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Euforia, música y charanga en Colón, que no falla en su cita con la selección española

Euforia, música y charanga en Colón, que no falla en su cita con la selección española

Madrid, 14 jul (EFE).- Miles de aficionados españoles no fallaron y acudieron este martes a su cita en la Plaza de Colón de Madrid para seguir en directo el pase a la final Mundial de España, que se impuso por 0-2 a Francia y desató una auténtica fiesta con música, congas y charanga que se repetirá el próximo domingo en una jornada que será histórica para el fútbol español.

Con la ilusión intacta y buscando con la vista el Estadio de Dallas a través del pantallón dispuesto junto a la 'Julia' de Jaume Plensa, esa escultura que otea impasible la confluencia del Paseo de la Castellana con el de Recoletos, la Plaza de Colón de Madrid congregó este martes a multitud de aficionados que no se dejaron intimidar por el calor y se echaron a la calle para animar a España en su intento de meterse, por segunda vez en su historia, en la final de un Mundial.

Al ritmo de la música, la charanga y entre cánticos de "yo soy español", la marea rojigualda fue copando el que se ha convertido, desde la Eurocopa de 2008, en un lugar de encuentro emblemático para el conocido jugador número 12. Los más jóvenes, que todavía no estaban en el mundo cuando España bordó su primera estrella en Sudáfrica 2010, jaleaban uno a uno, en corro y visiblemente emocionados, el nombre de los jugadores alineados por Luis de la Fuente para enfrentar a Francia en las semifinales.

Al filo de las nueve de la noche, cuando a 8.000 kilómetros el colegiado salvadoreño Iván Barton inauguró el choque con el primer toque de silbato, Colón experimentó su primera gran explosión de júbilo tras encender las gargantas y ponerlas a funcionar entonando al unísono el mítico 'lo, lo, lo, lo' del himno. Superado el éxtasis inicial, el vendaval festivo, sostenido durante las tres horas previas, amainó levemente y la tensión de las grandes citas se apoderó por completo del ambiente.

La primera gran pitada del evento se la llevó Kylian Mbappé en el momento en el que la realización mostró su imagen; la primera gran ovación, segundos más tarde, fue para Lamine Yamal. Entre 'olés' sobrevenidos y murmullos nerviosos, la parroquia española vio discurrir el primer cuarto de hora de eliminatoria sin más sobresalto ni incidente que la poca de producción ofensiva de su equipo.

Se protestó cada falta recibida y se pidió, a veces con razón y otras sin ella, mayor castigo para los infractores franceses. Fue lo que sucedió cuando, dentro de su área, Lucas Digne lanzó a la cintura de Lamine una patada que arrancó el grito unánime de la plaza. Desde los once metros, Mikel Oyarzabal mandó guardar la pelota y en Colón las cervezas y los sombreros volaron al cielo en mitad de un gran abrazo de euforia colectiva.

Se adelantaba 'la Roja', que no estaba por la labor de regalarle a Francia el broche ideal para las festividades del 14 de julio: un billete para la final. Y así, entre pitos, bocinas y vivas a España, llegó el descanso, que en Colón sirvió para bajar revoluciones, dejar correr el aire, llenar los vasos vacíos e hincarle el diente al bocadillo.

Tras el intermedio y con la voluntad de quien sabe que tiene la mitad del trabajo hecho, España retornó al verde, se midió de tú a tú con conjunto de Didier Deschamps y, sin amilanarse ante la amenaza de su potencial ofensivo, protagonizó un par de despliegues en ataque que conectaron a la hinchada presente en Colón de nuevo con el encuentro.

Fue el preludio perfecto para la marea roja, que no vio venir -tampoco la selección gala- la pared con Dani Olmo hizo magia para que Porro entrase, como Pedro por su casa, hasta el corazón del área de Mike Maignan para hacer el segundo, disipar la inquietud, si es que en algún momento la hubo, y poner a bailar, con las banderas al viento, a toda la Plaza de Colón.

No había terminado de celebrar el gol del lateral español cuando Lamine Yamal hizo el tercero, que fue invalidado por fuera de juego. Colón, venido arriba ante los buenos minutos de los suyos, ovacionó la marcha de Fabián y de Olmo y dejó escapar algún abucheo cuando las pantallas enfocaron al actor estadounidense Timothée Chalamet enfundado con la casaca de la selección francesa.

La doble intervención de Unai Simón, con excursión fuera del área incluida, en el minuto 81 fue celebrada como un gol más. Poco después, los cánticos de "Porro, Porro" tomaron la plaza cuando De la Fuente le sustituyó para dar entrada a Marcos Llorente. En contra de lo que se podía esperar, la parroquia española apenas sufrió y se guardó su mejor celebración para el final.

Con el pitido que clausuró el partido y aseguró a España una plaza para luchar por su segundo Mundial, llegaron las carreras, las congas e, incluso, hubo quienes echaron cuerpo a tierra para imitar el popular 'Viking Row', el remo que tan de moda ha puesto la selección de Noruega. Luego, cada cual puso rumbo a su casa con el pensamiento puesto en el próximo domingo, no sin antes poner el grito de nuevo en el cielo con el icónico 'lo, lo, lo' del himno. EFE

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