El Louvre y la seguridad, un tema pendiente un año después del robo de joyas
París, Francia, 16 Oct 2026 (AFP) -
La seguridad en el Louvre sigue siendo una cuestión candente, un año después del espectacular robo de joyas en el museo más visitado del mundo, en un caso donde todavía hay varias incógnitas, sobre todo el paradero del botín.
Los ladrones lograron entrar el 19 de octubre de 2025 a una galería del museo gracias a una grúa, y en apenas ocho minutos a plena luz del día sustrajeron varias joyas de la Corona por un valor de unos de 100 millones de dólares.
El incidente, que dio la vuelta al mundo, puso en evidencia los fallos de seguridad de la pinacoteca, que el año pasado recibió nueve millones de visitantes, la gran mayoría extranjeros.
Los informes que siguieron al robo revelaron, entre otros desaciertos, que había pocas cámaras perimetrales y que se habían subestimado los riesgos de intrusión.
En el momento de los hechos, el Louvre sólo había utilizado 3 de los 83 millones de euros (92 millones de dólares) del programa de seguridad destinado a modernizar sus instalaciones. La institución habría preferido invertir en "operaciones visibles y atractivas" para ganar público en detrimento de la renovación de los edificios, según un tribunal francés.
Desde entonces, se llevaron a cabo una serie de intervenciones para aumentar el número de cámaras y proteger los accesos.
Pero para el presidente del museo, Christophe Leribault, es necesario un "gran plan" de renovación y transformación en profundidad.
"Las operaciones indispensables para asegurar el museo requieren obras en el edificio histórico y en las infraestructuras. No hay una solución 'superficial', fácil y milagrosa", afirma.
- Riesgo de cierre -
En su opinión, "si el Louvre no se repara, adapta y transforma, perderá categoría muy rápidamente y, a la larga, deberá cerrar sus puertas al público", advierte el responsable, nombrado en febrero.
Tras un año de investigación y la detención de cuatro sospechosos, las joyas sustraídas siguen sin aparecer, pese a las exhaustivas pesquisas en Francia y los intercambios con la policía de Bélgica, Italia y otros países.
Entre las ocho piezas del siglo XIX que se llevaron figura un collar de esmeraldas y diamantes que Napoleón I regaló a su esposa, la emperatriz María Luisa.
Según expertos consultados por AFP, habría más posibilidades de encontrar las joyas si los ladrones hubieran actuado solos y escondido el botín en algún lugar de la región parisina. Pero un amplio dispositivo de rastreo en casas y garajes de los sospechosos y sus familias, efectuado por un centenar de agentes, no ha dado ningún fruto.
Si la banda actuó bajo las órdenes de un líder con vínculos con el crimen organizado, la situación se complica, dicen los especialistas.
"El poder del crimen organizado no consiste solo en aportar la experiencia para cometer un delito, sino también en disponer de personas que se lleven los objetos y los vendan", señala Corrado Catesi, coordinador de la Unidad de Obras de Arte del organismo policial internacional Interpol.
- Despiece de las joyas -
Dos de los principales sospechosos detenidos confesaron que el grupo actuaba para un cabecilla quien, según ellos, habría conducido el montacargas.
Pese a estas declaraciones, los investigadores no creen realmente que exista este organizador, todavía no identificado, porque normalmente estos coordinadores no suelen estar en el terreno.
En la peor de las hipótesis, los ladrones consiguieron entregar las joyas para su despiece y pasaron a formar parte del lucrativo mercado clandestino de piedras preciosas.
"Una vez retallados, volver a entrar en el circuito legal de suministro para ser comprados por mayoristas o minoristas es bastante sencillo", admite Tobias Kormind, director general de 77 Diamonds, la mayor joyería de diamantes en línea de Europa.
"A menos que una piedra tenga inclusiones internas muy singulares, incluso los mejores laboratorios gemológicos, como el GIA, tendrían problemas para identificar como robado un diamante recién pulido", afirma.
El robo del Louvre, del que ya se anunció una película, es sin duda el más sonado de una serie de hurtos similares recientes en Francia, que han puesto de relieve las deficiencias en la seguridad de los museos galos.
A principios de octubre, la policía recuperó dos cuadros de Renoir que habían sido robados semanas antes en Cagnes-sur-Mer, en el sureste del país. Y en julio, unos ladrones sustrajeron varias piezas de joyería valoradas en más de 4,5 millones de euros (5,2 millones de dólares) en un museo del noreste.
bur-es/avl