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Essaouira, la ciudad marroquí que baila al ritmo de la Música Gnaoua

Essaouira, la ciudad marroquí que baila al ritmo de la Música Gnaoua

Mohamed Siali

Essaouira (Marruecos), 27 jun (EFE).- La ciudad atlántica marroquí de Essaouira concluye este sábado su festival de la Música Gnaoua, que convirtió la localidad en el epicentro de este arte, atrayendo a una multitud que cuadruplicó su población y transformó las calles en una fiesta continua animada por más de 500 músicos.

El festival, que alcanzó su 27ª edición y reunió a músicos y aficionados marroquíes y extranjeros, repartió su actividad entre dos principales tarimas, la plaza central y el paseo marítimo, donde los asistentes disfrutaron la fusión de la Música Gnaoua con ritmos del jazz, el gospel, el rock o la música afrobrasileña.

Además de las dos plataformas, hay varios otros escenarios improvisados instalados en rincones de la Medina. Estas actuaciones informales animaron patios, azoteas y zocos, donde el público, sin distinción de edad ni origen, se entregó al baile.

Carlinhos Brown cantando gnaoua

La programación ha incluido entre sus actuaciones principales la colaboración entre el marroquí Hamid el Kasri y el brasileño Carlinhos Brown para cerrar este sábado la 27ª edición, así como el concierto conjunto del bajista camerunés Richard Bona y la cantante marroquí Asma Lmnawar, que animó la ciudad la noche de este viernes.

La atmósfera fue de celebración popular. Turistas bailando desde los balcones de sus alojamientos, DJ que mezclaban ritmos desde ventanas abiertas y transeúntes que se sumaban a las improvisadas pistas callejeras.

El festival ofrece así un escaparate a la llamada música 'negra' marroquí, un género nacido entre los esclavos llegados al país hace cinco siglos y definido por los sonidos de las castañuelas de metal y del guembri, un laúd tradicional de tres cuerdas.

Según explicó a EFE la fundadora y presidenta del festival, Neila Tazi, la ciudad de apenas 80.000 habitantes cuadruplica su población durante el evento, y la mayoría de asistentes son jóvenes procedentes de todas las regiones de Marruecos, de la diáspora marroquí y de otros países.

Esta diversidad convierte al encuentro, según la presidenta, en "una cita cultural y humana única".

En cuanto a la programación artística, Tazi recalcó el carácter particular del festival, volcado en las fusiones y en encuentros "inéditos" entre tradiciones y músicas contemporáneas de diferentes partes del mundo. Como ejemplo citó la apertura que reunió la Música Gnaoua y la Danza Intore de Ruanda, que se llama también la 'Danza de los Héroes'.

La Danza Intore fue inscrita en 2024 en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO, mientras que la Música Gnaoua fue reconocida en 2019.

Un epicentro de 'maâlems'

La 27ª edición dio continuidad a dos programas académicos vinculados al festival: una colaboración con el Berklee College of Music de Boston, que por tercer año consecutivo impulsa la formación musical de alto nivel en Marruecos, y otra con la Universidad Mohamed VI Politécnica orientado a las transiciones culturales y al diálogo entre patrimonio, arte contemporáneo y música.

Durante los tres días que duró el festival, Berklee College of Music, prestigiosa universidad de música de Estados Unidos, organizó talleres intensivos para jóvenes músicos de distintas nacionalidades.

En el festival asistieron más de 43 'maâlems' (maestros) gnaoua de diferentes ciudades del país y compartieron escenario con artistas procedentes de India, Líbano, Senegal, Camerún, Estados Unidos, Palestina, Ruanda, Etiopía, Francia y Mali.

"Cada año viene casi la mitad de los 'maâlems' de Marruecos y que representan la diversidad regional y generacional del patrimonio", dijo Tazi, que también subrayó la aparición de figuras femeninas marroquíes pioneras dentro del género, como Asma el Hamzaoui de Casablanca.

Según los organizadores, el festival contribuyó en el desarrollo urbano y turístico de Essaouira: "Hubo un antes y un después; el festival ha incentivado inversiones y proyectos turísticos y la ciudad se ha convertido en un gran destino".

Los visitantes llenaron hoteles y riads, mientras que otros, ante la saturación, prefirieron dormir en sus vehículos. Al caer la noche, terrazas y restaurantes principales estuvieron colmados, con largas colas de personas esperando para entrar.

El festival se celebra bajo el patronazgo del rey Mohamed VI y con el apoyo directo de su consejero André Azoulay, miembro de la comunidad judía marroquí de Essaouira, con el objetivo de dotar a esa ciudad de una identidad propia, enriquecida por el arte y la convivencia humana. EFE

ms/av

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