Agencias

Hasan Piker, el 'streamer' que la política de EE.UU. usa como saco de boxeo

Hasan Piker, el 'streamer' que la política de EE.UU. usa como saco de boxeo

Alejandra Arredondo

Austin, 27 oct (EFE).- Al 'streamer' Hasan Piker le llueven golpes de los dos partidos. El domingo, el presidente Donald Trump lo llamó "agitador comunista" durante un mitin en Michigan. Semanas antes, el líder de los demócratas en la Cámara de Representantes, Hakeem Jeffries, lo acusó de lanzar comentarios "antisemitas".

Con 35 años y más de tres millones de seguidores en Twitch, una plataforma de transmisiones en directo, este creador de contenido político se ha convertido en un saco de boxeo para republicanos y demócratas moderados de cara a las elecciones de medio mandato.

Se define como "un tipo normal" en una videollamada con EFE desde su estudio en California, decorado para Halloween con telarañas y calabazas con los rostros de Trump, del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, y del magnate Elon Musk.

"Soy un comentarista político, tengo una comunidad grande y nos movilizamos por las causas que nos importan", señala. Se considera parte de un movimiento que lleva una década construyéndose: el del socialismo estadounidense.

Entre seis y ocho horas casi diarias, comenta noticias y videos y responde a un vertiginoso chat. La conversación salta de los memes a la política exterior, entre insultos y lecciones sobre socialismo.

Sus espectadores, describe, son estadounidenses jóvenes, mayoritariamente hombres blancos, con estudios universitarios o afiliación sindical, frustrados porque el futuro que esperaban no coincide con la realidad. "Intento despertar su conciencia de clase", asegura.

"El sueño americano era una técnica de marketing"

Él también vivió esa desilusión. Nació en Estados Unidos, pero creció en Turquía, fascinado con las promesas de "libertad y prosperidad" del país. Al mudarse a Estados Unidos encontró pobreza y dificultades laborales, y concluyó "que quizá el sueño americano era una técnica de marketing".

Comenzó en The Young Turks, el medio progresista cofundado por su tío, Cenk Uygur. Buscando mayor control editorial, terminó dedicándose a Twitch, donde quería irrumpir en un espacio dominado, sostiene, por voces de extrema derecha.

"Soy muy vulgar. Soy ruidoso", dice. Ese estilo explica tanto su éxito como parte del rechazo, reconoce.

Su audiencia atrajo a líderes progresistas como Bernie Sanders y Alexandria Ocasio-Cortez, invitados a sus transmisiones, mientras los demócratas buscaban conectar con hombres jóvenes.

Sus apoyos a candidatos lo convirtieron en arma electoral: el exgobernador de Nueva York Andrew Cuomo usó sus declaraciones contra Zohran Mamdani en la campaña por la alcaldía.

Trump ha señalado sus apariciones con Abdul El-Sayed, candidato demócrata al Senado por Michigan, que acabó distanciándose del 'streamer'. Hasta septiembre, grupos republicanos habían gastado casi tres millones de dólares en anuncios contra el aspirante por esa relación, según AdImpact.

Pese a su exposición mediática, en junio un 66 % de los adultos estadounidenses no sabía qué opinión dar sobre él, según The Economist/YouGov. Un 12 % tenía una imagen favorable y un 22 %, desfavorable.

Jim Kessler, cofundador del centro de estudios demócrata moderado Third Way, lo describió en Newsweek como "un extremista bocazas que fomenta el odio".

Sus críticos se centran en comentarios pasados, como cuando dijo que EE.UU. merecía el 11S, por lo que pidió perdón, ataques contra Israel o una diatriba sobre "matar" a los caseros. Esta última, explica, fue una broma con un amigo propietario de viviendas. "Ojalá no hubiera dicho nada", admite.

Reconoce que a veces busca provocar, pero cree que lo que incomoda es su visión del mundo: defiende la sanidad universal y la vivienda asequible, prestaciones normales en otros países y "propuestas comunistas radicales" en el suyo.

"No importa qué forma de gobierno haya en Cuba"

Su antiimperialismo también guía sus posiciones sobre Cuba, cuyo deterioro atribuye a EE.UU. En marzo participó en el convoy Nuestra América, que llevó ayuda humanitaria a la isla y que opositores y miembros de la diáspora cubana tildaron de "turismo ideológico".

"Creo que, en última instancia, no importa qué forma de gobierno haya en Cuba. Lo que importa es de dónde proviene la mayor parte de la violencia económica, y es de nosotros", sostiene.

Recibe decenas de amenazas de muerte diarias, asegura, y el asesinato del influencer conservador Charlie Kirk, con quien iba a debatir dos semanas después, dio otra dimensión a los mensajes de odio.

"No puedo dejar que eso afecte a lo que hago", dice. "Si alguna vez sucumbo a esos miedos, no podré defender de manera competente las causas en las que creo", zanja. EFE

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