El mexicano Bruno Santamaria explora "la jaula que te impide salir del armario" en su film
Rosa Díaz
San Sebastián (España), 21 sep (EFE).- El realizador mexicano Bruno Santamaria Razo tardó "mucho en salir del armario", según reconoce en una entrevista con EFE, porque a su padre le diagnosticaron SIDA cuando él era niño y ese episodio de su vida le hizo pensar que la homosexualidad "era algo negativo".
Esa vivencia fue el germen de 'Seis meses en edificio rosa y azul', una pequeña joya cinematográfica que se proyectó este lunes en la sección Horizontes Latinos del Festival de Cine de San Sebastián, en el norte de España.
La película empieza con la madre real de Santamaria hablando a la cámara mientras es entrevistada por su hijo, pero enseguida salta a la ficción y unos actores en estado de gracia y sorprendentemente parecidos a las personas reales recrean lo que pasó más de treinta años atrás.
La historia transcurre en Ciudad de México, a principio de los años noventa, el día que Bruno cumple once años y se enamora de su mejor amigo, Vladimir. Esa noche su padre recibe un diagnóstico de VIH positivo.
La película tiene colores vivos porque el realizador lo recuerda así: "Mis padres se esforzaron en proteger a los niños del dolor con mucha festividad, mucha música y colores en las paredes".
Pero "el peso de la noticia transformó la vida familiar, salieron trapos sucios, aparecieron prejuicios" y "el mensaje homófobo" que llegaba "en anuncios informativos en televisión" o "en las clases de educación sexual" acabó calando en él.
"Ahora me doy cuenta de que tardé mucho en salir del armario, a pesar de que mis padres eran muy abiertos, pero es que el VIH marcó nuestra infancia", afirma.
"Ahora pareciera que las cosas han cambiado y la homosexualidad está más aceptada socialmente -continúa-, pero sigue habiendo presión para que te mantengas dentro de la norma. Los prejuicios se mueven de lugar, pero siguen ahí".
El largometraje explora los obstáculos que impone la sociedad a la diversidad sexual o de género y Santamaria concluye que "cuando te ponen una barrera clara, la rompes, pero si te indican el camino con suavidad es más fácil que te quedes en la jaula".
El niño protagonista se queda encerrado porque quienes lo animan a hacerlo son personas que quieren su bien, pero "la actitud de obediencia es peligrosa".
"Hay que ser más rebeldes, comunicarse más y no quedar paralizado ante la ola reaccionaria que viene", concluye el cineasta. EFE
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