El milagro español del Reykjavík: el club islandés de fútbol sala que jugará la Champions
Pablo Pérez Espino
Redacción deportes, 24 ago (EFE).- El KM Reykjavík, equipo islandés amateur de fútbol sala fundado y presidido por el español Joaquín Linares, jugará el próximo miércoles la ronda preliminar de la Liga de Campeones tras consumar su 'milagro' y hacer historia el pasado curso al proclamarse campeón de liga.
Entre el 26 y el 29 de agosto, deberá medirse en Armenia al Weilimdorf, campeón de la Bundesliga alemana, al Unisport armenio y al Tallinn estonio para intentar superar una fase de liguilla en la que solo se clasificará el primero de cada grupo.
La expedición, que viaja con quince jugadores, un entrenador principal, otro de porteros, un coordinador y un fisioterapeuta, todos ellos voluntarios, afronta un reto mayúsculo, ya que ningún club islandés consiguió puntuar en la competición europea.
"Todos los equipos islandeses que han jugado esta fase previa de la Champions han perdido todos los partidos. Si empatamos uno, haremos algo histórico", explica a EFE Linares.
Origen español: del FC Iberia a campeón de Islandia
La historia del KM Reykjavík se remonta a agosto de 2006, cuando el barcelonés Joaquín Linares llegó a Islandia con una beca para acabar sus estudios de Filología inglesa. Los terminó, encontró trabajo y también el amor, lo que le llevó a establecerse definitivamente en la capital del país.
"En esa época tenía mono de jugar al fútbol", comenta a EFE Linares, que inicialmente encontró un equipo para "echar pachangas" que al poco tiempo se disolvió. Entonces, decidió crear un club propio que bautizó como FC Iberia debido a sus integrantes, en su mayoría españoles.
Con los años, la idea evolucionó, la entidad abrió sus puertas e incorporó a extranjeros. Tomó el nombre de KM Reykjavik y construyó una estructura que hoy cuenta con varios equipos. Convertir al club en un espacio de integración le valió a Linares el galardón de 'Persona del año' que concede la federación islandesa.
A petición de un compañero portugués, en 2023 creó el equipo de fútbol sala, que al año siguiente debutó en liga. Contra todo pronóstico y con solo tres años de vida, el pasado mes de enero se proclamó campeón y obtuvo el billete para disputar la fase previa de la Champions representando a Islandia.
Sin apenas financiación
Desde el pasado mes de mayo, el equipo se prepara para su estreno en competición europea. Lo hacen a las diez de la noche en un municipio cercano que les cede gratuitamente las instalaciones tres días a la semana, con lo que evitan pagar alquiler.
Linares lamenta que, tras el sorteo de la UEFA, deberán viajar a Armenia, una mala combinación a nivel logístico para un club que apenas recibe financiación.
"Es el peor sitio que nos podía tocar. Tardamos 24 horas en ir y otras tantas en volver con una escala en medio de 15 horas. También es el destino más caro y recibimos muy poco apoyo financiero. Hacemos todo lo que se nos ocurre para sacar algo de dinero, pero hasta ahora los costes los he pagado yo a través de mi compañía", señala.
La razón de ser del KM Reykjavík es ejercer como factor de integración social en una isla en la que "se hace menos vida en la calle". De ahí la multiculturalidad de una plantilla que conforman, entre otros, varios portugueses, un chileno, un argentino, un par de españoles, un sirio, un letón, dos ucranianos, un japonés y tan solo un islandés.
Lejos de profesionalizarse, todos se ganan la vida fuera del fútbol, algunos como electricistas, otros como guías turísticos, pintores, trabajadores de fábricas de cerveza, de kebabs, de un matadero o de una embajada.
"Todo el mundo sabe que ni cobra ni va a cobrar nunca. Lo hacemos por amor al arte, no nos cuesta", afirma orgulloso Linares, que recuerda que la mayoría de ellos llegaron a Islandia sin conocer a nadie: "Creo que esa es la clave de nuestro éxito, que somos como una familia".
Una herramienta de integración
Tradicionalmente, el fútbol sala ha tenido poco seguimiento en Islandia. Por eso, otro de los motivos de satisfacción es haber construido comunidad. Por medio del área de asuntos sociales, el Ayuntamiento de Reikiavik ha propuesto a Linares crear una sección para niños refugiados dentro del club.
Según relata, el hecho de que Islandia sea un país nórdico y, además, una isla apartada, hace que la gente tenga un sentimiento nacionalista "muy fuerte" y muchas veces "llegan chicos con 8 o 9 años de países como Venezuela o Siria y les es muy difícil hacer amigos porque la islandesa es una sociedad muy cerrada".
Funcionar como herramienta de integración es uno de los objetivos del KM Reykjavík, que busca, igual que sucedió con sus jugadores, que el fútbol "permita a los jóvenes refugiados que llegan sin familia tener gente conocida".
Es la labor social de un club que, en lo estrictamente deportivo, mira "al detalle" para intentar tener una experiencia "lo más profesional posible".
"Podemos ganar o no, pero vamos con la mejor preparación posible", subraya Linares, que el próximo miércoles pasará de las pachangas a la Champions en una aventura que llevará al KM Reykjavík por primera vez fuera de Islandia. EFE
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