El BCE prefirió en abril esperar a tener más datos antes de subir los tipos de interés
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Fráncfort (Alemania), 28 may (EFE).- El Banco Central Europeo (BCE) prefirió en su reunión de finales de abril esperar a tener más información antes de subir los tipos de interés en la zona del euro, ahora en el 2 %, para frenar la inflación que ha desencadenado la guerra en Irán.
Así se desprende de las actas de esa reunión, que el BCE publicó este jueves.
"Todos los miembros estuvieron dispuestos a respaldar la decisión de mantener los tipos de interés con el argumento de que no existía una urgencia aguda para un aumento de las tasas de interés en la reunión actual", dicen las actas.
Varios miembros del BCE hubieran apoyado subir los tipos de interés a finales de abril
Pero varios miembros del Consejo de Gobierno dijeron que "no se hubieran opuesto a la subida de tipos en esa reunión si hubiera estado sobre la mesa".
El BCE ya muestra en las actas una postura más restrictiva, que varios de los miembros de su Consejo de Gobierno han reforzado desde entonces en declaraciones, entrevistas y discursos.
Por ello los mercados dan por seguro que el BCE subirá sus tipos de interés de forma moderada en junio.
A finales de abril el Consejo de Gobierno del BCE consideró de forma generalizada que "no había evidencias todavía de fuertes efectos de segunda ronda".
Estos efectos se producen cuando suben los precios de la energía y como consecuencia los de otros productos, los trabajadores piden subidas salariales y vuelven a subir más los precios.
El Consejo de Gobierno consideró a finales de abril que era demasiado pronto para establecer conclusiones sobre las implicaciones de la guerra en Irán para la política monetaria.
Tuvo claro que el conflicto va a durar más tiempo de lo que había esperado y por ello el impacto en los precios de la energía va a ser más persistente y sus repercusiones más amplias.
El BCE observó a finales de abril que la subida de los precios del petróleo va a incrementar la inflación general y ya ha debilitado el crecimiento.
Por ello reconoce la dificultad que crea para la política monetaria, porque subir los tipos de interés para frenar la inflación tendrá un efecto negativo en la economía.
"La combinación de precios de la energía elevados, indicadores de confianza más débiles y un enfriamiento del crecimiento dieron lugar a un complicado dilema de política monetaria", según las actas de la reunión de finales de abril.
"Mantener la estabilidad de precios puede necesitar una política monetaria más restrictiva para prevenir que las expectativas de inflación se desanclen, incluso, si esto exacerba el impacto negativo de la crisis en la economía", añade el documento.
La situación es diferente a 2022
El BCE considera que la situación actual es un "choque de oferta negativo clásico", diferente de lo que ocurrió en 2022, cuando la reapertura de la economía después de la pandemia aumentó la demanda y por ello subió la inflación.
Esta crisis de oferta se produce porque el encarecimiento de la energía reduce la capacidad productiva de la economía al elevar los costes de producción, mientras suben los precios de otros productos y servicios.
Pero aunque la situación es diferente a la de 2022, tras la invasión de Rusia a Ucrania, el BCE consideró a finales de abril que no es apropiado ignorar la subida de la inflación que ya se ha producido hasta ahora y que debía centrar la atención en determinar el momento más adecuado para subir el precio del dinero.
La inflación ha subido en abril en la zona del euro hasta el 3 % y se prevé que se acerque hasta el 4 % a finales de año.
El BCE tendrá en junio más información, incluidas sus nuevas proyecciones macroeconómicas de inflación y crecimiento.
En junio el BCE también dispondrá de indicadores iniciales de cómo reaccionan los salarios al aumento de la inflación. EFE
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