En la Cuba golpeada por la crisis, el Mundial ofrece un breve respiro
La Habana, 14 Jun 2026 (AFP) -
"Necesitas ser feliz", proclama un grafiti en un edificio en ruinas en La Habana. Y durante casi dos horas, en el partido del Mundial de fútbol entre Marruecos y Brasil, los cubanos hicieron caso y dejaron a un lado sus preocupaciones.
La retransmisión de la Copa del Mundo por la televisión estatal de Cuba comenzó con dos días de retraso en esta isla caribeña de 9,6 millones de habitantes debido a un problema de pago de los derechos. El sábado, los habaneros pudieron por fin ver su primer partido en televisión.
En un pequeño café del densamente poblado barrio de Centro Habana, de casas adosadas de colores pastel con fachadas descascaradas y cuerdas de ropa tendidas en los balcones, unos hombres encaramados en taburetes seguían el sábado el duelo Marruecos-Brasil en una pequeña pantalla de televisión colgada de la pared.
Cuba está muy ligada a la práctica del béisbol, y su única participación en una Copa del Mundo se remonta a casi un siglo atrás, en 1938, cuando alcanzó los cuartos de final.
Pero la llegada de internet móvil hace casi diez años favoreció esta nueva pasión y el balón ya reina como amo y señor, sobre todo entre los niños.
Cuando la televisión estatal anunció, al día siguiente del pitazo inicial en México, que finalmente emitiría 16 partidos de la fase de grupos y luego la totalidad a partir de los dieciseisavos de final, el ambiente se distendió.
Ahora la electricidad debe cumplir con su parte: sometida desde hace más de cuatro meses a un bloqueo petrolero por parte de Estados Unidos y con una red eléctrica envejecida, Cuba sufre interminables cortes de luz.
Ismael Veranes, director de recursos humanos del Teatro Nacional de Cuba, se acercó al café para ver el partido porque lleva 20 horas sin electricidad en su casa, no muy lejos de allí.
Mientras apura un jugo de frutas, el único pequeño placer que se permite durante el partido debido a la crisis económica, asegura que el Mundial le permite despejar la mente en medio de un día a día de transportes caóticos y apagones interminables.
"Cuando uno vuelve del trabajo cansado, no tiene electricidad. Por la noche hace calor, hay mosquitos, es terrible", cuenta a la AFP este hombre de lealtades mixtas entre Les Bleus y la Canarinha.
- Nostalgia -
Una hora antes del partido, en una esquina cercana, Michael, un fan de Lionel Messi de nueve años, y su hermana Meiliuvis, de 10, gambeteaban con una tapita de botella bajo la mirada del Che Guevara, inmortalizado con su boina en la pared de una galería al otro lado de la calle.
Mientras que en el pasado los cubanos se criaban con el béisbol -Fidel Castro era conocido por batear para las multitudes-, desde la llegada de los teléfonos inteligentes en 2018, "los niños se inclinan más por el fútbol", explica Osmany, el padre de Michael.
Y aunque la crisis también se refleja en las canchas de fútbol "muy deterioradas" de la isla, el Mundial "nos permite distraernos durante un rato", dice sonriendo.
Muchos cubanos hablan con nostalgia de mundiales pasados, cuando la televisión estatal transmitía todos los partidos, y la comida y el combustible no eran tan escasos, salvo a principios de los años 1990, cuando se acabó la ayuda soviética.
Ahora, solo los bares con televisión por cable y cerveza cara pasan todos los encuentros, dejando a muchos fuera, literalmente, mirando desde la acera.
"No es lo mismo", afirma con tristeza Alan, de 36 años, de pie en la calle junto con dos amigos y una lata de cerveza en la mano.
Sin embargo, en Cuba, donde la crisis ha ahondado enormemente las desigualdades, algunos hinchas de fútbol son más iguales que otros.
En el arbolado barrio de clase media de El Vedado, en La Habana, las cervezas a un dólar la unidad corrían durante una fiesta para ver el partido en un centro cultural adornado con una bandera de Brasil y guirnaldas del Mundial.
Afuera, una fila de 4x4 da fe de la existencia de una pequeña élite a la que le va bien con salarios en dólares del creciente sector privado, incluso mientras otros cubanos hurgan en los contenedores de basura en busca de comida.
Pero incluso allí la crisis se hace sentir: la señal de televisión se congela periódicamente y provoca protestas de los aficionados.
Víctor Díaz, un biólogo de 24 años, celebra poder seguir el Mundial: Tener "algo para alivianar todas las cargas, las que estamos teniendo día a día, es increíble".
cb-jb/ad/lb