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Europeos reclaman mejoras educativas, aunque sin la virulencia de los disturbios franceses

Europeos reclaman mejoras educativas, aunque sin la virulencia de los disturbios franceses

Redacción Internacional, 7 oct (EFE).- La virulencia de las protestas estudiantiles en Francia no tiene eco en los países europeos, aunque en varios de ellos sí hay conflictividad y movilizaciones en estas primeras semanas de curso escolar.

Los recortes en educación, tanto en docentes como en medios y materiales, están detrás de las protestas en diferentes países, aunque por el momento se escapan algunos, como Reino Unido, Italia o Suiza.

El caliente otoño francés

La educación francesa arrastra un malestar profundo que se ha ido acumulando durante años. Los profesores denuncian pérdida de poder adquisitivo y unas condiciones de trabajo cada vez más difíciles, hasta el punto de que la profesión ha perdido atractivo y faltan docentes para cubrir las bajas.

Alumnos y profesores denuncian aulas masificadas, jornadas excesivas y centros deteriorados y mal preparados para afrontar frío o calor.

Las reformas educativas han añadido otra fuente de tensión, en particular por lo que se refiere a 'Parcoursup', el sistema de acceso a la universidad, cuestionado por su opacidad y por favorecer, según sus críticos, a los estudiantes de entornos más favorecidos.

Reivindicar sin violencia

Finlandia, país que presume de tener uno de los mejores sistemas educativos del mundo, ha vivido en los últimos tiempos protestas y paros tanto por parte de los estudiantes como del profesorado, aunque no se han producido episodios violentos.

Los estudiantes de educación secundaria y superior organizaron varias protestas contra los recortes millonarios en educación aprobados por el actual Gobierno de derechas para equilibrar las cuentas públicas, mientras que el Sindicato de la Educación de Finlandia convocó una oleada de huelgas entre abril y septiembre para exigir mejores condiciones laborales.

El país nórdico sufre además escasez de personal docente, sobre todo en la educación preescolar y primaria, que está tratando de paliar contratando profesores de otros países europeos, entre ellos España.

En la enseñanza de Polonia, los focos de conflictividad los protagoniza el profesorado con sus demandas salariales, pues hace años que piden vincular los salarios base a la media nacional de ingresos, lo que ha provocado manifestaciones sindicales frente a la Cancillería del primer ministro en Varsovia.

Los docentes polacos han denunciado públicamente que sus sueldos netos rondan los 975 euros mensuales, una cifra, por ejemplo, inferior a los 1.300 de una cajera de supermercado sin experiencia y que, además de ser baja, da lugar a una sensación de desvalorización profesional.

En Rumanía, estudiantes y profesores han organizado numerosas protestas durante el último año en contra de los recortes aplicados desde 2025 para reducir el déficit estatal, el más alto de la UE.

Los sindicatos estudiantiles denuncian una reducción de más del 50 % de los fondos para becas, así como recortes en las ayudas para desplazarse en tren, lo que afecta a los estudiantes con menos recursos en el país más pobre de la UE.

En Grecia, la federación de profesores de secundaria ha convocado hasta el 30 de octubre paros diarios de una hora contra las horas extras obligatorias y de tres horas contra la aplicación de una evaluación a los docentes

Además, los docentes llevan meses protestando en Grecia para reclamar mejoras salariales y laborales, en un sector donde tanto los profesores de primaria como los de secundaria cobran de media unos 1.200 euros netos mensuales.

Mientras, en Bélgica se han reavivado las protestas de docentes y alumnos de educación secundaria en los últimos días, unas movilizaciones que se registran desde mayo debido a las reformas y a los recortes en el sector, con los que el Gobierno central y los regionales aspiran a subsanar su alto endeudamiento.

Los estudiantes belgas rechazan los planes y propuestas gubernamentales para elevar hasta un 35 % las tasas universitarias y de enseñanza superior o la reducción de fondos destinados al funcionamiento de centros escolares públicos -que afecta a comedores y actividades complementarias-, mientras que los docentes se oponen al incremento de la carga lectiva sin compensación salarial, entre otras medidas.

En Portugal hay protestas, pero de baja intensidad, debido a los bajos salarios de los profesores y errores en las correcciones digitales de exámenes.

Cuando la protesta va más allá de lo educativo

Las movilizaciones de estudiantes más recientes en Alemania, como la del 25 de septiembre pasado, a la que se sumaron 45.000 alumnos en más de cien ciudades, tuvieron como objetivo protestar contra el reconocimiento médico obligatorio de jóvenes en edad militar, una posible reintroducción del servicio militar obligatorio si el modelo basado en la voluntariedad no es suficiente, y los recortes en el ámbito social y educativo mientras aumenta el gasto en armamento.

Los docentes alemanes, por su parte, dieron en una reciente encuesta un dato relevante, ya que el 48 por ciento de ellos opina que en su centro educativo se debería hacer más por la educación para la democracia.

En Serbia, la movilización universitaria tiene una dinámica propia y su alcance político supera las reivindicaciones educativas. En las próximas elecciones legislativas, este 25 de octubre, una lista formada por estudiantes y profesores lidera las encuestas y puede acabar con el dominio político de más de una década del presidente nacionalpopulista Aleksandar Vucic.

El movimiento estudiantil surgió tras el derrumbe de un voladizo de la estación de Novi Sad, en noviembre de 2024, que causó 16 muertos, y que atribuye a la corrupción en las contratas públicas.

Las protestas comenzaron exigiendo responsabilidades judiciales y acabar con la corrupción, pero tiempo después demandaron la dimisión de Vucic y su Gobierno. EFE

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