El Balón de Alsacia, donde el Tour empezó a escribir su leyenda
Luis Miguel Pascual
Chalon-sur-Saône (Francia), 16 jul (EFE).- El Balón de Alsacia se erige como la estrella de la décimo tercera etapa del Tour de Francia, el puerto en el que se empezó a escribir la leyenda de la carrera hace 121 años y que en esta edición tendrá un protagonismo especial.
Porque además de convertirse en el juez de la etapa entre Dole y Belfort, la más larga de la edición con 205,8 kilómetros, volverá a figurar en el menú de la segunda etapa de los Vosgos.
Un guiño a la historia de un puerto que abrió el camino a que el Tour se convirtiera en la carrera de esfuerzo, sacrificio y resistencia que es en la actualidad.
El Balón de Alsacia, con su cima situada a 1.173 metros sobre el nivel del mar, fue una apuesta personal de Henri Desgrange, el creador de la carrera, que buscaba insuflar aliento a su invento, jalonado de polémicas y que penaba a encontrar eco entre el público.
Su idea fue llevar al pelotón a una cima considerable, un reto de peso en un momento en el que las carreteras estaban aun empedradas y las bicicletas no tenían cambios y pesaban varios kilos.
Desgrange se dirigió a Alsacia, una región que en aquellos primeros años del siglo formaba parte de la Lorena, que desde la guerra franco-prusiana de 1870 pertenecía al imperio alemán.
Todo apuntaba a la locura y en el cara o cruz el Balón de Alsacia acabó por convertirse en una apuesta ganadora.
La leyenda de Pottier
La gesta que aquel primer año firmó en sus rampas el 11 de julio de 1905 el francés René Pottier, el primero en culminar en solitario un puerto en el Tour, dejó huella y marcó un rumbo por el que en 1910 llegarían los Pirineos y, posteriormente, los Alpes, llamados ambos a convertirse en el escenario tradicional del Tour.
Aquella primera etapa, entre Nancy y Besançon, tuvo tal éxito que la montaña ya nunca más faltó a la cita con la carrera francesa.
Pottier, que no ganó aquella edición, que recayó en Louis Trousselier, se impuso al año siguiente en una carrera que ya había conseguido un importante capital de apoyo popular.
En la décimo tercera etapa de esta edición el Balón de Alsacia se erige como un gigante en el medio de una jornada casi llana.
Su cima, situada a 30 kilómetros de la meta de Belfort, será decisiva para designar al ganador de la jornada, diseñada para una escapada entre los más aguerridos del pelotón, a menos que los candidatos a la general decidan mover sus peones.
Los primeros 150 kilómetros se desarrollan en la llanura, con el único factor de acoger el 'sprint' intermedio situado en el 137,8.
El Col des Croix, de tercera categoría, hace las veces de trampolín para el final explosivo. La carrera se eleva entonces para dejar en el pie del Balón de Alsacia y sus 8,9 kilómetros al 6,9 % de pendiente media, un puerto de ascenso constante, sin grandes rampas, con algunos puntos en el 7,5 %, pero sin ningún descanso.
En total, una etapa con un desnivel de 2.400 metros que precede a una segunda jornada en los Vosgos, esta vez con muchos más alicientes montañosos. La cimas que se abrieron paso gracias al Balón de Alsacia.
En la cima de este coloso de los Vosgos una placa recuerda a Pottier, el pionero de una forma de entender el Tour de Francia.
- Etapan 3: Dole - Belfort, 205,8 kilómetros
Salida: 13.20 horas (11.20 GMT)
Llegada prevista: 17.59 horas (15.59 GMT)
.Montaña:
Col des Croix (3a), a 48,4 de meta
Balón de Alsacia (1a, 8,9 km al 6,9 %), a 29,9. EFE
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