En el aniversario de su guerra civil, el Líbano pide no caer en otra
Noemí Jabois
Beirut, 13 abr (EFE).- Al cumplirse este lunes 51 años del comienzo de la guerra civil libanesa (1975-1990), ex señores de la guerra reconvertidos a políticos y sus herederos piden no volver a caer en la violencia interna, mientras el país atraviesa una nueva invasión israelí en medio de tensiones latentes.
El 13 de abril de 1975, miembros de la milicia cristiana Kataeb mataron a un conductor de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que respondió atacando una iglesia en presencia del líder del partido, Pierre Gemayel, y dando comienzo sin saberlo a 15 años de conflicto en el Líbano.
Este lunes, Samy Gemayel, el actual presidente del partido maronita, alineado con Israel durante aquellas décadas, consideró que hace 51 años se vieron obligados a actuar por su cuenta ante el abandono de responsabilidades por parte del Estado libanés y su permisividad hacia las "milicias extranjeras".
Debilidad del Estado
"Después de 51 años, la historia no se debe repetir ni debemos repetir los errores del pasado", defendió Gemayel en su cuenta de X, al frente de una formación ahora puramente política.
"Hoy, más que nunca y a la luz de las decisiones audaces que están siendo tomadas, el Estado debe probar su presencia y su unidad. Reafirmar su capacidad para expandir su autoridad, restaurar su soberanía y liberar al Líbano de cualquier potencia extranjera interesada en usurpar su poder de decisión", agregó.
El político cristiano emitió estas declaraciones en medio de una nueva guerra entre Israel y el grupo chií Hizbulá, que durante años mantuvo una suerte de 'Estado dentro de un Estado' en sus principales zonas de influencia y al que el Estado libanés busca sustituir para restaurar el control oficial en ellas.
Su intención de desarmar a Hizbulá, aprobada el pasado verano, se ha vuelto más sólida después de que el movimiento lanzara un ataque contra Israel el pasado 2 de marzo en favor de su aliado Teherán, y desatara una cruenta ofensiva aérea y terrestre israelí contra el Líbano.
En este contexto, también Samir Geagea, líder de la formación cristiana Fuerzas Libanesas, alertó de que el principal enemigo de la paz civil es un Estado que no asume sus responsabilidades a la hora de encargarse de la seguridad del país sin "demoras".
Geagea, considerado el único ex señor de la guerra que cumplió condena por algunas de las atrocidades del conflicto, para ser exactos once años en régimen de aislamiento, pidió no caer en odas poéticas a la unidad nacional y centrarse en extraer "lecciones" de lo ocurrido hace medio siglo.
"La principal lección de este acontecimiento es que lo que nos condujo a la guerra de 1975 fue la dilación y la indecisión del Estado desde mediados de la década de 1960 (...) lo que puso a amplios sectores de la población libanesa en confrontación directa con grupos armados ilegales", dijo en un comunicado.
Milicias e Israel
Se refirió así de forma velada a la aceptación de la OLP en el Líbano, que en 1969 acabó renunciando al control de los campos de refugiados palestinos con el Acuerdo de El Cairo y otorgando a las milicias de esa comunidad el derecho a lanzar ataques contra Israel desde el territorio libanés.
En el marco de una guerra compleja con muchos enemigos cruzados, Israel lanzó precisamente en 1978 una primera invasión del sur del Líbano para forzar el repliegue de la OLP.
Otras cuatro invasiones después, el Líbano marca el aniversario de su guerra civil de nuevo bajo la ocupación de un Ejército israelí que trata de tomar el control de la franja más meridional del país, al tiempo que intenta sembrar la discordia entre el polarizado espectro de comunidades libanesas.
Hace una semana, mató a un responsable local de Fuerzas Libanesas en una zona cristiana y, apenas cuatro días más tarde, incluyó áreas capitalinas de mayoría suní en los objetivos de su mayor oleada de bombardeos en más de un mes de guerra, tumbando edificios enteros.
Ambos incidentes, acompañados de alegaciones sobre la expansión de Hizbulá a áreas no chiíes, fueron interpretados como intentos de incitar la violencia interna.
"Una contienda no comienza con las armas, comienza con una retórica inflamatoria, odio y rumores. En este momento difícil, cada discurso divisionista enciende el conflicto interno", alertó este lunes en su cuenta de X el líder del cristiano Frente Patriótico Libre, Gebran Bassil.
Heredero del partido de Michel Aoun, excomandante del Ejército clave durante el conflicto librado entre 1975 y 1990, Bassil concluyó: "En una guerra civil, todos pierden". EFE
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