Guillermo Benavides
Pekín (China), 25 sep (EFE).- Mientras los robots deportivos atraen miradas al competir con personas, varias empresas chinas buscan clientes para máquinas que ayuden a los jugadores a entrenarse. Sus aparatos lanzan pelotas de tenis y tenis de mesa, intentan mantener un peloteo o pasan balones de baloncesto a quien practica sin compañero.
Las campañas de estos productos han reunido millones en financiación colectiva y algunos ya se utilizan en pistas, aunque todavía está por demostrar hasta qué punto pueden ejercer de 'entrenadores con IA'.
Del rival al compañero
Zhang Haibo, fundador de la firma de Shanghái PongBot, trabajó años atrás en un robot de tenis de mesa diseñado para enfrentarse a jugadores.
Cada unidad costaba más de 200.000 yuanes (unos 28.000 dólares), según contó en una entrevista con el medio tecnológico 36Kr. Al emprender su propio proyecto, decidió dirigirse a los aficionados que querían practicar. "Lo que los usuarios necesitan de verdad no es un rival robótico", explicó.
La compañía fabrica máquinas que lanzan pelotas y ajustan los ejercicios según la posición del jugador.
OneRobotics, otra compañía china, propone con Acemate un aparato móvil diseñado para recoger la pelota y devolverla.
Su competidora AceiiLab ha escogido otra solución. Su cofundador Chao Guang explicó que la máquina simula el ritmo del peloteo lanzando bolas desde distintas posiciones, porque recoger cada una puede encarecer el equipo y alterar la cadencia del ejercicio.
La apuesta empieza a salir de los deportes de raqueta. Lumistar, marca vinculada a una empresa de Shanghái que también opera mediante una sociedad estadounidense, promociona CARRY, un robot de baloncesto que, según el fabricante, utiliza cámaras para seguir al jugador y enviarle pases cuando este hace un gesto.
Millones para máquinas aún jóvenes
El interés comercial se aprecia en Kickstarter. La campaña de Aura, el nuevo aparato de PongBot para tenis, pádel y 'pickleball', cerró en julio con más de 4 millones de dólares estadounidenses al cambio comprometidos por 4.836 patrocinadores.
Acemate reunió 2,4 millones de dólares estadounidenses de 1.551 participantes, mientras que Aceii One obtuvo 820.000 dólares de 679. Las cantidades registradas por la plataforma no equivalen a ingresos definitivos ni indican cuántos robots se han entregado.
También hay inversión. PongBot anunció tres rondas de financiación por un total cercano a 200 millones de yuanes (unos 30 millones de dólares), de acuerdo con medios especializados.
Por su parte, OneRobotics afirma en un informe presentado a la Bolsa de Hong Kong que Acemate ya contribuyó a sus ingresos y que sus aparatos se han instalado en centros deportivos de varias ciudades chinas.
La sociedad no desglosa cuánto factura Acemate. Los 68,4 millones de yuanes (unos 10,2 millones de dólares) que atribuye a nuevas líneas de producto corresponden conjuntamente al robot deportivo, un humanoide doméstico y un robot de compañía. Por tanto, esa cifra no permite medir el negocio deportivo de OneRobotics.
La promesa del entrenador
Lanzar pelotas no es lo mismo que enseñar a jugar. En un documento bursátil, OneRobotics describe las cámaras de Acemate y su capacidad para seguir la trayectoria de la pelota y decidir cómo devolverla.
En cambio, presenta como un servicio futuro las recomendaciones personalizadas basadas en el análisis de los movimientos del jugador, que prevé ofrecer mediante suscripción.
Un entrenador de un club de tenis de mesa de Shanghái explicó al portal económico Yicai que allí cobraban unos 80 yuanes (unos 12 dólares) por hora por usar una máquina, frente a unos 150 yuanes (22,3 dólares) por practicar con una persona.
A los principiantes, sin embargo, les recomendaba acudir a un entrenador humano por su capacidad para adaptar las indicaciones a cada alumno. Son los precios y la experiencia de ese club, no una tarifa general del sector.
Las campañas y los primeros despliegues muestran que existe interés por estos aparatos. El siguiente paso para las empresas será entregar máquinas fiables a más compradores y demostrar que los datos que recogen ayudan a entrenar lo suficiente como para que jugadores y centros sigan pagando por ellas. EFE
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