El inesperado rechazo de la ultraderecha tumba la reforma laboral del Gobierno portugués
Lisboa, 19 jun (EFE).- El inesperado voto en contra de la formación ultraderechista Chega, que estuvo negociando hasta última hora con el Gobierno, desencadenó este viernes el rechazo del Parlamento de Portugal de la propuesta de reforma de la ley laboral impulsada por el Ejecutivo del conservador Luís Montenegro.
La iniciativa legislativa, fuertemente contestada también por los sindicatos, que organizaron en su contra dos huelgas generales en el último medio año en el país, fue rechazada por los votos en contra de Chega, el Partido Socialista (PS), Livre, el Partido Comunista de Portugal (PCP), el Bloco de Esquerda, los animalistas del PAN y Juntos por el Pueblo (JPP).
Votaron a favor el oficialista Partido Social Demócrata (PSD, centroderecha), Iniciativa Liberal (IL) y los democristianos del CDS-PP.
El revés parlamentario se produjo después de que Ventura solicitara un receso de media hora antes de la votación sobre la admisión a trámite del proyecto, en un intento de alcanzar un acuerdo con el Gobierno que permitiera abrir la discusión parlamentaria de la reforma. Sin embargo, las negociaciones no fructificaron y la propuesta fue finalmente rechazada en el hemiciclo.
Al conocerse el resultado de la votación, los representantes de la izquierda y el público que asistía al debate se pusieron en pie para aplaudir la decisión de los legisladores que tumbaron el paquete de la reforma laboral, entre los cuales figuraban los parlamentarios ultraderechistas.
El alboroto fue tal que el presidente del Parlamento, José Pedro Aguiar-Branco, se vio obligado a llamar al orden a los presentes para proseguir con la votación de los otros proyectos presentados esta jornada.
Si hubiera salido adelante, la propuesta habría introducido un conjunto de cambios destinados, según el Ejecutivo, a flexibilizar el mercado laboral portugués. Entre las principales medidas figuraba la creación de un "banco de horas" mediante acuerdo entre trabajador y empleador para adaptar la jornada laboral a las necesidades de ambas partes, así como una mayor flexibilidad en los contratos temporales.
El Gobierno defendía además que el texto habría permitido volver a contratar temporalmente a jóvenes y desempleados de larga duración, dos colectivos que considera especialmente afectados por las rigideces del mercado de trabajo.
Las autoridades portuguesas justificaban la necesidad de la reforma al sostener que Portugal cuenta con la segunda legislación laboral más rígida entre los países de la OCDE. Según el Ejecutivo, esa situación repercute negativamente en el empleo juvenil, la productividad, la competitividad empresarial y la reducción de la brecha salarial entre hombres y mujeres.
Durante el debate parlamentario celebrado la víspera, la ministra de Trabajo, Maria do Rosário Palma Ramalho, defendió que el proyecto no suponía un recorte de los derechos laborales y aseguró que la iniciativa buscaba reforzarlos, pese a que el Gobierno no logró cerrar un acuerdo con los agentes sociales tras varios meses de negociaciones.
Los partidos de izquierda, en cambio, consideraban que la propuesta representaba un retroceso en materia laboral y alertaban de que habría favorecido una mayor precarización del empleo.
Los sindicatos también se movilizaron activamente contra el proyecto y convocaron dos huelgas generales en los últimos seis meses, las primeras de este alcance en Portugal en doce años. Las organizaciones sindicales sostenían que la reforma habría contribuido a desregular los horarios laborales, ampliar los contratos precarios, facilitar los despidos y debilitar los derechos relacionados con la maternidad y la paternidad.
Tras el rechazo registrado este viernes en la unicameral Asamblea de la República, el futuro de la iniciativa queda ahora en suspenso, después de que ni siquiera lograra superar el primer trámite parlamentario previsto para abrir su discusión formal. EFE
mf/cch/psh