de temporada

Los crecientes llamamientos de los municipios cercanos a prohibir todo tipo de escalada provocaron, sin embargo, las críticas de Suzuki, que evita precisamente la temporada "oficial" por la masificación que vive el volcán.

El montañista criticó que el sector turístico se haya "inventado" el concepto de "periodo de cierre de la montaña", y el martes entregó una petición con más de 6.000 firmas en contra de la propuesta de las autoridades.

"A través de una regulación precisa se puede lograr este equilibrio. Se puede ceder el verano al turismo y mantener el resto del año disponible para los montañeros", sostuvo, sin tratar a los escaladores "prácticamente como delincuentes".

El monte Fuji se ha convertido en "un parque temático donde te regañan si te sales un centímetro del sendero establecido", constató el escalador, que trabajó como guía antes de la pandemia, cuando la montaña aún no protagonizaba tales aglomeraciones.

El problema, según Suzuki, empieza en la base. Una carretera permite "a cualquiera" llegar en coche hasta la quinta estación, a unos 2.300 metros, sin ninguna preparación física ni experiencia previa, algo que "distorsiona la realidad de lo que significa medirse con la naturaleza", afirmó.

El sobreturismo, un mal negocio

Yusuke Ishiguro, profesor asociado de Turismo en la Universidad de Hokkaido, explicó a EFE que el "problema de fondo" es que en Japón se entiende que el turismo tiene un crecimiento sin límite: más dinero, más demanda, más oportunidades de negocio. Pero en las zonas rurales, que no cuentan con estrategias en este ámbito, no hay recursos suficientes.

"Gestionar y diseñar la demanda turística es algo que estamos haciendo por primera vez", señaló el profesor, al hablar de un país que hasta hace unos años solo acostumbraba a "enviar a sus propios turistas al mundo" y no tanto a recibirlos. Y, mucho menos, a gestionarlos.

Ishiguro, también profesor invitado en el Centro Especializado en Turismo, Hostelería y Gastronomía de la Universidad de Barcelona (UB), aclaró que "no es solo un problema físico, sino también una cuestión de identidad y pensamiento político" dentro de una industria que, "como todas", tiene "un lado positivo y uno negativo".

"Siempre hay que dar más importancia a la calidad del turismo que a la cantidad", remarcó el experto, ante unas regulaciones prohibitivas planteadas en un caso que, según comentó, se caracteriza por ser un "conflicto sistémico" basado en una promoción de un turismo "sin ideas". EFE

yk-pagb-pbz/daa/jpd

(foto)(vídeo)