El luto sin fin por los niños muertos en una escuela el primer día de la guerra en Irán
Minab, Irán, 25 Ago 2026 (AFP) -
Massoumeh Zakeri revive sin cesar su última noche con su hija de nueve años, muerta hace seis meses en una escuela del sur de Irán durante las primeras horas de los bombardeos israeloestadounidenses que desencadenaron la guerra en Oriente Medio.
Esa noche, su hija, Motahareh, hablaba con entusiasmo de las próximas vacaciones, de las bodas que se avecinaban, de su ropa. Poco antes del amanecer, durante el ayuno musulmán del Ramadán, comió y luego Zakeri la acostó.
"Nunca más la volví a ver", cuenta a la AFP su madre, de 44 años.
Esa mañana, Motahareh se despertó antes que sus padres y tomó el autobús hacia la escuela Shajareh Tayebeh de la ciudad de Minab.
Unas horas más tarde, comenzaron los ataques contra Irán y Zakeri recibió una llamada en la que le pedían que fuera a buscar a su hija.
No llegó a tiempo... y la escuela fue bombardeada.
Motahareh fue una de las 155 personas fallecidas -entre ellas 120 niños- en ese ataque, el más mortífero de la guerra según las autoridades iraníes.
- "Me derrumbé" -
Seis meses después, un equipo de la AFP logró un acceso excepcional al lugar donde se encontraba la escuela, rodeado de retratos de las jóvenes víctimas.
El edificio sigue en gran parte en ruinas, con las paredes derrumbadas y las aulas llenas de escombros.
Banderas iraníes ondean sobre los restos y por los altavoces se escuchan oraciones y cánticos patrióticos.
Los visitantes recorren el lugar, que las autoridades quieren preservar como un sitio de memoria. Aún continúan las búsquedas para encontrar los cuerpos de tres niños que siguen desaparecidos.
Zakeri confiesa que no quiso ver los restos de su hija, encontrados más tarde ese mismo día e identificados únicamente "por sus pulseras y aretes", por temor a borrar el último recuerdo feliz que tiene de ella.
"Era muy cariñosa, alegre y realmente llena de energía", lamenta.
El gobierno de Irán afirma que la escuela fue alcanzada por dos misiles estadounidenses.
Ni la Casa Blanca ni Israel han reivindicado el ataque, pero organizaciones de defensa de los derechos humanos, entre ellas Amnistía Internacional y Human Rights Watch, lo han atribuido a Washington.
El New York Times, basándose en funcionarios estadounidenses y fuentes cercanas a la investigación, ha señalado un error de puntería por parte del ejército estadounidense.
Yaghoub Yazdanpanah, de 34 años, se disponía ese día a ir a buscar a su hija de seis años, Fatemeh, tras recibir llamadas desesperadas de sus familiares.
Para entonces, los bombardeos ya habían azotado Teherán ese 28 de febrero y matado al entonces líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y a otros altos mandos de la república islámica.
Luego, sonó el teléfono de nuevo: la escuela acababa de ser alcanzada.
"No podía creerlo", recuerda Yazdanpanah, profesor de literatura persa.
Salió apresuradamente de su trabajo hacia el centro educativo, sobre el que se alzaban llamas y densas nubes de humo.
En el lugar, la escena era escalofriante: vio a hombres recogiendo trozos de carne humana. El cuerpo de una niña yacía bajo una losa de concreto.
"Me derrumbé", cuenta. El cadáver de su hija fue encontrado varias horas más tarde.
- "Ya no hay ninguna instalación militar" -
El pintor Javad Shahrjou buscó entre los escombros a su hijo de siete años, Alireza. Fue hallado tres días después.
"Estaba completamente carbonizado", asegura el hombre, quien afirma que va "todos los días" a la tumba que coronó con una foto del niño.
Otros padres afligidos rinden homenaje en el cementerio, no muy lejos de la escuela, donde se ha habilitado una sección especial para las víctimas del ataque.
Un chico vestido de negro, acompañado por un adulto, limpia la lápida de otro joven alumno.
Massoumeh Zakeri también acude regularmente al nicho donde reposan los restos de su hija, abrumada por un dolor que, según dice, le impide pensar en el futuro.
"No tenemos absolutamente ningún plan", confiesa.
Arash Tondro, un hombre de 45 años que perdió a un familiar de ocho años en el ataque, dice que aún le cuesta entender por qué esta institución fue blanco del ataque.
"El lugar donde estaba la escuela era una base militar hace unos 10 o 12 años", afirma en el cementerio. Hoy, precisa, "ya no hay ninguna instalación militar".
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