El expresidente Rumen Radev aspira a convertirse en el Viktor Orbán de Bulgaria
Varna (Bulgaria), 16 abr (EFE).- El expresidente búlgaro Rumen Radev, un antiguo general crítico con las élites políticas y con posiciones cercanas a Rusia, busca ahora ser primer ministro con un discurso anticorrupción con el que aspira a convertirse, según reconoció, en una versión búlgara del ultranacionalista húngaro Viktor Orbán.
Radev, de 62 años, llega a las elecciones anticipadas de este domingo como el favorito en las encuestas para ganar, tras haber dimitido en enero pasado como presidente, un año antes de concluir su segundo y último mandato presidencial.
Bulgaria celebra este domingo sus octavas elecciones legislativas desde 2021, marcadas por un hartazgo ciudadano que ha favorecido al exmilitar, impulsado por el rechazo a una clase política percibida como corrupta y por la frustración ante la falta de mejoras en el nivel de vida en el país más pobre de la Unión Europea (UE).
Su renuncia como jefe del Estado para concurrir a los comicios, según explicó, respondió a la necesidad de "escuchar a los ciudadanos" en un momento de profunda crisis política, marcada por protestas contra la corrupción y la inestabilidad institucional.
Antiguo comandante en jefe de las Fuerzas Aéreas, Radev inició su carrera militar en 1987, todavía bajo el régimen comunista, y se consolidó como uno de los militares más destacados del país.
Graduado en Bulgaria con honores y más tarde, cuando llegó la democracia, en Estados Unidos, donde fue el mejor estudiante extranjero en la Air Command and Staff College, construyó una reputación de gran profesional antes de dar el salto a la política.
En 2016 fue elegido presidente como candidato independiente con el respaldo del Partido Socialista, y en 2021 revalidó el cargo.
Durante sus años en la jefatura del Estado (2017-2026), Radev mantuvo una relación tensa con el líder populista conservador Boiko Borisov, el político más destacado del país en los últimos 15 años, a quien acusó de forma repetida de tolerar la corrupción.
Su enfrentamiento con los políticos tradicionales le granjeó apoyo popular, especialmente al respaldar varias protestas ciudadanas, entre ellas la movilización contra la corrupción y el encarecimiento que llevó el pasado diciembre a la caída del Gobierno de coalición liderado por el conservador Rosen Zhelyazkov.
Ahora, con un mensaje nacionalista centrado en la regeneración del Estado, la seguridad nacional y la rendición de cuentas, Radev aspira a capitalizar el descontento ciudadano.
Su objetivo declarado es "transformar Bulgaria", aunque sus críticos advierten que su estilo personalista y su planteamientos podrían deteriorar la democracia.
En este sentido, Radev no oculta su admiración por Orbán, a quien considera un modelo, aunque se le considera más pragmático y nunca ha puesto en duda la pertenencia del país a la UE.
En su campaña, se ha centrado en la lucha contra la inflación y en priorizar la economía "por encima de ideologías", defendiendo reabrir el diálogo con Rusia para aprovechar sus recursos energéticos, cuestionando el Pacto Verde europeo y mostrando una postura crítica con los principios liberales, incluidas las políticas hacia la minoría LGBTI.
En 2025 promovió, sin éxito, un referéndum sobre la adopción del euro en 2026, defendiendo que una decisión de ese calibre debía contar con un amplio consenso social, especialmente en un país donde una parte significativa de la población vive en riesgo de pobreza.
Su discurso combina ciertos elementos euroescépticos con una crítica frontal a las élites políticas y económicas, a las que acusa de beneficiarse del sistema en detrimento de la ciudadanía.
En este sentido, denuncia la influencia de figuras como el ex primer ministro Borisov y el empresario Delyan Peevski, a quienes responsabiliza de distorsionar la vida política del país.
En política exterior, Radev defiende una línea pragmática que combina la pertenencia a la Unión Europea y la OTAN con una postura crítica hacia las sanciones contra Rusia.
Aboga por mantener el diálogo con Moscú y se opone al envío de ayuda militar a Ucrania, argumentando que prolonga el conflicto.EFE
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